Tarde de paseo, tarde de disfraces. Unos desfilando, pasándoselo bien, caminando por el centro de la calle mientras otros permanecemos en las aceras, mirando, acostumbrados a observar en lugar de participar. La incongruencia de las ciudades actuales es que son los consistorios los que tienen que organizar actividades para que los ciudadanos participen y ocupen las calles. Sienten que una de sus obligaciones es mantenernos distraídos, sacarnos a la calle para entretener o para ser entretenidos. ¿Qué otra cosa son los desfiles de carnaval? Acaso no son nuestros vecinos los que se disfrazan, los que van con una comparsa o incluso ellos solos para mayor deleite de sus conciudadanos. Si, era la vecina del tercero la que iba vestida de cigüeña y era el del bar de enfrente el que iba de Bob Esponja. Y todo perfectamente organizado por el Concejal de turno, por el responsable del ocio de los ciudadanos. Y es que ese es el problema del mundo moderno. Necesitamos que nos organicen un poco la vida para tener algo que hacer el domingo o un día festivo que coincida entre semana. O eso o ir a la aldea...
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