miércoles, 19 de enero de 2011

O'Kandeken.



No, un muchacho como tú, recién llegado de la ciudad, no puede entender lo que el Esponja quería decir cuando hablaba de jugar sucio. Ten cuidado con Harry, me repetía una una y otra vez, está dispuesto a jugar sucio para ganar esta carrera. El viejo Bob era un buen tipo, incluso cuando estaba sobrio. Ya no quedan tipos como él. En las ciudades no os hacen así. Llegáis aquí creyendo que sois aventureros o tipos duros por pasar cuatro días viviendo en las montañas del parque Fishing Branch o por practicar deportes de riesgo pero si las cosas se ponen feas pronto acude el helicóptero de la RCMP para rescatar a cuatro imbéciles antes de que se congelen.

El viejo escupió en el suelo de madera, acabó de un trago la jarra de la cerveza amarga que bebía y pidió otra para él y otra para mí. Simplemente le había preguntado si el husky que estaba tumbado a sus pies era suyo y había comenzado a hablarme de las carreras de trineo.

Tú aún no habías nacido cuando Dawson City era la ciudad del oro y las carreras de trineos la diversión preferida de todos aquellos que estaban dispuestos a gastar en una apuesta todo lo ganado en un mes. Había mucho dinero en juego y todos los meses llegaban trineos de Alaska, del territorio del Yukón e incluso de las tierras altas de Groelandia. Y creeme muchacho, aquella era la madre de todas las carreras. Veinticinco mil dólares para el ganador, y según las casas de apuestas de Londres el favorito era yo. Si, no me mires con esa cara de muchachita a la que le tocan el culo por primera vez. Este amigo y yo hemos ganado siete veces la mítica Inuvik-Mar de Beaufort, me dijo señalando al perro, y habríamos ganado aquella maldita carrera de no haber sido por el juego sucio de Harry.

Volvió a escupir al suelo, se giró hacia el otro viejo y le preguntó si recordaba a Harry. Lo único que recuerdo es que desapareció justo después de ganarte la carrera, contestó el otro.

-Maldita sea, viejo estúpido, Harry tuvo lo que merecía. Tú habrías hecho lo mismo!!

-Yo sólo se que desapareció después de la carrera, y tú harías bien en callarte de una vez. Al jovencito de ciudad no le importan tus batallitas de viejo borracho y nunca se sabe quién escucha...


-Al diablo quien escuche. Han pasado más de treinta años y nadie se va a preocupar por dónde están los huesos de aquel bastardo.


El viejo volvió a mirarme, levantó su jarra y señalándome con un dedo dijo que no tenía cara de andar hurgando en la vida de los demás. En ese momento no supe muy bien si se trataba de una advertencia o de un cumplido por lo que decidí levantar también mi jarra y hacer una especie de saludo antes de beber

Este que ves aquí se llama O'Kandequen, que en inuktitut quiere decir "el de larga vida". Su madre era una Malamute de Alaska y su padre un Samoyedo de Siberia que yo mismo rescaté en el Golfo de Alaska con una pata rota. Aunque no lo creas, tiene treinta y tres años y durante casi dos décadas fue el mejor perro de tiro del Ártico. Por eso aquella mañana, mientras nuestros trineos avanzaban emparejados, Harry intentó golpear a O'Kandequen con su látigo de cascabeles. Trabé la brida izquierda para proteger a mi guia, el trineo zigzagueó y una de las bolas se incrustó en mi ojo derecho, dijo el viejo mientras levantaba el parche que cubría su inexistente ojo.

Esta vez fuí yo el que pedí otras tres jarras. Bebimos en silencio.
- Yo habría hecho lo mismo, dijo el otro viejo al cabo de unos minutos.
- Perseguí a Harry durante tres semanas. Siempre hacia el norte. De los nueve perros que llevaba mi trineo sólo O'Kandequen sobrevivió. Harry me ofreció los veinticinco mil dólares a cambio de su vida. Yo me cobré mi venganza, dijo mientras clavaba un largo cuchillo en la barra de la taberna, su dinero está todavía en algún lugar del delta de Mar de Beaufort.
 
---- Para saber más:
01: Dawson City

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