Caminan los ciudadanos más felices por las aceras, con el rostro relajado y el caminar pausado. A veces algún desconocido te sonríe y tú, sin saber el motivo, también sonries, como si ambos supieseis que existe un pacto con la vida que hay que respetar, un día de tregua en la semana para serenarse y sonreír.
Algo tienen los viernes que incluso los ancianos caminan más felices hacia el Centro Médico, como si en lugar de ir a ver al doctor fuesen a la taberna a ver el partido del Dépor, aquel año que ganamos la liga. Incluso es posible que sea un viernes cuando algún conductor amablemente te cede el paso en un paso de cebra. Y tú sonríes.
Era un viernes cuando encontraste un billete de cincuenta euros al lado del contenedor azul (para papel y cartón) y aquella vez que acertaste cuatro en la primitiva estabas tomándote el café de los viernes y leyando el periódico cuando de pronto le dijiste al camarero Cóbrame lo de los señores al comprobar que te habían tocado 120 euros en el sorteo de la noche anterior.
Si, algo tienen los viernes. Los funcionarios dan los buenos días a los administrados y los administrados devuelven el saludo como si tal cosa, como si ya no fuese tan necesario echarlos a todos a la calle. Los jefes parecen personas normales y en la radio las noticias parecen menos trágicas. Muchos elegimos un viernes para comezar a cambiar el mundo y reunidos en el bar, con unas cervezas en la mesa, planeamos la estrategia adecuada para conseguir que todos los días sean viernes.
Si, algo especial tiene este viernes de julio. Camino empujando una silla de niño, con el niño dentro, claro. Compostela engalanada para celebrar las fiestas de Apostol y de pronto comienzo a sonreir de satisfacción y de alegría. Se acaba la semana, llegan tres días de descanso y en breve estaremos de vacaciones. Pero no es sólo eso. No, querido lector. Es viernes, y en mi interior se va formando un inmenso sentimiento de serenidad y plenitud. Llevo conmigo lo más importante y preciado que tengo. Va medio dormido y tranquilo pero cuando nos sonríe no hay problemas ni tristezas que puedan ensombrecer nuestros días. Cuando nuestro hijo nos mira y comienza a reirse tengo la sensación de que para él todos los días son viernes, de que es feliz con los padres que le han tocado y que incluso le resultamos simpáticos. Y eso mola.

