miércoles, 4 de enero de 2023

Vitorias


 As vitorias axustadas teñen sempre algo explosivo, un arrebato colectivo que nos une e fai que nos sintamos parte de un todo, dun proxecto común, dunha tribo. As vitorias traballadas dan un novos pulos á nosa vontade e axudan a elevar a autoestima, mesmo aínda sen participar nós no partido ou na competición. Cando gaña o noso equipo sentimos qué nós mesmos gañamos, que dalgún modo formamos parte desa vitoria. Saudamos de maneira efusiva ao que temos ao noso carón, marchamos conversando alegremente coa nosa xente sobre os mellores momentos do encontro, sobre o ben que o fixeron e sobre as novas posibilidades que se abren a partir de agora. 

As vitorias, calquera vitoria que aconteza na nosa vida, abre sempre un novo camiño, unha nova oportunidade para continuar na boa senda, para demostrar que se o fixemos unha vez poderemos repetilo máis veces. 

E algo de vitoria hai nestes primeiros días do ano nos que podo celebrar que durante o 2022 tiven que librar batallas inesperadas, e fun quen de vencer, e aínda sabendo que xa nada será o mesmo, descubro que hai en mín cualidades que non coñecía e forzas coas que non contaba. 

Disque non se vive celebrando as vitorias senón superando as derrotas, pero ás veces, cando as vitorias son tan axustadas e tan traballadas, é preciso tomarse un tempo de descanso para ir acomodándonos ás novas posibilidades que se nos irán abrindo a medida que superemos as probas que a vida nos vaia poñendo no camiño.

Mentres tanto, VAMOS OBRA!! 

martes, 3 de enero de 2023

Luces

 




Caminos iluminados, rostros alegres y esperanzados, miradas que por unos días se levantan del pavimento frío y gris de la rutina para dejarse llevar por la alegría de los días de fiesta y por las risas infantiles. Luces que nos hacen pensar en otros tiempos, que nos acarician por dentro y nos dejan ese agradable cosquilleo que dejan las estrellas fugaces al pasar. Una pizca de magia que sabemos irrepetible. Luces que parecen faros, que pueden servir para guiarnos, para que no nos perdamos en el nuevo año que acaba de comenzar. Luces que se convertirán en nuevos caminos, en la fuerza que nos acompañará en los próximos meses y en la claridad que nos guíe durante estos meses de invierno.

lunes, 2 de enero de 2023

Vientos

 



Como un Sísifo náutico

que encalla y desencalla una y otra vez.

Como un navío sin derrota

que traza rumbos ilusorios,

sin saber a donde va, sin saber de donde viene...

Así navego yo,

surcando territorios inexplorados,

abandonado a los azares de los vientos infaustos.

Si hubo alguna vez un puerto refugio ya lo he olvidado,

si hubo un destino trazado en el mapa de mis días

la tinta se ha borrado en la última tempestad,

con la cruel ola que lo arrasó todo

y nos hizo perder pie durante demasiadas jornadas,

rolando como un trozo de madera astillado y desgastado

a merced de funestos vientos.

Y ahora, como Sísifo abocado a repetir siempre lo mismo

emprendo de nuevo la singladura

en este viejo y triste navío sin aparejo,

a la deriva,

con el mástil partido y la vela rasgada

y aguardando, sin embargo

que un viento amable y casual que no aparece en los mapas

nos guíe y nos ampare en esta travesía.




viernes, 12 de agosto de 2022

Reconstrucción (II)

 


Como si de una metáfora de mi vida se tratase, la reforma de esta casa está llevando su tiempo. Hace ya casi dos años que aquí dejamos constancia de que habían comenzado las obras de reconstrucción, y aunque es evidente que ha habido cambios, no parece que el asunto vaya demasiado rápido. 

Las vidas y las decisiones que tomamos tienen estas cosas. Cuando menos te lo esperas aparecen imprevistos que hacen que tengas que cambiar de planes, o tal vez aplazar algunas metas que te habías propuesto. No suelen ser cambios demasiado importantes, las modificaciones suelen referirse a pequeños detalles, cuestiones estéticas o formulaciones erróneas que se subsanan sin mayores complicaciones. 

Pero hay veces en las que descubrimos que algo está mal, que una pared maestra o uno de los pilares amenazan con venirse abajo, o que una parte del muro de carga está afectado de humedades o con fisuras que pueden llegar a extenderse por otros lugares, con el peligro que esto puede suponer para la estabilidad de la vivienda.

Hubo que hacer reformas estructurales, hubo que ir a los cimientos mismos, cambiar algunas cosas y eliminar elementos esenciales para el hombre con el fin de asegurar que a largo plazo seguiremos en pie. Son cosas que pasan, a veces debemos sacrificar lo importante para garantizar lo imprescindible. 

Y aunque no es excusa ni justifica el abandono en el que ha estado este sitio durante los últimos años, es necesario decir que los últimos meses el barco ha estado en dique seco y que después de algunos ajustes y cambios bastante radicales,  volvemos a navegar. Aún no tenemos claro cual será el rumbo que seguiremos ni que otros puertos visitaremos, pero flotamos y eso, en estos días, es más que suficiente. 

Ojalá que de algún modo coincidamos en algunas singladuras por este Mar de Beaufort que con el cambio climático parece hacerse cada vez más navegable...











miércoles, 27 de julio de 2022

49




¿Cómo iba yo a saberlo? ¿Acaso podía tan siquiera imaginarlo?

He pasado la mayor parte de mi vida postergando mis sueños y mis inquietudes, sacrificándome por un futuro mejor, esforzándome para salir del entorno sociocultural que la fortuna me había adjudicado. He dejado algunas cosas buenas para mañana, incluso para pasado mañana, esforzándome sobre todo en lo importante, en garantizar un trabajo digno y una estabilidad laboral que me permitiese más adelante dedicarme a lo que realmente me haría sentirme pleno.

Hace algunos años que tengo más o menos aseguradas mis necesidades básicas, y aún así sigue sin haber tiempo para mis cosas. Es cierto que le dedico tiempo a la familia y a la crianza, a los asuntos realmente importantes, pero entre unas cosas y otras, hacia Belén... ¡la caravana pasa!.

Hoy cumplo 49 años.

Hace un año contaba aquí mismo que me sentía en la mitad de la vida, que sonaba el cohete de media comida (una imagen que muy pocos comprenderían) y que me quedaba aún medio día de fiesta que disfrutar.

Desgraciadamente el último año ha venido a demostrarme que no. El mañana no existe y el futuro no es el lugar adecuado para depositar nuestra felicidad. Todo lo que queramos hacer debemos hacerlo aquí y ahora. Las palabras de amor y de amistad solo existen en el viento de este día, y solamente somos dueños del presente.

Fue por casualidad, al principio de este periplo de pruebas y consultas, que mi hija decidió ponerme una canción de Rozalén que le gustaba mucho. Como iba ella a saber que en ese preciso momento estábamos pasando exactamente por eso, y que cada una de las palabras de aquella canción refleja exactamente lo que siento. Los miedos y la esperanza, las ganas de hacer cosas y la necesidad de marcar un antes y un después, la certeza de que voy a salir.

Como dice la canción, durante los últimos meses he sido arrastrado por una ola gigante que me obligó a poner el contador a cero, y aunque todo ha ido bien y el pronóstico es positivo, que te hablen de tu esperanza de vida después de la operación es algo que te hace pensar.

No escribiré sobre proyectos o reconstrucciones, sobre propósitos para los próximos meses o nuevos comienzos para viejas historias. No volveré a contar lo que ya he contado tantas veces ni me fijaré metas u objetivos. Ahora simplemente toca vivir. 






miércoles, 11 de agosto de 2021

Os porcos






- Que fermosura de porcos ten aí, dona Carme!

A dona Carme chegáballe con escoitar esta frase para saber que na súa porta estaba o Cabo Vargas. Nen sequera tiña que volverse para velo ás súas costas, apoiado na cancela que separaba a pequena corte que tiña pegada á casa e na que criaba un ou dous porcos cada ano.

O Cabo Vargas era un dos gardas civís que cada verán viña como reforzo para o Pazo. A finais do mes de maio comezaban a deixarse ver por todas as aldeas e lugares da contorna as parellas da garda civil, comprobando que todo estivera correcto, pedíndolle aos viciños que fosen limpando as corredoiras e as cunetas e levándose, xa mediado o mes de xuño, a todos os moinantes e borrachíns que andaban pola zona.

Dona Carme non recordaba cando fora a primeira vez que o Cabo Vargas reparara nos seus porcos, pero facía xa anos que tiña por costume achegarse pola súa casa e gabar aos animais con ollos degoreiros. Non había vez na que non falara dos bos xamóns que había de dar, ou do solombo que se lle vía. Eses xamóns van parecer ibéricos, dicíalle pensando que ese era un dos maiores cumpridos que podía facérselle a un porco.

O Cabo Vargas era extremeño. Contáranlle a dona Carme que era un mal bicho, que na súa terra matara dun golpe ao neno dunha familia de labregos e que o pobo enteiro se voltara na súa contra e que tivera que intervir ao cura do pobo para pedirlle ao delegado do goberno que o trasladaran de alí. Así rematara na cidade da Coruña.

E algo disto tiña que haber xa que cada ano o Cabo Vargas aparecía cun compañeiro novo que sempre se mostraba máis ben avergoñado e sen moito interese en seguir a conversa do seu cabo. Si meu cabo, non meu cabo. Iso era todo o que lle escoitaba ao pobre mozo que ese verán tiña que saír a facer a ronda co veterano Garda Civil.

As visitas adoitaban ser á tardiña, e raro era o día no que dona Carme non lles sacase un chourizo picado, cunhas lascas de queixo e un pouco de pan. Viño non, dona Carme, que estamos de servizo, lle dicía o Cabo ao vela aparecer cunha xerra de viño recén tirado da barrica. Máis ao final ía a xerra enteira, e aínda que o acompañante lle recordara unha e outra vez que ía sendo hora de seguir coa ruta, non había día no que non caera tamén outra media de viño e mesmo algún chupito desa guinda tan boa que dona Carme reservaba para o día da Patroa.

- Xa llo dixen o ano pasado, dona Carme, que aquel animal tíñalle moi boa pinta.

En realidade iso era o que lle dicía todos os anos, e para ser sinceiro debemos dicir que sempre tiña razón. Aínda agora, nas poucas veces que vou pola vila, os viciños máis vellos falan da miña tía aboa Carme, e da man que tiña para criar porcos. Algo lles daba para telos sempre tan fermosos e sans, que daba xenio velos. Algúns dicían que era a forma de crialos, que mesmo algunha vez tivera que darlles leite con pan, a falta de outra cousa. Outros, sen embargo, aseguraban que se a carne saía tan boa e polo xeito que tiña de desangralos e de despezalos. Pois dona Carme, ademáis de crialos, era a que os mataba e a que se ocupaba de todas as tarefas de despece e tratamento da carne.

Isto sabíase en todo o pobo, e é de supoñer que de tanto andar polos camiños, de preguntar aquí e acolá, e de obter sempre resposta, o Cabo Vargas soubo da sona que tiña dona Carme como criadora de porcos, e por iso comezara a deixarse caer pola súa casa a comezo do verán, para ver como ían os animais que en catro ou cinco meses serían sacrificados.

E xa a finais de agosto, cando o xeneralísimo marchara á capital e todo o desplegue de seguridade comezara a retirarse, o Cabo Vargas pasaba pola casa de dona Carme a despedirse, que é de ben nacidos ser agradecido, dicíalle, e a ela tiña que lle agradecer que sempre tivera un vaso de auga fresca para darlle, e un anaco de pan con bo chourizo para facer máis levadeira a ronda por aquel lugar. E dona Carme, que aínda que nunca saira da aldea tiña mundo de sobra para comprender certas cousas, preparáballe ao Cabo Vargas un paquetiño cuns chouriciños, un bo anaco de unto e mesmo un lacón para que lle leve a súa dona na Coruña, e tamén había sempre algo para o seu acompañante, que aceptaba con máis vergonza que fachenda o agasallo de dona Carme, sabendo que non era por cariño nen por aprecio, senón porque levarse ben co Cabo Vargas facía que o meu tío Pedro non tivera que ir limpar os montes do Pazo máis que dous ou tres días no verán, ou que ao seu home non lle tiveran en conta as veces que na taberna, cun viño de máis, lle dera por recordar que os de Pardo, os falangistas do pobo, aproveitaran que él estaba na guerra para quedárselle co prado da Milleira.

Moitas grazas, dona Carme, dicía o moi galdrumeiro con ollos cobizosos e case babexando pensando no saborosos que habían estar aqueles chourizos ou aquel lacón acompañando dentro duns meses aos grelos que seguramente lle darían cando fose de inspección polo mercado de abastos da cidade.

E así chegaba de novo setembro, e a vida na aldea volvía á súa normalidade. Dona Carme cebaba aos porcos no último mes e finalmente chegaba a matanza e xa aquí pensaba no Cabo Vargas e deixaba xa separado un lacón e uns chourizos para terlle preparados.

(***)

Miña nai nunca quixo contarme nada do asunto, e a tía Matilda sempre dixo que nunca vira diante ao tal Cabo Vargas, que seguramente eran faladurías do pobo, que dunha contan vinte. Seguramente o carácter forte da miña tía avoa, e de todas as mulleres da miña familia, fai que todo o mundo diga que fose capaz de facelo. Eu conto a historia como ma contaron a mín, e non engado nin saco nada. Non hai tampouco unha data precisa. Uns din que foi polo verán do 57, outros que xa era no 60. Para o que hai que contar ven sendo o mesmo. O que importa é que nese verán a miña tía Matilda xa era unha mocita á que comezaban a notárselle os peitos e as formas de muller, e quixo a mala sorte que un día, xa a tardiña, chegaba a casa cando o Cabo Vargas estaba arrimado á cancela, cunha cunca de viño nunha man e dándolle conversa á muller que naquel intre botáballe de comer aos porcos. Dona Carme víu como a mirada do home, que uns segundos antes estaba centrada nos animais pasaba agora a examinar o corpo da súa filla, e algo que non soubo indentificar medrou no seu interior cando víu nos ollos daquel desgraciado a mesma gula e cobiza que cando miraba para os marráns da corte. A cousa non pasaría de aí. Dona Carme sabía o que tiña que facer para evitar males maiores e nuns días mandaría á súa filla á casa da súa irmá na Fonsagrada, pero un arrepío de noxo e rabia fíxoa cambiar de opinión cando o Cabo Vargas, case botándolle ás mans ao corpo da moza como llas botaba ao choirizo que dona Carme adoitaba ofrecerlle, dixo aquela frase que tantas veces lle escoitara dicir.

- Que fermosura de filla ten aí, dona Carme!

Non se sabe se a cousa se lle ocorreu no momento ou tivo tempo para pensalo, pero o certo é que dúas semanas despois foi cando desapareceu o Cabo Vargas e se montou todo aquel rebumbio que seguramente os máis vellos recordedes. Aconteceu unha tarde desas nas que o sol parece que non quere marchar e a calor non deixa de subir. O Cabo Vargas achegouse á cancela, como tantas outras veces, dicíndolle ao seu compañeiro que ían dar un pe de leria con dona Carme e que de paso ía ver os mellores porcos que podían verse na contorna. Pero desa vez os porcos non estaban fora senón que estaban no cortello do outro lado da casa. O Cabo Vargas chamou dúas ou tres veces, antes de que saise a tía Matilde dicindolle que dona Carme non estaba, que ía na vila e non volvería até a noite, pero que podía traerlles unha xerriña de auga e un pouco de pan e queixo se querían refrescarse un pouco.

O Cabo Vargas, que xa tiña pensada a xogada antes de que a rapaza rematara de falar, díxolle ao compañeiro que xa virían outro día, cando estivera Dona Carme, e que o mellor era ir rematando a ronda. O compañeiro, que foi o que aquel día tivo que cubrir o parte, anotou que a ronda rematara sen novidade algunha. O que non podía saber é que mentres él facía aquelas anotacións o Cabo Vargas, en lugar de ir para a vila volveu para a aldea e foi directo á casa de dona Carme, cobizoso de probar a carne fresca que dende facía uns días non podía sacar da cabeza.

Co que non contaba era con que ao abrir o tarabelo e meterse na corte non serían as tenras carnes da tía Matilde o que vería, senón a dona Carme co coitelo de matar aos porcos nunha man, un bicheiro noutra e un lóstrego de pedra no ollar.

-Carallo, dona Carme, faciaa na Vila.

-Xa ve, señor Guardia, ao final vou ter que adiantar a matanza do porco.

O Cabo Vargas nin comprendía nin podía creer o que lle estaba a dicir aquela muller, e tampouco tivo tempo para pensar. Dun só golpe na cabeza, dona Carme derrubouno na corte e sen pensalo afundiulle o coitelo até o fondo, sen darlle tempo sequera a botar un chío. Durante toda a noite houbo luz na pequena bodega, e ao día seguinte, cando dous gardas civis viñeron preguntarlle se vira ao Cabo Vargas, dona Carme dixo que non, que non o vira dende facía uns días, pero que cando o virán lle deran un recado da súa parte-

-Díganlle que veña ver os porcos, que este ano da gloria velos comer.