Precursora.
Como
suele suceder, cuando más leo más patentes se hacen mis lagunas
literarias. Cierto que se trata de un tipo narrativo, la distopía,
que suele tener más relevancia en las adaptaciones cinematográficas
que en el mundo literario (ya sabéis, esas gentes que marcan unha
diferencia clara entre escritores y escritoras, a secas, y
“escritores de”) y que no podemos conocer a todos los autores
relevantes, pero es que en esta novela de Yevgueni Zamiatin está la
temática y el estilo que se repetirán a lo largo de los años en
las obras de Huxley, Orwell, Atwood o incluso McCarthy.
Se
trata de un escritor ruso de principios de siglo que tuvo que
exiliarse al triunfar las revoluciones rusas y que murió en París
en la extrema pobreza. A pesar de ser ingeniero de profesión, se
dedicó durante toda su vida a la literatura, creando revistas, obras
de teatro, novelas y relatos breves. En su época gozó de
reconocimiento y de prestigio, siendo reconocido como precursor tanto
por Huxley como por Orwell, pero durante muchos años fué un autor
olvidado, tal vez por la censura que vivió en Rusia (esta novela no
se publicaría hasta 1988) o por la poca repercusión que hasta hace
poco tenían las literaturas de ciencia ficción en otras lenguas que
no fuesen el inglés.
El
argumento de “Nosotros” se ha repetido en innumerables novelas y
películas. Una sociedad en la que el individuo pierde todos sus
derechos a favor de la colectividad. De hecho, en el mundo de cristal
que propone Yevgueni las personas no tienen nombre sino números. Sus
rutinas están totalmente programadas, sin apenas opción de
cambiarlas y en todo momento están controladas por un juez supremo
llamado Bienhechor, al que todos siguen y obedecen sin ningún tipo
de cuestionamiento.
Obviamente,
la trama se centra en el despertar de un individuo, la toma de
conciencia de si mismo como algo distinto al grupo, el encuentro
casual con una persona ya iniciada que obliga al protagonista a
replantearse sus creencias sobre la vida y sobre la sociedad que le
ha tocado vivir. D-503 descubre que fuera de los límites de la
ciudad existen hombres y mujeres que non creen en el sistema y que
aguardan una revolución que cambie las cosas, que despierte
conciencias. Y aunque el intento de rebeldía del protagonista es
descubierto y atribuído a una enfermedad que se soluciona extirpando
de su cerebro aquello que le hace soñar y experimentar amor, al
final siempre habrá hombres y mujeres que prefieran vivir lejos de
la sociedad antes que someterse a los imperativos de un sistema en el
que lo importante nunca es el individuo sino el colectivo.
Como
suele ocurrir con las novelas que abren nuevos caminos, no es la
calidad literaria lo que hace de esta obra un referente en la
literatura de ciencia ficción. Se trata más bien de una obra
fundacional, del origen de todo un género que a lo largo de los años
ha evolucionado a formas cada vez más elaboradas de distopias, desde
sociedades futuristas en planetas lejanos hasta pequeños reductos de
seres humanos que sobreviven después de un cataclismo geológio, de
una guerra o de un virús. Siempre habrá, como diría ya algunha
poeta, personas que busquen la libertad y que se planteen si
realmente vivimos en el mejor mundo posible.