Si, sempre rematamos este día pensando que son demasiados regalos, pero que ben senta descubrir que hais tantos reises (e raiñas) pensando en nós.
Si, sempre rematamos este día pensando que son demasiados regalos, pero que ben senta descubrir que hais tantos reises (e raiñas) pensando en nós.
Aquí están de novo os tres de sempre, cargados de agasallos e ilusións e recordándonos que así, sen decatarnos, xa case vai unha semana do novo ano. Son os días dos propósitos de sempre, das listas e das boas intencións. Son as noites nas que rematamos os vellos cadernos anotando aquelas cousas que non foron ben, os obxectivos cumpridos e o balance do que foron os últimos meses.
É tamén o tempo de comezar novos cadernos coas frases de sempre, comprometéndonos a ser constantes, firmes nas nosas decisións e voluntariosos á hora de poñernos en marcha. Despois virán de novo as presas dos días de escola, un ir e vir sen demasiado tempo para outras cousas, e será cada vez maís difícil cumprir coas cifras fixadas de páxinas lidas e de palabras escritas.
A historia de sempre.
Pero esta noite sabemos que virán de novo os Reises, que traerán case todo o que lles pedimos e mesmo pode que nos sorprendan con algunha cousa que non sabiamos que necesitabamos. Tocará deitarse cedo, durmir, tal vez soñar...
As vitorias, calquera vitoria que aconteza na nosa vida, abre sempre un novo camiño, unha nova oportunidade para continuar na boa senda, para demostrar que se o fixemos unha vez poderemos repetilo máis veces.
E algo de vitoria hai nestes primeiros días do ano nos que podo celebrar que durante o 2022 tiven que librar batallas inesperadas, e fun quen de vencer, e aínda sabendo que xa nada será o mesmo, descubro que hai en mín cualidades que non coñecía e forzas coas que non contaba.
Disque non se vive celebrando as vitorias senón superando as derrotas, pero ás veces, cando as vitorias son tan axustadas e tan traballadas, é preciso tomarse un tempo de descanso para ir acomodándonos ás novas posibilidades que se nos irán abrindo a medida que superemos as probas que a vida nos vaia poñendo no camiño.
Mentres tanto, VAMOS OBRA!!
Como un Sísifo náutico
que encalla y desencalla una y otra vez.
Como un navío sin derrota
que traza rumbos ilusorios,
sin saber a donde va, sin saber de donde viene...
Así navego yo,
surcando territorios inexplorados,
abandonado a los azares de los vientos infaustos.
Si hubo alguna vez un puerto refugio ya lo he olvidado,
si hubo un destino trazado en el mapa de mis días
la tinta se ha borrado en la última tempestad,
con la cruel ola que lo arrasó todo
y nos hizo perder pie durante demasiadas jornadas,
rolando como un trozo de madera astillado y desgastado
a merced de funestos vientos.
Y ahora, como Sísifo abocado a repetir siempre lo mismo
emprendo de nuevo la singladura
en este viejo y triste navío sin aparejo,
a la deriva,
con el mástil partido y la vela rasgada
y aguardando, sin embargo
que un viento amable y casual que no aparece en los mapas
nos guíe y nos ampare en esta travesía.
Como si de una metáfora de mi vida se tratase, la reforma de esta casa está llevando su tiempo. Hace ya casi dos años que aquí dejamos constancia de que habían comenzado las obras de reconstrucción, y aunque es evidente que ha habido cambios, no parece que el asunto vaya demasiado rápido.
Las vidas y las decisiones que tomamos tienen estas cosas. Cuando menos te lo esperas aparecen imprevistos que hacen que tengas que cambiar de planes, o tal vez aplazar algunas metas que te habías propuesto. No suelen ser cambios demasiado importantes, las modificaciones suelen referirse a pequeños detalles, cuestiones estéticas o formulaciones erróneas que se subsanan sin mayores complicaciones.
Pero hay veces en las que descubrimos que algo está mal, que una pared maestra o uno de los pilares amenazan con venirse abajo, o que una parte del muro de carga está afectado de humedades o con fisuras que pueden llegar a extenderse por otros lugares, con el peligro que esto puede suponer para la estabilidad de la vivienda.
Hubo que hacer reformas estructurales, hubo que ir a los cimientos mismos, cambiar algunas cosas y eliminar elementos esenciales para el hombre con el fin de asegurar que a largo plazo seguiremos en pie. Son cosas que pasan, a veces debemos sacrificar lo importante para garantizar lo imprescindible.
Y aunque no es excusa ni justifica el abandono en el que ha estado este sitio durante los últimos años, es necesario decir que los últimos meses el barco ha estado en dique seco y que después de algunos ajustes y cambios bastante radicales, volvemos a navegar. Aún no tenemos claro cual será el rumbo que seguiremos ni que otros puertos visitaremos, pero flotamos y eso, en estos días, es más que suficiente.
Ojalá que de algún modo coincidamos en algunas singladuras por este Mar de Beaufort que con el cambio climático parece hacerse cada vez más navegable...