Otro mes en Mar de Beaufort. No está mal para un principiante, o eso creo yo. Cierto que no recibo demasiadas visitas pero eso puede ser normal teniendo en cuenta que nadie que yo conozca conoce la existencia de este sitio. Podría ser un problema que Hilario se enterase de que incluso tiene un apartado propio. Me sorprende a veces el desparpajo con el que otros hablan de sus vidas y de sus conocidos en otros desiertos que a veces visito. Son lugares anónimos para mí, pero seguramente siempre hay alguien que nos conoce, que sabe quien somos y de quien hablamos. Como se suele decir, al final todo se sabe.
Ya que estás aquí...
No dudes en preguntar, si tienes dudas, y en regresar siempre que quieras .
Bienvenido a Mar de Beaufort.
Bienvenido a Mar de Beaufort.
miércoles, 7 de abril de 2010
miércoles, 31 de marzo de 2010
Fantasmas
A las dos de la madrugada Hilario se presenta en mi habitación diciéndome que sentía una presencia, que estaba escuchando la radio cuando sintió una extraña sensación de frío y tuvo la certeza de que lo estaban observando. Debo decir que Hilario lleva tres días viviendo en mi casa porque su novia lo echó del piso. Y yo llevo tres noches sin dormir porque no estoy acostumbrado a esos espantosos ronquidos al otro lado del tabique. Mi desgracia es tener una habitación libre y vivir sólo. O esa comenzó a ser mi desgracia cuando dejé de vivir sólo y de tener una habitación libre. Lo primero que le digo es que la única presencia extraña que hay en casa es la suya, y que si tiene frío que ponga una manta más en la cama, pero ante su insistencia lo acompaño a la habitación y aparte del nauseabundo olor a pies que desprenden sus botas no percibo ningún fenómeno paranormal. Le digo que ha visto demasiadas películas y que probablemente ha tenido una pesadilla. Le indico en qué armario están las mantas y me vuelvo a mi habitación. Pero nada más meterme en cama comienzo a notar un frío extraño en la espalda y al intentar taparme un poco más escucho un susurro debajo de la cama y sin darme cuenta ya estaba en la habitación de Hilario diciéndole que había algo extraño en mi habitación. Socarronamente me dice que probablemente la presencia aprovechó para irse a mi habitación, que sin duda es más calentita que la suya y yo le hago notar que lo más probable es que el cambio sea debido a sus botas, y no al frío. Me interrogó con la mirada y comencé a comprender a su ex-novia. Y aunque no soy demasiado aprensivo debo decir que esta noche dormí en el sofá.
lunes, 29 de marzo de 2010
Apaguemos la luz.
Estábamos en el bar y decidimos apagar la luz. Como el tabernero es de confianza y los clientes éramos los de siempre comenzamos a hablar del tema y decidimos por unanimidad unirnos a la campaña esa por el planeta. Bien, todos estuvimos de acuerdo menos Hilario, claro. Comenzó a decir que eso era una tontería y además un local público no podía apagar las luces mientras estuviese abierto. Pero como el bar es de Toño dijo que apagaba y apagó. Iniciamos así una de esas discusiones en las que comenzamos a mezclar temas y al final salen a relucir casos particulares que tendemos a considerar generalidades. Razonaba Hilario el que paga tiene derecho a consumir lo que le dé la gana, que estaba cansado de que el gobierno le diga lo que tiene que hacer, que ahorre agua, que recicle, que use bombillas de bajo consumo. Comentaba convencido que él regaba su jardincillo dejando la manguera en el suelo durante un par de horas y que ni se le ocurría separar la basura de su casa, que para algo paga un impuesto por la recogida. Para Hilario la vida en sociedad es como un mercado en el que lo importante es lo que puedas consumir y de nada sirvió intentar convencerle de que a veces nos creamos necesidades inexistentes para permitirnos caprichos que no aportan nada a nuestro bienestar. Replicó que él con su dinero hacía lo que le daba la gana, que nadie le iba a decir en que gastarlo y que iba a permitirse los caprichos que quisiera mientras pudiera pagarlo. Y como Hilario es uno de esos tipos que se crecen cuando tienen a todo el mundo en contra decidimos ser inteligentes y zanjamos la cuestión diciéndole que si todo se reducía a pagar, que pagara una ronda para todos.
jueves, 11 de marzo de 2010
Hay días en los que me siento querido. Después de tres meses Mar de Beaufort continúa siendo un auténtico desierto helado, pero los días han crecido y unos días azules y luminosos nos indican que la primavera ya está aquí. Y en esta realidad de las tres uves dobles quiero dejar constancia de que ahí fuera hay vida. Son pequeños detalles, una palabra que sale sin pensar y que por eso sale del corazón, un acto espontáneo para el que no hace falta reflexionar. Sinceramente, son esas pequeñas cosas las que nos hacen sentirnos queridos, parte de algo que a veces creemos que no va con nosotros pero al final es lo que nos hace sentirnos parte de un todo y con ganas de formar parte de la vida de los demás. Y hoy me siento así, como una parte importantísima en la vida de otros. Un viejo amigo me llamó “amigo” y me hizo saber que le alegraba escucharme. Dos compañeros de mi antiguo trabajo deciden ponerse de acuerdo para hacerme un pequeño regalo y celebrar los agradables cambios que mi vida está dando. Son pequeñas cosas pero de algún modo hacen que sienta que estoy presente en la vida de los demás, que la gente me quiere y que me otorga una importancia que a veces no creo merecer. Vivimos a demasiada velocidad, enredados en la rutina diaria del trabajo, los atascos y los conflictos inevitables de la vida urbana. Y a veces no nos damos cuenta de las pequeñas maravillas que una palabra o un gesto pueden ocultar. Si, querido internauta, esto de internet está muy bien y me alegro de que compartas conmigo este periplo, pero no te olvides de los pequeños detalles con las personas a las que quieres.
jueves, 4 de marzo de 2010
Tengo serios problemas para escribir una frase si no tengo claro lo que voy a escribir en la siguiente y por eso suele suceder que después de múltiples intentos decido no comenzar para no tener que enfrentarme a la continuación pero como hoy me siento inspirado me pongo a trampear y aquí me tenéis, decidido a contar todo lo que tenga que contar sin interrumpir el discurso con ese maldito punto y seguido que tanto me atormenta; sin perder el tiempo decidiendo si hablaré de los fríos polares o de la absurda situación a la que hemos llegado después de tantos años convencidos de que el mundo era así, que no admitía demasiados cambios y que por mucho que te esfuerces no eres más que una pequeña pieza que no puede cambiar nada; sin reflexionar demasiado sobre el devenir de estas palabras ya que al fin y al cabo de lo que se trata es de escribir, para eso hemos venido aquí y por eso tengo el firme propósito de llegar al final de este comentario al que llaman post sin haber dicho ni una sola palabra sobre lo que realmente me interesa, aunque no descarto volver a intentarlo a lo largo de la mañana.
miércoles, 3 de marzo de 2010
Queremos mucho más de lo que necesitamos. Buscamos más de lo que queremos. No lo digo yo, lo dicen los clásicos y al final resulta que encontramos lo que no necesitamos y obtenemos lo que no queremos. Y como nos sentimos vacios volvemos a querer aquello que no nos hace falta y a buscar lo nuevo pensando que la clave está en todo lo que no tenemos. Vueltas y más vueltas. Así es como transcurre la vida de la mayoría de nosotros. Pero hay pequeños detalles que nos van llenando aunque no nos demos cuenta, hay tardes que parecen carecer de transcendencia, pero al día siguiente te sientes alegre y con fuerza y a poco que te esfuerces descubres que simplemente la presencia de la gente que queremos puede hacer que los momentos sin importancia se conviertan en esa energía que necesitamos para ir llenando nuestra vida.
miércoles, 24 de febrero de 2010
Historias de Hilario
Hilario nunca tuvo demasiados problemas de conciencia. Tan pronto dice esto como hace lo otro, y aunque todos lo conocemos y a ninguno nos resulta grata su absurda conversación lo soportamos como se soporta llevar un paraguas en un día de lluvia. Al fin y al cabo es vecino y está en el grupo desde el principio. Y su presencia es inevitable pues la vida en un pueblo pequeño es lo que tiene, todos acabamos en los mismos bares y en los mismos actos sociales. Es cierto que a veces alguno de nosotros se ofende con sus comentarios y la velada acaba en discusión, pero al día siguiente ya está todo olvidado. Podríamos optar por el ostracismo, pero en nuestra tribu no se estilan esas maneras. Por eso todos escuchamos atentamente la historia sobre el tabaco que nos contó ayer. Conviene aclarar que Hilario es uno de esos fumadores ocasionales que nunca compran tabaco diciendo que no quieren coger el vicio pero en cuanto ven una cajetilla encima de una mesa no pueden resistir la tentación y antes de que te des cuenta te está pidiendo fuego. Es posible que comenzara a hablarnos de la nueva ley antitabaco para que a alguno nos entrara ganas de fumar y poder así gorronearnos un cigarro. Con Hilario todo es posible. Lo cierto es que comenzó a hablarnos de una noticia ocurrida hace años en algún lugar de Estados Unidos. Nos dijo que en un pueblo comenzaron a aparecer personas asesinadas con extrañas heridas en la garganta. La policía pensaba en un principio que se trataba de algún tipo de ritual ya que a las víctimas les arrancaban la lengua y partes de la mandíbula, pero las autopsias demostraron que en realidad se trataba de una putrefacción que literalmente hacía desaparecer los tejidos blandos. Después de investigar a cada una de las víctimas lo único en común que se encontró entre ellas era que todos eran fumadores empedernidos de la misma marca de tabaco. Como dos o tres de nosotros ya teníamos un cigarro en la boca comenzamos a argumentar que eso era una leyenda urbana, que si esto fuera así las autoridades sanitarias ya lo habrían utilizado para una campaña antitabaco, pero Hilario nos contó que en realidad lo que había ocurrido es que en uno de los lotes de tabaco que había llegado a aquel pueblo había una especie de cucaracha en forma de larva que conseguía sobrevivir al proceso de quemado y se alojaba en los pulmones del fumador. Que tardaba un par de días en desarrollarse y que después salía del cuerpo comiéndose al huésped. Todos estallamos en una sonora carcajada, pero al poco todos habíamos apagado nuestro cigarro. Todos menos Hilario, claro, que seguía riendo mientras tarareaba la musiquilla de Expediente X.
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