viernes, 22 de julio de 2011

Algo tienen los viernes...

Caminan los ciudadanos más felices por las aceras, con el rostro relajado y el caminar pausado. A veces algún desconocido te sonríe y tú, sin saber el motivo, también sonries, como si ambos supieseis que existe un pacto con la vida que hay que respetar, un día de tregua en la semana para serenarse y sonreír.

Algo tienen los viernes que incluso los ancianos caminan más felices hacia el Centro Médico, como si en lugar de ir a ver al doctor fuesen a la taberna a ver el partido del Dépor, aquel año que ganamos la liga. Incluso es posible que sea un viernes cuando algún conductor amablemente te cede el paso en un paso de cebra. Y tú sonríes.

Era un viernes cuando encontraste un billete de cincuenta euros al lado del contenedor azul (para papel y cartón) y aquella vez que acertaste cuatro en la primitiva estabas tomándote el café de los viernes y leyando el periódico cuando de pronto le dijiste al camarero Cóbrame lo de los señores al comprobar que te habían tocado 120 euros en el sorteo de la noche anterior.

Si, algo tienen los viernes. Los funcionarios dan los buenos días a los administrados y los administrados devuelven el saludo como si tal cosa, como si ya no fuese tan necesario echarlos a todos a la calle. Los jefes parecen personas normales y en la radio las noticias parecen menos trágicas. Muchos elegimos un viernes para comezar a cambiar el mundo y reunidos en el bar, con unas cervezas en la mesa, planeamos la estrategia adecuada para conseguir que todos los días sean viernes.

Si, algo especial tiene este viernes de julio. Camino empujando una silla de niño, con el niño dentro, claro. Compostela engalanada para celebrar las fiestas de Apostol y de pronto comienzo a sonreir de satisfacción y de alegría. Se acaba la semana, llegan tres días de descanso y en breve estaremos de vacaciones. Pero no es sólo eso. No, querido lector. Es viernes, y en mi interior se va formando un inmenso sentimiento de serenidad y plenitud. Llevo conmigo lo más importante y preciado que tengo. Va medio dormido y tranquilo pero cuando nos sonríe no hay problemas ni tristezas que puedan ensombrecer nuestros días. Cuando nuestro hijo nos mira y comienza a reirse tengo la sensación de que para él todos los días son viernes, de que es feliz con los padres que le han tocado y que incluso le resultamos simpáticos. Y eso mola.

viernes, 15 de julio de 2011

H. Ramírez.(II)

H. Ramírez tardó más de dos meses en salir del hospital y casi seis para volver al trabajo. Estrés postraumático, le diagnosticaron, y su médico de cabecera le recomendó que retrasase alguna semanas más su regreso a la vida laboral. A la dificultad para dormir y el miedo irracional a conducir había que añadir los ataques de pánico en los que volvía a revivir  el desagradable suceso,  y lo experimentaba tan vívidamente que de pronto se echaba al suelo gritando na cabeza non, na cabeza non.

Pero H. Ramírez quiso regresar a la oficina, y no por su desmedido amor al trabajo sino para burlarse de su compañero R. Cortés, que además de ser el más eficiente de todos sus subordinados, era guapo y simpático y tenía la extraña manía de ser aficionado del Real Club Deportivo de Coruña. Y como todos sabemos, desgraciadamente el Dépor descendió de categoría en la pasada temporada. No entraremos en detalles sobre la retorcida psicología de algunos jefes que tienden a sentir unos celos terribles y destructivos por algunos de sus empleados, sobre todo si son hombres y tienen un extraordinario éxito entre la mujeres de la empresa, como era el caso de R. Cortés. Diremos simplemente que el único placer que le quedaba a H. Ramírez era el mezquino placer de los mediocres, esto es, joder al prójimo, ya que la prójima se había ido hacía meses dejando una nota en la que le decía que "el problema soy yo, cariño, y necesito tiempo para encontrarme".


Conviene señalar en este punto que las secuelas psicológicas que le habían quedado a H. Ramírez no eran tanto debidas a la agresión en si como al hecho de que después de las tres operaciones maxilofaciales a las que le habían sometido a H. Ramírez no lo conocía ni su madre. Siempre había tenido una expresión bobalicona en la mirada y una sonrisa estúpida, de persona cretina que aún por encima se cree el más simpático de su clase, de la facultad, de la oficina, del club de amigos del vino tinto del Sigüerzo de los Peregrinos, pero después de la operación su nariz había quedado ligeramente torcida hacia la derecha, el pómulo izquierdo claramente hundido y el labio inferior, reconstruido mediante implantes de tejido vacuno, solía caer sobre sí mismo dejando al descubierto los dientes postizos que le habían puesto, tan grandes y tan blancos que uno terminaba por preguntarse si en lugar de tejido vacuno no le habían puesto los dientes de una vaca lechera.

Así pues, una hermosa mañana del mes de julio H. Ramírez volvió al trabajo. Aparcó su coche en el reservado para directivos, saludó amablemente al guardia de seguridad y con una gran sonrisa entró en su despacho mirando a izquierda y derecha e inclinado de cuando en vez la cabaeza. Qué pasa Jorge! Cuánto tiempo Maite, qué bien te veo. Alguien sabe dónde está el Koruño??. Algunos, más por educación que por sentimiento, se levantaron de sus asientos para interesarse por su salud y para mentir descaradamente diciéndole que casi no se notaba nada de nada. Otros simplemente dijeron buenos días y siguieron a lo suyo.

A media mañana se acercó el jefe de personal para presentarle al nuevo encargado de mantenimiento. Lleva con nosostros cuatro meses, le dijo, y forma parte de un convenio de colaboración que la empresa firmó con la Consellería de Traballo e Benestar. Ya sabes, ellos nos dan dinero y nosotros contratamos a personas en riesgo de exclusión. Pero el jefe de personal no pudo seguir con las explicaciónes. H. Ramírez se había tirado al suelo gritando na cabeza non! na cabeza non! mientras intentaba ocultarse detrás de su ergonómica silla de directivo.

viernes, 8 de julio de 2011

Nimiedades.

Retomar los viejos empeños, recuperar antiguos hábitos, abrir amarillentos cuadernos que un día quedaron a medio escribir. Volver a buscar respuestas a las dos de la madrugada, reflexionar delante del papel en blanco y acostarse con la sensación de haber avanzado, de que la esencia está al alcance de nuestro pensamiento. Refrescar el cuerpo con unas cervezas y al mismo tiempo rehidratar el cerebro para que no se convierta en una uva pasa, para que no se reseque y debilite demasiado. Reconstruir a fuerza de palabras y conversación aquello que pudo desaparecer y no lo hizo. Retener algunas ideas, regresar a nuestros afanes más íntimos, reunirse con nuestras ilusiones y decidir que vale la pena recomenzar.
Y descubrir una vez más que la vida es un regreso continuo a lo que una vez quisimos hacer y fuimos dejando aparcado. A esas pequeñas cosas sin importancia en nuestra vida diaria pero de gran trascendencia en nuestro periplo anímico. Esas nimiedades que son las que dan continuidad a nuestra existencia.

miércoles, 8 de junio de 2011

Despedida sen adeus.



Os gatos ían aparecendo ao pouco de chegar a furgoneta do pescado. Sabían que Carmen, a filla máis nova de Francisca, mercaría un quilo de parrochiñas para irllas botando, unha para cada un. Según a época había máis ou menos gatos, nunca menos de media dúcia e raramente máis de quince. Dáballe a todos, incluso a ese gato tan malo que acaneou ao pastor alemán e que entraba e saía da casa cando lle petaba.
Os gatos botarán de menos á filla máis nova de Francisca, a viúva de Eliseo, á miña tía de Mosteirón que en realidade era tía avoa.
E tamén a rumana que anda a pedir diante do Gadis de Sada vai botar en falta a Carmen, que en lugar de deixarlle unhas moedas lle deixaba dúas dúcias de ovos cada venres. É que ten tres fillos, me contaba, e o home nin traballa nin quere traballar. E aquela desamparada veciña á que sempre lle traía algo de roupa da feira dos domingos ou aquel vellote que andaba polas casas e que sabía que na porta da miña tía sempre había algo para él.

E aínda que xa pasaron tres meses todavía teño ganas de chorar, pero as bágoas xa non queren saír. Teño ganas de quedar acubillado en mín mesmo, deixar que pase o tempo e sentir a dor esvaecerse pouco a pouco e sen embargo cada recordo é un golpe máis, unha mistura de tristeza e serenidade. Como non recordar aquelas tardes de verán nas que nos comíamos unha caixa de cereixas ou un melón mentres viamos a telenovela. Ou aqueles bocadillos de nocilla que nos untaba cunha culler sopera mentres meus irmáns máis eu mirábamos asombrados e lle diciamos que un pouquiño máis, un pouquiño máis. Ou os grandes melocotóns aos que ela chamaba pelóns e que era capaz de ofrecerche catro veces seguidas en menos de dez minutos, e se non querías che dicía que había queixo na neveira, ou empanada na porta de abaixo, ou unha caixa de galletas na porta de arriba...

Marchou sen despedirse, sen deixar nin sequera que a coidáramos como ela coidou de nós cando fixo falta. E se algo me doe e me lastima é saber que non verá medrar ao meu fillo, e que o noso Lois non a coñecerá, non terá ningún recordo dela cando o único que me queda agora son recordos. Sorpréndome ás veces pensando no que lle vou a contar o próximo sábado, en que teño que chamala para saber qué tal vai todo sabendo que me responderá que todo vello. Descubro entón que xa non teño infancia á que volver, que con ela marchou a memoria familiar e o lugar no que me fixen como son. E quedaron tantas cousas por contar, tantas conversas, tantos momentos...

Díxome un día, fai máis de vinte anos, que agora xa podía vivir do conto. Viña de gañar o único premio literario que gañei. Deixeille a rosa que me deron e marchei gastar as vinte mil pesetas cun bo amigo. Lamentablemente non conseguín vivir do conto, máis ben ao contrario. Tanto esforzo e tanto sacrificio, Tía, tanto traballar e loitar polos nosos e seguir traballando e preocuparse polos demáis e volver a comezar. Arrincarlle aos días o sustento coa certeza de que é o que nos queda aos pobres, traballar sen descanso, erguerse cada mañán sen tempo para pensar demasiado no que a vida non nos regalou e ao final marchar un soleado día de marzo, sen tempo de dicir adeus.

viernes, 15 de abril de 2011

Nociones de astronomía V: enanas blancas.

Una enana blanca es el estado final en la evolución de una estrella, con menos de 8 veces la masa total del Sol. Estas estrellas pierden gran parde su masa por emisión de viento solar y se transformarán en pequeños objetos de enorme densidad. Podemos decir que es lo que queda de una estrella cuando agota  su combustible nuclear.

http://observatorio.info/2004/01/ngc-2440-el-capullo-de-una-nueva-enana-blanca/

Sucede muy a menudo que nos encontramos, después de muchos años, con un antiguo conocido y descubrimos que ha perdido todo su brillo de antaño y se ha convertido en una persona gris y anodina. Si amigos, al igual que en el divertido mundo de las estrellas, galaxias, agujeros negros y civilizaciones extraterrestres, en el mundo social de los humanos también existen las enanas blancas.


Aquel muchacho guapo y divertido del que todos querían ser amigos ha pasado a ser un tipo solitario que mendiga en los bares la conversación de cualquier borracho que al cabo de tres cervezas termina llamándole amigo. Aquella rubia en minifalda que coleccionaba versos de buenos estudiantes y soñaba con los besos de los chicos malos ha ganado un quilo por cada año que ha pasado y un hijo por cada lustro. Y qué decir del matón de la clase, que tenía el record de expulsiones en una semana y presumía de robar el cepillo de la iglesia para comprar tabaco y ahora acude todos los domingos a misa y presume de tener un hijo monaguillo.

Las enanas blancas nos rodean. Personas que brillaron en otro tiempo, que eran admiradas y a las que todos querían parecerse pasan ahora totalmente desapercibidas y cuando volvemos a encontrarnos con ellas nos preguntamos qué demonios tendrían de especial. Algo perdieron con el paso de los años, algo se quedó por el camino y lo peor no es que nosotros nos demos cuenta, lo más triste es que también ellos se dan cuenta de que tuvieron su tiempo y pasó.

jueves, 7 de abril de 2011

Variaciones sobre el mismo tema o la procrastinación como método de escritura.

Sucede a veces que en mi cabeza se acumulan ideas, historias, pequeños retazos de algún diálogo que pide a gritos una novela en la que aparecer. Comienzo a pensar si puedo incorporarlo a esa novela que siempre estoy a punto de terminar o si encajará mejor en la otra, en la que siempre estoy a punto de empezar. Abro mis viejas carpetas llenas folios viejos escritos a doble cara, amarillentas hojas cuadriculadas esbozando alguna idea  e incluso algunha servilleta en la que apunté algún verso suelto que ya no me dice nada:
"Perdieron las flores su brillo de antaño" o "Dormitaba la noche sentada en un banco".
Y así comienzo a releer mis viejos papeles, a veces incluso escribo un folio o dos y me digo que ya está, que todo es cuestión de dedicarle tiempo ya que la historia va cobrando forma. Pero en lugar de seguir escribiendo decido que lo que está sucediendo es importante y lo que hago es ponerme a escribir esto que ahora estás leyendo.
Sinceramente, así nunca conseguiré terminar mi primera novela. Se me ocurre pensar que tal vez el problema está en pensar en tantas historias a la vez. Al fin y al cabo, sólo soy un hombre y como tal sólo puedo hacer una cosa a la vez.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Dios en Compostela.

Una vez más, Mar de Beaufort lo ha conseguido. Como ya os conté hace unos meses, el papa siente un cariño especial por este blog y por este pecador que os escribe. Desde aquella noche de vino y conversación hemos mantenido el contacto. Ya sabéis como funcionan estas cosas:
-Coño, Bieito, dame tú número.
-Venga, va, pásame el tuyo.
- Oye, que si vuelves por Compostela me das un toque.
- Tu quoque, filli mei. Y no olvides que en el Vaticano tienes alojamiento si quieres venirte a pasar unos días. Tengo una casa amplia.

Bueno, el asunto es que nos hemos mandado algún que otro SMS durante estos meses, e inevitablemente ha salido el tema de Dios. No soy quien para dudar o no de su existencia o de los méritos que se le atribuyen, pero debo confesar que a veces tengo momentos en los que me planteo que si existe deberá estar en un lugar concreto ya que si está en todas partes podemos concluír que Dios es todo, y lo que es todo termina por ser nada.
Ante mis dudas Bieito decidió confesarme que Dios estaba de gira durante todo el año. Una semana aquí, un mes acullá. Incluso parece ser que tiene un programa de radio que se emite los martes y los jueves a las ocho y media. Como estas cosas son difíciles de creer aquí dejo la fotografía que lo demuestra. Parece ser que durante un par de meses está en Compostela, muy cerca de los edificios administrativos de la Xunta.
Si yo fuera uno de esos seres malpensados diría que se trata de una campaña de los que gobiernan para que los administrados tengan algún tipo de consuelo al salir de desesperanzados de sus reuniones con nuestros cada vez más queridos representantes públicos.
De todos modos es agradable saber que alguien nos ama.