viernes, 14 de abril de 2023

Identidades.

 


¿Quienes somos? ¿Que rasgos nos definen? Nuestra identidad es algo cambiante y varía dependiendo de quien nos ve, de la persona que nos define. No somos la misma persona a los catorce años que a los cuarenta y nueve, y no solo por la madurez física y los cambios mentales que se nos presuponen, sino también por los roles que desempeñamos. No es lo mismo ser hijo que ser padre, aunque el mensaje básico del cristianismo sea convencernos de que existe algo que permanece inalterable, que nuestra esencia es la misma a pesar de los innumerables yos que habitan en nosotros en las distintas épocas de nuestras vidas. 

Saber quien somos es a veces muy complicado, y solemos confundir nuestra identidad con la identidad que nos otorgan los demás. Es útil, algunas veces, saber como nos ven los demás. Podemos ser un compañero de trabajo, una madre, un buen hijo, la presidenta del club de senderismo o el más animado de la pandilla. Pueden vernos como una persona taciturna, confiable, irascible, generosa, imprevisible, empática o incluso de alguna otra manera que nosotros ni nos imaginamos.

Y sin embargo todas estas definiciones y roles que representamos no llegan a decirnos quien somos. Nos describen tal vez, nos sitúan en una época y nos aportan información sobre como nos relacionamos con los demás, pero no llegan a responder la gran pregunta pues nuestra identidad verdadera, nuestra esencia, solamente nosotros podemos conocerla. Y con el paso de los años descubrimos que famoso aforismo griego que nos impele a conocernos a nosotros mismos encierra mucha más complicación y trascendencia de la que puede parecer a simple vista. De hecho, da la impresión que con la edad descubrimos más matices y más recovecos en nuestra personalidad. Lo que antes nos parecía inmutable puede cambiar, y resulta que aquello que era imposible y totalmente ajeno a nosotros se vuelve posible. Cambian las expectativas y los propósitos de vida, y a veces descubrimos nuevas potencialidades que ni sospechábamos que pudieran existir en nuestro interior. 

Tal vez lo que nos define y lo que nos hace ser como somos es la capacidad de reconocernos en todas las realidades que fuimos y tener la voluntad necesaria para llegar a ser la persona que queremos ser. 

jueves, 13 de abril de 2023

Los años. Annie Ernaux.

 


Sublime.

¿Cabe una vida en una novela? Se puede reflejar toda una experiencia vital en apenas trescientas páginas. Annie Ernaux lo consigue, y de manera magistral. Con un estilo propio y muy personal consigue hacernos partícipes de los acontecimientos más destacables de la vida de una mujer nacida durante la segunda guerra mundial, en una ciudad de provincias de Francia. Son unas cuantas fotografías las que sirven de armazón argumental para ir narrando su experiencia vital, los sentimientos que experimentaba en aquellos momentos, las esperanzas que depositaba en la vida y las decepciones que iban sufriendo.

El uso de la primera persona del plural es un acierto total. Se trata de una narración autobiográfica, pero a la vez colectiva, generacional. Los avatares históricos, los avances sociales, los cambios culturales y tecnológicos, todo le sirve a la autora para dejar constancia del paso del tiempo y de como este va moldeando la sociedad en la que le tocó vivir. La cena familiar es un leitmotiv que se repite a lo largo de las páginas y de los años, y se convierte en un indicador perfecto de cómo van cambiando las conversaciones y las costumbres en cada época. La ropa, las vacaciones, el deseo, la llegada del consumismo, la muerte de la ideología. Todo aparece como una inmensa enumeración de sensaciones y de sentimientos.

Por veces el estilo se vuelve poético, con un fuerte componente filosófico que nos hace pensar. Sentimos que ese plural nos incluye a nosotros también. Descubrimos que muchos de los sentimientos que experimenta la escritora son nuestros, nos reconocemos en algunas de las fotografías que describe, somos parte de esa sociedad que sufre desengaños políticos, que busca algo que no encuentra y acaba refugiándose en la apatía y la indiferencia para no tener que enfrentarse a una realidad que no es por la que habíamos luchado en nuestra juventud.

No había leído nada de la extensa obra de Annie Ernaux, pero es una escritora prolífica y con numerosos premios, entre ellos el Nobel de Literatura en el año 2022 y no tengo duda de que en breve habrá que leer alguna otra novela de esta autora francesa.


miércoles, 12 de abril de 2023

Licuefacción.

 


La primera vez ni siquiera fui consciente de lo que estaba haciendo. En el cristal empañado de la marquesina alguien había dibujado una carita sonriente y yo, sin darme cuenta, había completado la figura con un gorrito de Papa Noel y una gran pipa. Al día siguiente ni siquiera recordaba el dibujo, iba pensando en el examen de mates y en lo que me había dicho Julia sobre las notas de la EvAU cuando lo encontré. Esta vez, además de la carita sonriente había una sombrilla y un sol radiante. Con cierta sorpresa miré a mi alrededor buscando a alguna persona que estuviese mirándome, pero todo el mundo parecía ensimismado en sus asuntos y preocupaciones. Dibujé el borde una playa y un delfín, y me subí al autobús con un cosquilleo especial en la barriga, como cuando hacemos una pequeña travesura y deseamos que nos descubran. 

Al día siguiente llegué diez minutos antes a la parada con la esperanza de descubrir quien era la persona que hacía los dibujos, pero llegué tarde pues en el vidrio mojado ya habían dibujado un bonito paisaje con dos árboles y un sol asomando por detrás de una montaña. Yo completé el cuadro con dos figuras subiendo por la montaña y un pequeño pájaro en uno de los árboles. 

Los días siguientes me dediqué a completar los dibujos que otra persona comenzaba, y aunque sabía que era casi imposible, me gustaba pensar que era un juego y que esos dibujos estaban ahí para que yo los perfeccionase. Incluso un día casi le doy un empujón a una odiosa niña que esperaba el autobús escolar cuando descubrí que se había apoyado en el cristal y con la capucha de su abrigo había borrado gran parte del dibujo.

Un día, de manera algo inconsciente, escribí un par de signos de interrogación y en medio una taza de café. Algo ridículo, pensé, pues lógicamente la persona que dibujaba por las mañanas en el cristal de aquella marquesina no podía saber que unos minutos más tarde yo completaba sus "cuadros". Y aún así, pasé el día pensando en lo que haría si obtenía alguna respuesta, y por la noche incluso tuve algún sueño en el que por fin ponía rostro a aquella persona desconocida. 

Al día siguiente, el nerviosismo y la curiosidad hicieron que llegara a la parada un cuarto de hora antes, y el corazón casi me da un vuelco cuando lo vi.

Unas cintas de la policía local rodeaban lo que quedaba de la marquesina que el camión de la basura había hecho añicos un par de horas antes. 

martes, 11 de abril de 2023

El último viento (V)

 


Ángela aún no había tenido su primer enamoramiento cuando había empezado a escuchar aquella voz. Una voz dulce y muy sugerente que había estado presente en los momentos más importantes de su vida. Gracias a aquella voz se había reunido con los miembros de Acimut durante las Segundas Revueltas y había acabado liderando las negociaciones con los Limanos; había conspirado más tarde para lograr una coalición contra el Darwen y finalmente había obtenido el poder necesario para unificar todo el tercer cuadrante. Aquella voz había sido algunas veces una inspiración y otras una auténtica revelación, y durante sus largos años de gobierno, de lucha o de huidas siempre había estado presente de alguna manera.

Y su último mensaje había sido más claro que nunca. Debía encontrar al viejo Arwall Ortega, aquel Biociborg que lo había cambiado todo muchas décadas antes y al que ya nadie recordaba. Ella, que hacía años que estaba retirada de toda acción volvía a tener una misión que cumplir, y esa misión consistía en buscar a otro veterano en viejas batallas que llevaba una eternidad perdido y olvidado del mundo.

Y fue así como volvió a recurrir a sus antiguas amistades, movió algunos contactos y pidió el pago de viejas deudas con favores nuevo. Consiguió que las Buscadoras, a cambio de una importante suma, encontrasen para ella a Arwall. Y finalmente se encontraba a punto de despertar de su letargo intencionado a aquel héroe de otros tiempos, el mismo que había evitado la extinción de toda una raza, y no solo eso, sino que con el tiempo de había convertido en el líder de la revuelta y el defensor de un entendimiento universal entre diferentes formas de vida. Pues Arwall Ortega era reconocido como salvador no solamente por los humanos puros, sino también por los Biociborg, por los androides de última generación y por los desfasados ciborg que se habían librado de la rehabilitación neutra.

Una vez más, fue esa voz interior la que le indicó que no iba a necesitar más los servicios de las Buscadoras, aunque se quedó más tranquila al saber que su nave permanecería en órbita siete días más. Era el protocolo que tenían establecido para los casos en los que sus clientes llegaban a un planeta alejado de las rutas comerciales y de las bases coloniales. Los buscados no siempre querían ser encontrados, y su reputación se basaba también en la protección que ofrecían. No se trataba solamente de encontrar, sino que garantizaban que el buscador seguía vivo, por lo menos unos días después de llegar a sus destino.

Por eso para Ángela supuso un alivio saber que durante unos días tendría las espaldas cubiertas y una opción de huida activada. En el caso de que el asunto se complicase con Arwall siempre podía solicitar un desalojo inmediato, aunque algo le hacía confiar en que todo iba a salir bien. Aquel ser que ahora tenía delante de sus ojos no parecía ser una amenaza. Más bien daba la sensación de ser un ciborg viejo y obsoleto que no representaba ningún peligro sino que parecía necesitado de atención y cuidados urgentes. Se acercó sigilosamente, sin aspavientos y atenta a cualquier reacción por parte de aquel ser Y no pudo evitar dar un salto hacia atrás cuando Arwall Ortega abrió los ojos, se puso en pie y mirando directamente el rostro de la mujer le dio la bienvenida.

- Te he estado esperando, Ángela. Los tiempos de los viejos bardos de las pretéritas edades han llegado. Hoy, las vaguedades y las incertidumbres llegarán a su fin.


domingo, 9 de abril de 2023

Timón



Nada más útil en la vida que tener un buen timón y la habilidad suficiente para mantener en rumbo.

Y la claridad mental para saber cuál es el camino a seguir.

sábado, 8 de abril de 2023

Placidez

 


Aquel hombre roncaba a nuestro lado como si no hubiese un mañana, como si las placas tectónicas volviesen a hacer temblar los cimientos de la isla. Aquel hombre vivía un momento de plenitud, un nirvana estentóreo, un éxtasis místico entre la mundanal tarde en la que los mortales habitábamos y su mundo interior repleto de ecos de otros tiempos. 

Era feliz,sin duda, y la felicidad se hacía patente en cada expiración, en cada inspiración larga, interminable, sublime. Y era una felicidad tan expansiva, tan capaz de llenarlo todo que a su paso solo quedaba el silencio. Callaban los alemanes y los niños; las inglesas y las niñas que se habían apoderado de la piscina. Callaban los pajarillos en las palmeras y los jugadores de pádel interrumpían sus partidos por extrañas vibraciones en los cristales.

Era, simplemente, un hombre que roncaba, pero era tal su entusiasmo y su capacidad pulmonar que diríase descendiente del mismo dios del trueno.