La fiesta (I).
(III)
La
vida en la colonia. Esa era la esperanza de los cientos de personas
que habían salido de la tierra veinte años antes. Llegar la base
orbital que aún estaba de camino hacia uno de los cientos de
planetas que se habían seleccionado como habitables. La misión
consistía en enviar, con dos años de diferencia en el lanzamiento,
tres misiones tripuladas con todo lo necesario para iniciar una nueva
humanidad. Ellos estaban a bordo de la tercera de las expediciones,
en la que sobre todo iban los pobladores de ese nuevo mundo que
querían crear. La primera de las naves era poco menos que un inmenso
contenedor con toda la maquinaría necesaria para ir montando las
plataformas orbitales en las que el principio se establecería la
colonia. La tripulación estaba formada por apenas doscientas
personas, y más de mil robots de trabajo y servicio. Desde su
llegada al destino hasta la llegada de la segunda expedición
tendrían que ocuparse del ensamblado de toda la estructura que debía
albergar los cuatrocientos módulos de habitabilidad que iban en la
segunda nave. Esta, además, llevaba a los científicos que
comenzarían con el proceso de terraformación. Por último, la
tercera de las naves llevaba básicamente a las familias de las
tripulaciones de las dos primeras expediciones. Al tratarse de un
viaje sin retorno, se había decidido que tenían que viajar las
familias enteras. No se trataba de mandar solamente astronautas o
investigadores, sino de enviar pobladores que pudiesen asentarse en
un planeta y crear una nueva civilización. Puede decirse que era una
misión en la que no había una tripulación concreta, sino que era
como si toda una gran ciudad decidiese irse del planeta.
De
hecho, antes del viaje habían ya estado viviendo todos juntos en la
gran base que se había construido para los planes de entrenamiento.
Habían sido meses difíciles, aprendiendo muchas cosas sobre los
viajes espaciales, sobre el funcionamiento de la naves, las posibles
complicaciones que podían suceder durante la travesía. Una de las
cosas que más habían tenido en cuenta es que el viaje no era más
que una pausa, un intermedio en sus vidas. Si todo iba bien, dentro
de ochenta años todo comenzaría de nuevo y la mayoría serían más
o menos como eran ahora. Para ellos solamente habrían pasado cuatro
o cinco años.
Como
sin darse cuenta comenzaron a hablar de sus familias. Ella le contó
que viajaba con sus hermanas y que sus padres iban en la segunda
expedición. Su madre era oficial de comunicaciones y su padre era el
supervisor de soporte vital de la nave. Él le contó que viajaba
solamente con su padre, que era ingeniero de vuelo en la primera
nave. Ya sabes, de los que envejecerán un poco más.
En
efecto, los de la primera nave tendrían más periodos despiertos que
en las otras dos naves por la sencilla razón de que iban menos, sus
POM tendrían que ser algo más largos que los del resto y además,
cuando la última expedición llegase a su destino ellos ya llevarían
un par de años estableciendo la base orbital. Aún será un hombre
joven, le dijo ella ante su cara de pesadumbre. Era algo que a todos
les preocupaba. Todo estaba pensado para volver a hacer su vida
cuando llegasen, pero no podían evitar pensar que algo podía
fallar, que los cálculos podrían estar equivocados o simplemente
que existiesen diferencias individuales que provocasen que los
organismos no reaccionasen igual. Sabían que los cálculos estaban
realizados para asegurar que la continuidad de la comunidad estuviese
asegurado incluso con cierto número de bajas por el camino, y tenían
la certeza de que habría bajas. Incluso podría suceder que al
llegar les comunicasen que un familiar o un amigo ya había muerto.
Prefirieron
no pensar. Dedicaron el resto del día a hablar de banalidades,
contar historias de la época del entrenamiento. Descubrieron que,
como no podía ser de otro modo, tenían algunos amigos comunes, que
incluso podían hablar de instructores como si hubiesen compartido el
mismo instituto. Ella se sorprendió sintiendo cierto desasosiego al
pensar que lo que para ella sería una noche de sueño profundo, para
él sería un año entero de trabajo y experiencias, de relación con
otras personas. ¿Y si encontraba a otra persona?
Una
vez más le tranquilizaron sus palabras diciéndole que no se
preocupara, que para el próximo año la encontraría de nuevo.
-
Y quien sabe, puede que incluso te toque a ti hacer el POM, y
tendremos todo un año para estar juntos y conocernos.