Como ya he dicho, Duane era un buen tipo, pero un poco paranoico. Cuando me bajé del camión me siguió con un rifle Springfield M1903 que había heredado de su abuelo, advirtiéndome que podía tratarse de seres peligrosos. Le dije que no se preocupara, que no eran seres de otros mundos, aunque podría decirse que venían de otro planeta. Sin duda no se fiaba de mi capacidad para controlar la situación, pero su confusión fue máxima cuando me acerqué a los dos tipos que estaban manipulando una máquina parecida a una antena parabólica que apuntaba hacia el camión de Duane y comencé a hablarles.
Al ver que me respondían amistosamente, Duane comenzó a decir que yo era uno de ellos, que la invasión había comenzado y que tenía que avisar a la Policía Montada del Canada. Se subió al camión e intentó encenderlo, pero el más feo de mis compatriotas me dijo que no me preocupara, que la máquina de magnetismo estaba encendida y mi compañero no podría arrancar el camión.
Mis paisanos me contaron que venían de Vilanova de Arousa y como siempre suele ocurrir entre nosotros, comenzamos a buscar parentescos y amistades comunes. Que si mi abuela paterna era de Vilagarcía, que si el padre del más alto había trabajado en Compostela... al final resultó que trabajaban para un tipo que era de mi barrio y que les había dicho que podían ganar mucha pasta cazando osos, que había diseñado un sistema basado en el magnetismo para aturdirlos y después cogerlos sin problemas. Llevaban más de un mes utilizando el artilugio, pero por ahora no habían podído cazar ningún oso. De hecho, no se veían osos por allí.
Mientras tanto Duane seguía metido en la cabina del camión, intentando ponerlo en marcha y llevándose el micrófono de la emisora a la boca simulando que hablaba con alguien. Después de repetírselo varias veces comprendió que los dos extraños con los que hablaba eran de mi país y que no habían cruzado la galaxia para invadirnos sino que habían cruzado el océano para cazar osos con un nuevo invento de otro compatriota.
Esbozó una extraña mueca, tal vez una sonrisa, y dijo que esta zona no había osos. Que los osos vivían sobre todo en las zonas costeras, pero que además a estas alturas del año estaban invernando. También dijo que estaba prohibido cazar en todo el territorio del Yukón y que no iba a consentir que dos tipos tan feos se saltasen las leyes del Canadá. Él más pequeño comenzó a blasfemar y recordó el conflicto del fletán y volvió a blasfemar y dijo que estaba hasta los mismísimos de que nos prohibiesen pescar y cazar y cultivar mariguana y siguió maldiciendo y acordándose de San Pedro y del niño Jesús.
El más fuerte, que se llamaba Juanciño y que era el más práctico, decidió que ya no pintaban nada allí y que tal vez tendrían que ir pensando en llamar a su socio y largarse. Duane, que no sabía nada del fletán, les propuso que nos acompañaran hacia el norte y como no tenían nada mejor que hacer aceptaron.
Enganchamos la máquina de magnetismo al camión y arrancamos por fin hacia del Delta de Mar de Beaufort.
---Para saber más:
01: Dawson City
02: O'Kandeken
03: La historia de Duane
04: Encuentros en el Círculo Polar Ártico.
---Para saber más:
01: Dawson City
02: O'Kandeken
03: La historia de Duane
04: Encuentros en el Círculo Polar Ártico.



