Un par de tipos entran en el bar y se acomodan en la esquina de la barra. Yo estoy leyendo tranquilamente el MARCA, un poco aburrido ya del Mourinho y con ganas de que la Roja gane el mundial. Levanto la vista cuando el más alto de los dos le pregunta a Toño si conoce a un tal Hilario.
Si has leído lo anterior comprenderás que el Hilario nos resulta a veces tan incómodo como un grano en el culo, pero al fin y al cabo el grano y el culo es nuestro, y no estamos dispuestos a enseñárselo a cualquier desconocido que aparezca por el barrio. Supuse que el Toño le diría simplemente que no, que no conocía a ningún Hilario, pero olvidaba que eran las ocho de la tarde y que ya había empezado la fase gin-tonic.
Si has leído lo anterior comprenderás que el Hilario nos resulta a veces tan incómodo como un grano en el culo, pero al fin y al cabo el grano y el culo es nuestro, y no estamos dispuestos a enseñárselo a cualquier desconocido que aparezca por el barrio. Supuse que el Toño le diría simplemente que no, que no conocía a ningún Hilario, pero olvidaba que eran las ocho de la tarde y que ya había empezado la fase gin-tonic.
Con total seriedad el Toño le pregunta si Hilario con hache o Hilario sin hache. Los tipos se miran perplejos y al unísono le dicen que con hache, que Hilario se escribe con hache pero el Toño les dice que eso será en su país (los dos tienen acento extranjero), que aquí se puede escribir con hache o sin hache, igual que Helena o Elena.
Suele ocurrir en los bares que de pronto surgen tendencias pedagógicas en los clientes por lo que el más bajo de los desconocidos explica que no es lo mismo, que hasta dónde él sabe Hilario sólo admite la forma con hache, que deriva del término latino Hilaris, que viene a ser sonrriente o alegre, y que desde siempre ha sido con hache. Toño lleva toda la vida detrás de una barra y sabe escuchar, pero sobre todo sabe callar por lo que cuando el desconocido ilustrado termina su disertación vuelve a llenar su vaso de ginebra con un poco de tónica, me pone una cerveza y nos ofrece tabaco a los tres.
Yo ya sé que me va a meter en la conversación y después de la primera calada me pregunta si mi tío-abuelo, el que murió en América, no se llamaba Hilario sin hache. Yo le digo que sí, que es verdad, que el tío Hilario escribía su nombre sin hache pero que como decía mi abuela, su hermano menor era vago incluso para escribir.
Mientras doy un trago a la cerveza uno de los hombres me pregunta que en qué país estuvo mi pariente. Toño comprende que hay que ponerles otra ronda a los curiosos mientras que yo les digo que mi tío-abuelo estuvo treinta años en su país. En México? Me responden. Efectivamente, les digo, mientras me pregunto qué demonios querrán dos mejicanos trajeados de Hilario.
