Hay días en los que me siento querido. Después de tres meses Mar de Beaufort continúa siendo un auténtico desierto helado, pero los días han crecido y unos días azules y luminosos nos indican que la primavera ya está aquí. Y en esta realidad de las tres uves dobles quiero dejar constancia de que ahí fuera hay vida. Son pequeños detalles, una palabra que sale sin pensar y que por eso sale del corazón, un acto espontáneo para el que no hace falta reflexionar. Sinceramente, son esas pequeñas cosas las que nos hacen sentirnos queridos, parte de algo que a veces creemos que no va con nosotros pero al final es lo que nos hace sentirnos parte de un todo y con ganas de formar parte de la vida de los demás. Y hoy me siento así, como una parte importantísima en la vida de otros. Un viejo amigo me llamó “amigo” y me hizo saber que le alegraba escucharme. Dos compañeros de mi antiguo trabajo deciden ponerse de acuerdo para hacerme un pequeño regalo y celebrar los agradables cambios que mi vida está dando. Son pequeñas cosas pero de algún modo hacen que sienta que estoy presente en la vida de los demás, que la gente me quiere y que me otorga una importancia que a veces no creo merecer. Vivimos a demasiada velocidad, enredados en la rutina diaria del trabajo, los atascos y los conflictos inevitables de la vida urbana. Y a veces no nos damos cuenta de las pequeñas maravillas que una palabra o un gesto pueden ocultar. Si, querido internauta, esto de internet está muy bien y me alegro de que compartas conmigo este periplo, pero no te olvides de los pequeños detalles con las personas a las que quieres.
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