jueves, 17 de diciembre de 2015

El repetitivo Síndrome del Nido.



Recuerdo que hace unos años asistí a unas cuantas clases de preparación al parto. Todo era nuevo para nosotros y alguna que otra vez me parecía escuchar la voz del replicante de Blade Runner diciendo aquello de "Yo he visto cosas que vosotros no creeríais..." cuando la matrona nos contaba todo lo que nos esperaba con eso de la crianza. Las instrucciones de funcionamiento de los bebés son tan amplias y abarcan tantas cosas distintas que al final decidimos utilizar el método piel con piel para todo. Cólico del lactante: piel con piel; fiebre; piel con piel; dientes: piel con piel; dormir: piel con piel; hambre: piel con piel (de mamá, claro).

Pero lo que me viene a la cabeza estos días es el llamado Síndrome del Nido. Nos explicaba la matrona que unas semanas antes del parto a la embarazada le daba por ordenar toda la casa, organizar armarios, cambiar cosas de sitio o deshacerse de lo que ya no servía. Debo confesar que también yo sufrí una especie de Síndrome del Nido y el día anterior al parto, mientras mi amor subía y bajaba escaleras, yo me dediqué a limpiar la nevera. No puedo explicar lo que sucedió, simplemente abrí la puerta de la nevera y comencé a vaciar cosas, a limpiar todos los estantes e incluso creo recordar que saqué todas las bandejas y las fregué varias veces, como si en lugar de guardar comestibles en el frigorífico tuviésemos residuos radioactivos y altamente contaminantes. Si, es verdad, leyendo las etiquetas de algunos productos parece que en lugar de alimentarnos hacemos mezclas químicas en nuestro organismo, pero lo normal es que las neveras no acumulen tanta porquería como para estar toda la tarde limpiándola, como hice yo aquel viernes.

Pero no quería hablar de mis proezas con la bayeta y el estropajo, que para eso está el increíble Braulio Mackenzie, sino del Síndrome del Nido. Y pienso en el Síndrome del Nido porque en estos días comienzo a reorganizar mi libreta mental de intenciones y proyectos pensando en todo lo que haré el próximo año. Organizo mi escritorio, reciclo viejos papeles, comienzo nuevos cuadernos con cronogramas anuales y anotaciones sobre los libros pendientes de lectura y los relatos que intentaré escribir. Me prometo a mi mismo que intentaré escribir a mis amistades un poco más, o al menos un poco. Hago listas con los viajes y las cosas que pretendo hacer en el año 2016. En fin, que todo el mundo hará lo mismo al acercarse el fin de año.

Se trata de una fase que suele durar unas semanas y que en mi caso suele ser repetitiva por partida doble. Es en estas fechas cuando más suelo organizar mis prioridades y suelo anotar las mismas cosas. Las listas van repitiéndose año tras año y sucede que algunos de los propósitos van pasando de una lista a otra hasta que finalmente desaparecen en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Lo más curioso es que casi siempre anoto como objetivo dejar de hacer listas y planes y pasar a la acción, no perder tanto el tiempo buscando razones para la acción o excusas para la inactividad y finalmente suelo llegar a los últimos días del año con con un ataque intenso del Síndrome del Nido y comienzo a organizar de forma compulsiva mis prioridades e intereses para que al final todo continúe igual. O tal vez no.       
                       
Vayamos terminando ya. Es hora de dormir.





2 comentarios:

  1. ¡A ver como te va con las prioridades este año!

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    1. Feliz año Pascual!!
      Al final voy aplicar el concepto de "incentivo de variedad" a mi vida y en lugar de anotar entre mis objetivos leer y escribir voy a intentar comenzar a hacer un montón de cosas nuevas, probar durante un tiempo y si no me gusta pues a otra cosa.
      Y tú tienes algún proyecto nuevo? Acepto invitaciones para colaborar en cualquier cosa en la que pueda colaborar!!!
      Un saludo y muchas gracias por pasarte por aquí.

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