-Maldita sea, Duane, es la cuarta vez que cuentas esa historia en lo que va de semana! Si tenemos que soportar tus desvaríos podrías al menos inventar nuevas batallitas.
-Déjanos en paz, Henrry. Nosotros también estamos cansados de escucharte hablar de la longevidad de tu perro y no te decimos nada.
-Duane tiene razón, Henrry. Además, el muchacho tiene derecho a saber lo que puede encontrarse si quiere seguir avanzando hacia el norte- dijo el otro viejo desde la otra esquina de la barra.
-Por Dios, Fred, no me dirás que te crees las tonterías que cuenta Duane!
-Yo no creo ni dejo de creer, pero hay que reconocer que haberlas hailas...
Todo había comenzado con la historia de Henrry y de su perro. Yo le pregunté si los 25.000 dólares seguían en Mar de Beaufort y si se conservarían en buen estado. Él contestó que no se trataba de billetes sino que eran cinco bolsas con pepitas de oro. En aquella época y en aquellos territorios los pagos se hacían mediante pepitas de oro y como todos sabemos, el oro lleva siglos revalorizándose sin parar. Calculé que si era cierto lo que me estaban contando, en algún lugar del delta de Beaufort había una fortuna. Les propuse ir a buscarlo pero dijeron que se trataba de oro maldito y que nadie del territorio del Yukón se atrevería a tocarlo.
Fue entonces cuando Duane se unió a la conversación. Me explicó que en dos días saldría hacia el norte para aprovisionar la planta de gas de Mackenzie y que tenía sitio libre en su camión, pero que antes debería saber a lo que me enfrentaba.
Todos sabéis que al cruzar el círculo polar ocurren cosas extrañas, no soy el único que ha visto las luces en el cielo. Durante los últimos tres años recorro la misma ruta y puedo deciros el lugar exacto en el que la emisora del camión deja de funcionar y los aparatos eléctricos se vuelven locos. La semana pasada, justo al cruzar el paralelo 66, comencé a escuchar un zumbido y pude ver un resplandor que poco a poco iba cubriendo todo lo que me rodeaba. De pronto algo estalló y el motor dejó de funcionar. Salí de la cabina, el silencio era tan profundo que tuve la sensación de quedarme sordo. Todo a mi alrededor estaba iluminado por una extraña luz y todo era nítido y a la vez parecía cubierto de una niebla brillante que parecía penetrar en mis ojos y llegar hasta el centro de mi cabeza. Y entonces comencé a escuchar voces en mi interior, miles de voces que luchaban por hacerse oír y que parecían hablarme en extrañas lenguas antiguas...
- Extrañas lenguas antiguas? Vamos Duane, qué demonios quiere decir eso?
- Tienes que dejar de consumir la Ayahuasca de Joao Velho.
Pensad lo que queráis, pero estoy seguro de que intentan comunicarse con nosotros. Su intención la desconozco, pero si Tonio quiere ir hacia el norte en busca del oro debe saber que no sólo se enfrentará al frío y a los hambrientos osos salvajes. Hay fuerzas desconocidas en los márgenes del Mackenzie que tal vez no estamos preparados para descubrir.
--- Para saber más:
01: Dawson City
02: O'Kandeken
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01: Dawson City
02: O'Kandeken

