Mentres tanto, esperaremos con calma e tranquilidade a que escampe.
Mentres tanto, esperaremos con calma e tranquilidade a que escampe.
Hay días en los que la vida parece comenzar a andar. Nos levantamos despacio y perezosas, pero con buen pie, y a medida que pasan las horas las cosas no hacen más que mejorar. Pensamos que hay algo distinto en el ambiente y en las gentes, pero en realidad somos nosotras que tenemos conectado el detector del buen rollo.
Todo nos parece bien y aún diré más, todo nos parece mejor, y después de muchos días en los que parecíamos inmóviles y varados en la orilla sombría de nuestra vida comenzamos a sentir que todo vuelve a ponerse en marcha. La primavera, dirán algunos, pero verdadera primavera para la humana gente es la fuerza y la voluntad que llevamos dentro. Lo decía el poeta hace más de cien años, el fuego interior todo lo abrasa y por eso hay veces en las que se nos activa un no se qué en las entrañas y nos sentimos capaces de todo, y de lo demás.
Y pasa la tarde entre actividades y recados, y la noche nos sorprende con ganas de seguir caminando, pero llenos de sonrisas y de buenas experiencias y aunque el día sea casi igual a otro día cualquiera, sentimos que algo se ha movido, que de algún modo hemos conseguido ver un poco más allá y comprendemos, ahora si, que la vida es un ir y venir constante, que pasa a veces veloz y vacía y que el truco, la única razón de existir, es disfrutar de cada momento como si fuese el último.
Y lo último que hacemos en esos días en los que la vida comienza a andar es acostarnos con una sonrisa en los labios y con la certeza de que al final nos ha quedado un día chulo.
He dudado mucho si escribir sobre los libros que no me gustan, que no me convencen o que simplemente son malos, ya sea porque están mal escritos o porque la trama o los personajes no están logrados.
En este canal (perdón, influencia de los influencers de twich y de Youtube), en este blog tenemos ya cierto nivel de veteranía en esto de las lecturas y los libros y conocemos perfectamente la diferencia entre la literatura y el negocio editorial. Obviamente, a veces están relacionados, e incluso hay algunas editoriales en las coinciden los dos conceptos, pero la verdad es que no siempre van unidos. Ya hablaré en otro lugar sobre este tema.
Lo que quiero comentar ahora es que tenía dudas sobre si debía compartir con vosotras aquellas lecturas que por algún motivo no me han resultado satisfactorias. Una historia que no se sostiene, personajes no logrados, estilo simple y sin encanto. A veces ni siquiera podemos explicar el motivo por el que una novela no llega a conmovernos, o no cumple las expectativas creadas.
El caso es que decidí hablar de esos libros, pero sin nombrarlos. Ni el título ni a la autora o autor. Quizá alguna lectora pueda reconocerlos por algún detalle, alguna referencia argumental o un personaje que resulta familiar. Sé, como todos sabemos, que puedo expresar mi opinión sobre lo que leo, sobre todo si se trata de obras literarias a las que les dediqué unas cuantas horas de mi limitado (y cada vez más escaso) tiempo. Pero también sé que la persona que escribe un libro, cualquier tipo de libro, le dedica mucho tiempo, mucho esfuerzo y a veces muchas renunciar para contar algo que siente que tiene la necesidad de contar, aunque a veces no fuese en absoluto necesario para el resto de la humanidad.
Dicho esto, contaré que la primera novela innecesaria de este año es una novela negra que pretende seguir el ya manido formato de pareja de policías con una relación que fluctúa entre el compañerismo y el amor mientras investigan un caso. Creo que se trata de una saga de la que ya hay alguna novela anterior y a la que seguramente seguirán otras. Son numerosas las referencias a acontecimientos ocurridos en el pasado, y la relación entre la dupla de protagonista parece que va a avanzar pero no avanza. Típico, por otra parte, de las series americanas de crimen y investigación.
El resto de la novela responde a los esquemas típicos de este tipo de literatura. Un jefe común, algunos colaboradores, antiguos conocidos que hacen un favor porque deben favores anteriores a alguno de los protagonistas, el asesino (o asesinos) acaba siendo el que sospechamos desde el principio y que es amigo de la policía y las inevitables pinceladas sobre la vida diaria de los investigadores, y de la ciudad entera.
Obviamente, no critico el formato ni el uso de los recursos típicos del género. Al fin y al cabo, si lees una novela negra esperas encontrarte algo así, pero en este caso en la novela parece faltar algo, algunas cosas suceden con demasiada rapidez mientras que otras llegan a resultar cansinas y repetitivas; algunos hilos argumentales no son nada creíbles y no tienen lógica y los personajes no llegan a tener profundidad, resultando más atractivo algún personaje secundario que los principales; lo que hace el asesino resulta extraño y a veces confuso, como si no estuviese clara de todo su personalidad.
En definitiva, la primera novela innecesaria del año parece aún un borrador poco trabajado. Supongo que había prisa para mantener el ritmo de publicación de la editorial, o tal vez vaya a adaptarse al cine o servir de argumento para alguna serie.
Y aún así puede que le dea otra oportunidad y lea alguna de las novelas anteriores y así poder escribir una reseña y poder anexar una fotografía de la portada, que mola cantidad!
Los minutos, cuando salen agradables, son como las pepitas de chocolate en las magdalenas que hace S. Pequeñas cosquillas en las papilas gustativas que nos hacen saborear con deleite y seguir comiendo con la esperanza de que nos toque otra. Pero nunca sabemos cuando va a salir otra. A veces hay que esperar a empezar otra magdalena pero otras veces podemos encontrar dos o tres pepitas en la misma.
Y lo mismo ocurre con los minutos. Hay instantes con tal intensidad y fuerza que hacen que esa hora, y a veces incluso ese día hayan valido la pena. Los minutos que dura algún parto; los fuegos artificiales un día de fiesta; la primera vez que vamos al cine (o tomamos una cerveza) con esa persona tan especial; su expresión de felicidad la primera vez que consiguen dar una voltereta en el arnés; revisar el listado de aprobados y comprobar que tu nombre aparece; que te digan que los análisis dan perfecto y de lo chungo no ha quedado ni rastro; un mensaje en el que te dicen que no te han olvidado, a pesar del tiempo y de la distancia; acabar por fin esa maldita novela...
Son momentos de felicidad que no duran mucho, pero que van sembrando nuestros días de pequeñas semillas que mañana serán recuerdos agradables, algunos compartidos, otros quedarán como algo íntimo y personal. Ese agradable lugar de la memoria al que a veces regresaremos para confirmar que todo ha valido la pena, incluso los grises días de rutina en los que no ha pasado nada.
Hai horas que pasan sen decatarnos e horas que desexamos que rematen e non dan rematado. Hai horas que deberan caer no esquecemento e horas máxicas que quixeramos gardar por sempre na memoria. Horas de risas, horas de choros, horas que por moito que fagamos non conseguimos saber a onde marcharon.
Nunha hora pode dar tempo a facer moitas cousas, sobre todo cando somos máis cativos e o tempo parece alooongarse como se fose goma de sucre. Unha hora é eterna cando agardamos para ver á persoa amada, e unha insignificancia cando estamos con ela. Unha hora é algo incómodo e ás veces moi estresante se estamos tumbados na cadeira da dentista, pero pode ser pura alegría tumbados na area cando xa vai baixando o sol e a praia vai quedando pouco a pouco baleira.
Eu non son moito de saber aproveitar as horas mortas, e sen embargo téñolle moito cariño a esta hora que vai desaparecer. Agora que comezaba a saír o sol polas mañáns volveremos a ter algo de escuridade. Durará pouco, é certo, pois a primavera está xa desbocada e vaino invadindo todo, pero sempre prefiro o cambio do outono, cando debemos atrasar as agullas e así gañamos unha hora máis para facer o que máis nos pete.
Por certo, que tamén é neste día no que debemos apagar as luces. Xa escribín disto fai moitos anos, pero convén recordar que debemos reducir o consumo todos os días.
Se nos caen los días.
Llega una edad, y unas circunstancias, en las que vamos caminando por el mundo con la sensación de que se nos caen los días de los bolsillos. Amanece el lunes y pensamos que tenemos por delante otra semana para ganarnos el pan y la alegría, a media mañana del martes llaman del instituto diciendo que últimamente la criatura parece algo despistada. Esperando a que salga del comedor nos damos cuenta de que ya es miércoles, y comemos a toda prisa para llegar a tiempo a inglés, que ya es jueves y no sabemos lo que comeremos el viernes. El sábado decidimos que debemos planificar la semana para tener todo un poco más organizado y el domingo, a eso de las cinco, nos preguntamos donde estará la semana.
Y así van cayendo los meses, y ya estamos en la última semana de marzo y en breve acabará el curso, verano, conciliación, la gente con la que no has quedado, el deporte que no has practicado y llega la navidad.
Se nos caen los días, aunque a veces da la sensación de que somos nosotros mismos los que los tiramos, los que dejamos que el tiempo nos atrape y que la pereza, o la rutina, o el cansancio nos envuelva en su telaraña de apatía y desesperación.
Pero hay tantas cosas que atender, tantos pequeños detalles a tener en cuenta que los días acaban siendo una repetición de tardanzas y prisas, de decisiones intrascendentes y cotidianas que hay que tomar y de cansancios acumulados de los que ya no podemos recuperarnos.
Y sin embargo los más veteranos del lugar no paran de repetirnos que debemos aprovechar esta época, que pasa pronto y cuando se vayan de casa pasarán días sin que sepamos de ellos. Y nosotros querer queremos aprovechar los días, pero pasan tan rápido que casi siempre parecemos estar perdidos.