Ya que estás aquí...
Bienvenido a Mar de Beaufort.
domingo, 5 de febrero de 2023
Restos
sábado, 4 de febrero de 2023
viernes, 3 de febrero de 2023
La pereza de los viernes.
No sabía si era un fallo en su cableado interno o le pasaba a todo el mundo, pero desde que sonaba el clic del despertador tenía que dejar pasar unos minutos antes de poder pensar en algo. Su mente era al principio una maraña de pensamientos confusos, retazos de sueños incoherentes y la extraña sensación de tener algo que hacer pero no recordar de que se trataba.
Comenzaba estirando las piernas, comprobando que su cuerpo seguía funcionando, sin atreverse aún a abrir los ojos, sin poder siquiera pensar en levantarse. Sabía que eran solamente unos minutos, que una vez consiguiese ponerse en pie todo iría mejor, se sentiría plenamente enchufado y con ganas de hacer cosos, pero esa pereza inicial levantaba un muro terrible entre ella y el día. Era lo único que la diferenciaba del resto de sus compañeras, capaces todas de levantarse al segundo de escuchar la maldita alarma que anunciaba un nuevo día.
Y los viernes eran el peor día, aunque esto, analizado con detenimiento, resultase totalmente ilógico. Dentro de unas horas estaría en su área de trabajo y no quedaría ni rastro de esta falta de voluntad, de esta relajación infinita. Sabía que a sus compañeros, hombres y mujeres, les encantaban los viernes, que las conversaciones eran más animadas que cualquier otro día, planeando el fin de semana, hablando de sitios a los que ir a tomar algo o de lugares que visitar para aprovechar los días de sol que estaban marcados en el calendario desde comienzos de año. Los viernes eran la antesala de esas horas que servían para desentumecerse después de una semana de duro trabajo. Era el momento de depurar las malas conexiones y resetear el sistema.
Pero aún así, levantarse de la cama era especialmente duro para ella. Arrastrar un pie y después una pierna hasta el borde de la cama; negociar con el resto del cuerpo el momento de incorporarse lateralmente para poder salir de la cama sin más demoras que las estrictamente necesarias. Mirar alrededor y comprobar que todas sus compañeras estaban ya en marcha y operando a pleno rendimiento. Así día tras día, y especialmente los viernes. Como si la sobrecarga de toda la semana fuese pesándole más de la cuenta.
Tal vez aquel viernes había tardado un poco más que de costumbre el levantarse, tal vez sus ralentizadas rutinas internas habían hecho saltar algún tipo de alarme imperceptible o como tantos otros aparatos electrónicos tenía activado un protocolo de obsolescencia programada, pero lo cierto es que lo último que quedó grabado en su memoria de silicio fue la conversación de los técnicos de la corporación afirmando que ya era casual que estas unidades siempre cascaran los viernes.
jueves, 2 de febrero de 2023
Cafés
Nada más grato que te saluden por el nombre cuando entras en la cafetería y te pongan lo de siempre. Es agradable sentir que estás en un lugar familiar, sobre todo para un tipo como yo, tan poco dado a salirme de mi zona de confort, que además es muy chiquita la pobre.
Pero caminando hoy de vuelta a casa y dudando si entrar o no entrar a tomarme un café en cualquier sitio me dio por pensar en todos los cafés que nos tomamos en lugares inusuales, en cafeterías a las que no volveremos, áreas de servicio, estaciones de autobuses, hospitales o tanatorios.
Me vinieron a la cabeza los cafés clandestinos de mi época de jardinero, escapando un poco de la lluvia o del frío, buscando una cafetería algo discreta, pero con ventanales que nos permitieran ver la eventual llegada del encargado antes de que él nos viera a nosotros. Recordé lo agradable que era entrar a tomar un café cuando no tocaba, o encontrarte con alguna persona que hace tiempo que no ves y acabar conversando durante dos horas en una cafetería cualquiera. O los cafés para no dormirse en la academia, después de las siete horas de trabajo; o los cafés y las conversaciones de la época de estudiante; o mi café solitario de los domingos, escribiendo siempre mi diario; o el café con mi amigo después de ir a aquella tienda de viejo, explicándonos los motivos y las razones para comprar los libros que habíamos comprado.
Algo tienen los cafés que nos reconfortan y nos hacen sentir vivos. Ya sea acompañados o en solitario, tomar un café suele ser algo así como hacer un alto en el camino, una parada para descansar y coger fuerzas, a veces incluso para reflexionar y decidir cual es el próximo paso que debemos dar. A veces simplemente entrar en la siguiente cafetería y esperar.
miércoles, 1 de febrero de 2023
Soledades (II)
Volaron rápidas las nubes y aunque algún día estuvimos solos llegan ya los días de las risas y los sueños.
Volaron las últimas aves invernales buscando nuevos verdes tras el deshielo,
desaparecieron en las atlánticas borrascas
los pesados restos de la dura travesía,
miedo y duda
rabia y desesperación
tristeza, agonía, abandono
Y al final todo es nada
y tendremos que volver a inventarnos.
Y de las soledades de otro tiempo brotará la compañía
y las palabras no escuchadas serán mil semillas
volando a través de los días que nos queden por vivir.
Pasarán de nuevo los amarillos de febrero y los verdes de abril
el rojo y el silbido seco del verano
los mil marrones del otoño
pero hay flores que solamente brotan una vez
amor
y cada noche daré las gracias por haberlas visto crecer a tu lado.
martes, 31 de enero de 2023
Enero 2023 (Recapitulación I)
Pues quien nos lo iba a decir.
Comencé el mes pensando que estaría muy bien reactivar este blog, volver a publicar con cierta asiduidad, intentar rematar algunas historias que quedaron pendientes. Mi intención era escribir tres o cuatro veces a la semana, pero al cuarto o quinto día me dije, ¿y si consigo llegar a escribir una entrada diaria durante una semana? Y la semana me dije, ¿y si intento que sean dos? Y a los quince días pensé que sería una pasada completar un mes entero con publicaciones en el blog.
Y aquí estamos, a 31 de enero y con 31 entradas diarias.
Cierto es que hice alguna trampa. Las historias que aparecen, y alguna otra que aparecerá, ya estaban creadas cuando decidí cerrar el blog y para ello hice una página llamada Antes de Cerrar. De eso hace ya mas de cuatro años, y muchas cosas pasaron desde entonces, y no todas buenas.
Y hubo muchas noches en las que fue necesario improvisar, escribir sobre cualquier cosa, incluso hacer unas rimas como si fuese yo poeta. Pero estoy satisfecho, feliz de haber empezado algo y conseguir cierta constancia.
¿Y ahora qué?, os preguntaréis con cierta impaciencia y deseosos de que esto no acabe nunca. Pues el próximo reto será superar las entradas del año 2011 y del año 2010. Intentaré buscar algo más de tiempo para depurar un poco más lo que escribo, inventar algún relato nuevo, tal vez redondear alguna idea que quedó a medio desarrollar.
Pero no prometo nada, ya os lo adelantaba en las dos entradas del 2022, No escribiré sobre proyectos o reconstrucciones, sobre propósitos para los próximos meses o nuevos comienzos para viejas historias. No volveré a contar lo que ya he contado tantas veces ni me fijaré metas u objetivos. Ahora simplemente toca vivir.
Iré escribiendo lo que tenga a bien escribir, y ojalá vosotras tengáis a bien seguir este sitio y venir de vez en cuando a pasar un ratito. (Y si de paso le dais al botón de seguir sería la repera!)
lunes, 30 de enero de 2023
Aprendizaxes
Andamos ás veces algo perdidos, denortados, sen saber moi ben quen somos nin cara a onde imos. Non todos os que vagan andan perdidos, como lle escribe Gandalf a Frodo referíndose a Trancos, pero o certo é que ás veces extraviamos o rumbo e damos voltas arredor de nós mesmos como unha nave que perdeu o temón; imos dun lado para outro sen acomodo e sen saber a onde queremos chegar.
Mesmo sen querer chegar a ningún lugar. Xirando como a roda dun muiño, sen pausa, pero sen movernos. Como ese compañeir@ de traballo que quere aparentar que fai movéndose dun lado para outro, sempre con presas pero facendo nada.
E resulta que nestes momentos, nestas raras etapas das nosas vidas (que tranquilamente poden durar anos) chegamos a esquecer non só o camiño, senón tamén quen somos e de onde vimos. Perdémonos totalmente, non vemos ao lonxe mans amigas facéndonos acenos para que volvamos nen escoitamos as voces que nos preguntan polo que buscamos e polo que nos falta.
Unha casualidade, ás veces, un sorriso ou unha frase bastan para atoparnos, para descubrir quen somos. Pois o único certo é que somos infinitos en nós mesmos, e aínda que ás veces non nos recoñecemos no neno que fomos nen no mozo que non se sentía parte do mundo, resulta que co paso do tempo hai un lugar no que sempre me atopo e sei quen son.
Son simplemente o que vexo reflexado nos seus ollos cando me din, por exemplo, que me dan un bico de boas noites, outro bico porque me queren e un terceiro porque me requetequeren.
E entón desaparece a arañeira na que ando metido, volven a soprar ventos favorables e teño unha idea clara de quen son e de cal é o camiño que teño que facer.




