Después
de los acontecimientos que se explicarán más adelante, bien como
recuerdos que Arvall le cuenta a alguien o el mismo rememora, bien
como una historia que otra persona va narrando, Arvall Ortega pierde
importancia en la historia no narrada de este relato (esa que
solamente conoce o imagina el autor y que le sirve para enmarcar la
historia) y permanece durante mucho tiempo perdido en algún remoto
lugar.
Obviamente,
será a ese lugar al que tenga que encaminar los pasos el otro
personaje con el que comienza esta historia, pues lo que ustedes
esperaran, y para lo que yo me estoy preparando en este capítulo, es
para contar como Ángela encuentra a Arvall, y los motivos que hacen
necesario este encuentro.
Pero
sin embargo me faltan datos. Como ustedes se imaginan, yo soy
simplemente la voz narradora, y es el autor el que ahora mismo está
pensando en los acontecimientos que quiere contar. Yo, debo
confesarlo, soy buena narrando, pero por desgracia los narradores no
solemos escoger a nuestros autores, y se ve que a mi, en este libro,
me ha tocado un autor que no sabe a donde va.
Hace
dos capítulos se mostraba muy seguro y, digámoslo claro, un poco
impertinente al sentenciar con cierto aire de dictadorzuelo que yo
narraría lo que a el le diese la gana. Ese lapidario “el narrador
narrará lo que yo quiera que narre”, además de ser ofensivo para
mi función en este negocio, resultó ser un poco “mear fuera del
tiesto”, como vulgarmente se dice. Han pasado los días y el autor,
por motivos personales y de conciliación de la vida familiar y
laboral, no ha tenido aún tiempo de determinar ni el qué, ni el
cómo ni el porqué, y como narrador no puedo más que expresar mi
más rotunda queja ante esta dejadez de funciones por parte del
autor.
Es
más, su ignorancia sobre hacia donde va a dirigir esta ¿novela?,
¿libro?, ¿novela corta?, ¿relato?... da igual. Su
ignorancia, como decía, es tal que ni siquiera sabe que no soy un
narrador, sino una narradora. Y por mucho que con su actitud
autosuficiente y sobrada pretenda atribuirse todo el mérito de lo
que pasa y de lo que va a pasar, desde este preciso momento declaro
que voy a intervenir directamente en la trama y que lo haré como a
mi me parezca. Y no descarten que con mis intervenciones modifique la
trama o provoque giros inesperados en el argumento que, por otro
lado, parece condenado al más absoluto fracaso.
Dicho
esto, y para que conste en acta, Arvall Ortega había decidido por
propia voluntad desvanecerse de los acontecimientos del mundo y
buscar refugio en un lugar apartado y solitario. Las últimas décadas
las había pasado en un estado forzado de semiconsciencia,
desconectado totalmente del mundo exterior y manteniendo solamente
los procesos básicos que le permitiesen mantener su cuerpo en un
nivel óptimo de funcionamiento. De este modo, perdido en lo más
recóndito de un recóndito planeta, sin mantener ningún tipo de
contacto con nadie, acabó convirtiéndose en un recuerdo, una vieja
historia que unos pocos seguían contando y que hablaba del segundo
regreso del salvador, del deseado. Hasta que los que le habían
conocido y tratado fueron también muriendo y de Arvall Ortega no
quedó ni siquiera el recuerdo.