jueves, 16 de marzo de 2023

El último viento (III)

 


La llegada de las Buscadoras arrancó a Ángela de sus ensoñaciones. Aunque la entrada en aquel puerto no era de las más complicadas, el buque tuvo que realizar varias maniobras de aproximación antes de situarse en la vertical de la dársena. Todo estaba organizado desde hacía mucho tiempo. La ruta había sido trazada de forma tan precisa que casi sabían en que lugar tendrían que estar en cada minuto del viaje. Y sin embargo, las Buscadoras llegaban con retraso.

Ángela sabía que sería totalmente inútil mencionar este hecho. Las Buscadoras nunca daban explicaciones. Era uno de los puntos que siempre aparecían en sus contratos. Buscaban y encontraban todo lo que pudiese ser encontrado, ya fuese un ser vivo, un objeto o algún tipo de energía o de fuerza neutra. Las Buscadoras se tomaban su tiempo para analizar la propuesta que recibían y hacían sus propias averiguaciones antes de comprometerse, pero una vez que se comprometían el cliente podía tener la certeza de que cumplirían su parte del negocio.

Ángela lo sabía, y por eso no le importó tener que esperar una estación entera en aquella ciudad antes de recibir la respuesta. Podía haber recurrido a sus contactos, pero necesitaba discreción. Lo que se proponía hacer no era ilegal, pero tampoco podía considerarse como algo totalmente lícito, y no quería comprometer a nadie en aquella empresa. Y si de algo estaba segura era del silencio que guardarían las Buscadoras. El hecho de que el punto de encuentro fuese en aquella remota dársena era una prueba de que aquellas personas tenían muy claro que la discreción era un valor añadido a los trabajos que ofrecían.

Una mujer abrió la escotilla de embarque y con un gesto seco y áspero invitó a Ángela a subir al buque. Tal y como le indicaran, viajaría ligera de equipaje y sin ningún tipo de arma, aunque Ángela había conseguido que le permitiesen llevar con ella su bastón, con el pretexto de que sus ya largos años hacían que necesitase un apoyo para caminar. Por eso, cuando la mujer vio que subía de un salto y sin ningún tipo de ayuda esbozó una media sonrisa que a Ángela no le pasó desapercibida. Tuvo la certeza de que aquellas personas sabían perfectamente quien era y que si habían aceptado el trabajo era porque habían valorado los pros y los contras y tendrían algún plan B para el caso de que algo se torciese. Imaginó que serían mujeres acostumbradas a este tipo de asuntos y con muchos recursos, y tenía ganas de compartir experiencias con ellas.

Lo que no imaginaba es que pasaría los siguientes cuatro días sin ver a nadie. Sabía que alguien tenía que acompañar a la mujer que la recibió cuando embarcó, pero desde aquel día no había visto a nadie, y comenzó a pensar que tal vez las Buscadoras ya habían encontrado lo que les había encomendado y su presencia en aquel buque se limitaría a ser una pasajera a la que llevan de un lugar a otro.

Al quinto día llegaron a su destino. Y no hizo falta que nadie se lo dijese. No podía haber imaginado que después de tantos años volvería de nuevo a punto de salida. 



miércoles, 15 de marzo de 2023

A chave máxica

 


Esta é a chave que as fadas lle deron a Violet.

Bueno, mellor empezo dende o principio.

Era un venres do verán. O primeiro venres dende que comezaran as vacacións, e Violet non puido agardar máis para achegarse ao lago Oreta, tal e como as fadas lle dixeran.

Puxo o colgante, meteu unha mazá e un paquete de pistachos na mochila que lle regalaran no Museo de Ciencias Naturais (algún día falareivos dese día), e saíu polo camiño dos carballos cara ao lago Oreta.

Mentres ía camiñando deuse conta dunha cousa, o río Bolb e o lago Oreta formaban a palabra bolboreta, e foi rematar de dicir esa palabra cando centos de bolboretas de distintas cores apareceron polo camiño e guiaron a Violet cara ao lago.

Para a súa sorpresa, no lago estaban Eric e Bruno collendo amorodos, e Ánxela pescando coa cana que lle pedira "prestada" ao seu pai.

Como eran moi amigos, Violet contoulles que estaba facendo o que as fadas lle dixeran que fixera, e eles quixeron acompañala. Tamén Ánxela quixo acompañala xa que levaba tres horas alí sentada e ningún peixe se achegara á súa cana.

Como non sabían moi ben o que debían facer, comezaron a bordear o lago sen atopar nen rastro das fadas ou dalgún lugar máxico. Entón a Eric ocurríuselle que tal vez habería que facer algo co colgante.

- Eu lin nun conto que hai que dicir as palabras máxicas para que apareza a máxia - dixo Bruno.

E así comezaron a dicir frases que leran nos libros:

- Abracadabra!

- Fada fadiña, ven axiña!

- Polo poder do talismán, que se abra o chan!

- Por favor, un bocata de nocilla - dixo Ánxela, que ademáis de ser algo lambona comezaba a ter fame.

- Ánxela! Lambona! - berraron os tres escachando coa risa.

Ninguha das frases parecía ter efecto, e algo desanimados sentáronse a descansar na beira do lago, e como facía moita calor decidiron darse un baño.

E foi cando o colgante de Violet entrou en contacto coa auga, cando apareceu, no medio de lago, unha luz moi intensa. Sorprendidos, descubriron que a auga ía apartándose a medida que eles camiñaban cara a aqueles destellos tan estranos.

Ao chegar ao medio quedaron asombrados ao ver o que viron, pero vos nos saberedes do que se trata até o seguinte capítulo.

(Así que xa sabedes, a seguir o blog se queredes continuar a historia!)

(Está historia está sendo escrita pola miña filla A.)



martes, 14 de marzo de 2023

El último viento (II)

 




Para Arvall Ortega la vida había sido una inmensa montaña rusa, y no quiero que se pongan ustedes estupendos pensando que el narrador está de algún modo bromeando con la procedencia del bueno de Arvall. El narrador, obviamente, narrará lo que yo quiera que narre, que para eso soy el autor (según mi editora) el escritor (para uno de esos intelectuales en busca de subvenciones) el creador de contenido (como se autodenomina ahora la juventud que, como siempre ha sido, creen que han descubierto una nueva forma de expresión cuando en realidad nihil novum sub sole, que dicen que dijo ya Salomón hace miles de años, que además de muy antiguo era muy sabio)


Pero volviendo al hilo de la narración, cuando decimos que la vida de Arvall había sido como una montaña rusa no queremos minusvalorar lo azarosa que es cualquier vida sino mostrar cierta sorpresa ya que si alguien había llegado a este mundo con un camino más o menos marcado, ese era Arvall Ortega. En sus primeros años nada había quedado al azar. Su alimentación, su educación, su formación física. Todo estaba planificado de antemano y todo parecía desarrollarse dentro de los cauces establecidos, pero algo sucedió que no estaba contemplado en ninguna de las simulaciones realizadas con anterioridad. Los matemáticos que realizaron los cálculos de probabilidades jamás habían pensado en que algo así pudiese acontecer, los sociólogos no anticiparon ninguno de los acontecimientos acontecidos durante la segunda década de vida de Arvall y los físicos y los químicos no tenía marcos teóricos para explicar el mundo después de dichos acontecimientos. Todo cambió de repente, y fueron muchos los que se perdieron en aquellos primeros días del nuevo mundo. Pero Arvall Ortega parecía especialmente adaptado a casi todos los cambios que sucedieron en un muy corto periodo de tiempo.


El no lo sabrá hasta muchos años después, pero su presencia y su capacidad innata para la comunicación fueron fundamentales para que el primer contacto pudiese tener lugar, aunque este ansiado por muchos primer contacto resultó ser el principio del fin para la civilización que lo había creado. Aún hoy existe cierta controversia al respecto y el propio Arvall no tiene una explicación concluyente para su singularidad, a pesar de haber estado en contacto con formas de vida mucho más avanzadas y tener acceso a información que sobrepasa los límites de nuestra limitada comprensión (incluso la del sabio Salomón).


La única certeza que tenemos es que Arvall Ortega fue el único que pudo comunicarse con ellos cuando llegaron, y que fue ese destello de inteligencia que encontraron en el lo que evitó que convirtieran nuestro planeta en una simple fuente de recursos. Y resulta tremendamente perturbador que fuese el primer Biociborg creado artificialmente en un laboratorio el que salvase a la especie humana. Arvall Ortega había sido creado y programado para conducir la primera expedición de prospección al cinturón de asteroides y finalmente fue el primer contactado de la civilización humana.



lunes, 13 de marzo de 2023

El último viento.

 


El viento en su rostro. Ese sería uno de los primeros recuerdos que acompañarían a Ángela durante toda su vida. El viento en su rostro y esa extraña claridad que lo envolvía todo después del largo viaje. Su abuela siempre le había dicho que al llegar todo sería inmenso y sorprendente, que mirase a donde mirase todo le parecería extraño y hermoso a la vez, pero ella lo único que al final recordaría de aquel día sería el viento en su rostro.

Aún ahora, con el paso del tiempo y los miles de lugares en los que ha estado, no puede evitar buscar esa sensación cada vez que llega a un nuevo destino. Levantando sus ojos hacia el lejano horizonte busca revivir aquella sensación, el antiguo viento de su infancia, cuando el mundo, y ella misma, eran todo novedad.

Tal vez por eso no pudo evitar dar un respingo cuando en aquella remota dársena volvió a sentir de nuevo aquella sensación. Una mezcla de melancolía y de agradecimiento se formó en su corazón y supo que de algún modo había llegado a un final, a algún tipo de final. No pudo evitar pensar en aquel primer viaje y en su abuela. Gracias a ella habían emprendido aquel viaje, huyendo de un mundo caduco y olvidado y de un destino que no podía ofrecerle nada más que penurias y resignación.

Fue su abuela la que la despertó aquella madrugada, el día antes del Ritual, y la obligó a caminar durante toda la noche hasta llegar al puerto. No sirvieron de nada sus lágrimas y sus quejas, y durante horas no obtuvo más respuesta de su abuela que las siete palabras que quedarían grabadas para siempre en su memoria, a pesar de estar pronunciadas en una lengua que aún le resultaba desconocida:
- Nac surivi tea liman affriske nalivi org-

Hasta aquel día, su relación con su abuela había sido distante y exenta de cualquiera muestra de afecto. No es que su abuela fuese distinta a las demás abuelas, simplemente las normas establecidas muchas décadas antes había establecido que las muestras de cariño eran algo superfluo que debía evitarse, y las familias acabaron por evitar, incluso en la intimidad, mostrar sus sentimientos y sus emociones.

Aquel primer viaje juntas fue para ella un descubrimiento, un acercamiento a un mundo casi tan novedoso como aquel que descubriría cuando llegasen a su destino. Durante las semanas que duró la travesía su abuela le habló sobre como era el mundo antes de la llegada de los Limanos. Y no solamente eso, sino que le enseño su antigua lengua y como su abuela era muy buena enseñando y Ángela era muy inteligente y aplicada, al llegar a su destino supo que aquellas enigmáticas palabras que quedarían para siempre asociadas a su abuela quería decir "No permitiré que los Limanos hagan contigo lo que me obligaron a hacer con mi hija".


domingo, 12 de marzo de 2023

A chave máxica.

 


Ao sur das Montañas Biruxe, entre o río Bolb e o lago Oreta había unha pequena vila na que a vida era moi divertida e agradable. Non facía moita calor no verán nen moito frío no inverno. Nevaba de cando en vez, e sempre chovía o suficiente como para que non houbese sequía e nunca tanto como para provocar innundacións. 

Era, en definitiva, unha vila perfecta para vivir, pero moitas mañáns todo o mundo parecía alterado e podíanse oír berros e enfados por todas partes. Nas tendas e nas casas aparecía todo revolto, coas cousas cambiadas de lugar ou mesmo escondidas debaixo das mesas ou metidas en lugares nos que non deberían estar. 

Así, cando o zapateiro chegaba ao seu taller e descubría que todo estaba desordenado comenzaba a rosmar e pensaba que foran os fillos da viciña os que entraran pola noite a xogar coas súas cousas, e a viciña, que tamén tiña a casa desordenada, pensaba que foran os fillos do zapateiro. E o mesmo pasaba co froiteiro e co pescadeiro, e co taberneiro. Todos chegaban pola mañá aos seus traballos e o tiñan todo desordenado.

Como a situación se repetía unha e outra vez, os viciños reuníronse e decidiron tomar medidas. Ao principio botábanse as culpas uns a outros, pero cando comezaron a vixiar polas noites e a facer quendas para descubrir aos culpables de tanto desorde nocturno descubriron que algunhas noites baixaban das montañas tres luces que vagaban polas rúas do pobo e entraban en todas as casas e en todos os comercios. 

Non tardaron en decatarse de que eran tres pequenas fadas pero cando quixeron falar con elas e preguntarlles porqué facían o que facían non puideron entenderse con elas. Como todos sabemos, as fadas son moi reservadas e só falan con quen elas queren e cando lles peta.

Unha noite na que estaban na panadería espertaron a Violet, a filla da panadeira, e cando a nena se achegou, elas non marcharon senón que lle explicaron que o que andaban buscando era a chave do portal que había no lago Oreta. Era unha chave máxica que só se podía ver polas fadas nalgunhas noites e por iso, de cando en vez, baixaban a rebuscar polo pobo. 

A partir dese día todos quixeron axudar ás fadas. Deixábanlles vasiños de auga e froitos secos, e moitos nenos e nenas quedaban espertos polas noites agardando a visita das fadas para axudarlles a buscar a chave máxica. Ata que un día, na casa de Violet, a chave apareceu. 

As fadas quixeron agradecerlle a Violet a axuda, e por iso lle regalaron un colgante con forma de gato e lle dixeron que cando chegara o verán fose a visitalas ao lago Oreta co colgante posto.

Dende aquel día Violet foi riscando no calendario os días que ían pasando antes das vacacións de verán.  

 (Like para a segunda parte)




sábado, 11 de marzo de 2023

El loro de Flaubert. Julian Barnes.

 


Exclusiva.

Sin duda gran parte del éxito de críticas que tuvo esta novela en su momento se debe a que parece una obra escrita para críticos literarios y profesionales de la literatura. No en vano, el protagonista es un especialista en la vida y obra de Flaubert que está obsesionado con saber que fue del loro disecado que el autor de Madame Bovary tuvo en su poder mientras escribía un relato corto llamado "Un corazón sencillo".Y la historia de este loro tiene su miga, sobre todo porque existen dos o tres lugares que dicen tener el verdadero loro que inspiró a Gustave a escribir su obra.

Sin duda, Julian Barnes se divirtió bastante escribiendo esta novela, sobre todo por la libertad con la que pasa de un estilo a otro, empleando sin ningún pudor un estilo más propio del ensayo para explicarnos un sinfín de anécdotas sobre el loro y sobre Flaubert, los contactos que mantuvo con sus coetáneos y las rarezas del escritor. No me extrañaría que parte de esta novela formase parte de algún tipo de tesis o trabajo universitario del autor.

A pesar de que la trama no llega a ser demasiado interesante en ningún momento, la novela está muy bien escrita y ofrece algunas reflexiones sobre la condición humana y sobre las obsesiones que a veces se apoderan de nosotros. Acompañamos al doctor Braithwaite en su búsqueda y compartimos sus inquietudes y sus vicisitudes, y por momentos llega a parecernos interesante ese halo de misterio que nos hace dudar de sus verdaderas intenciones. Acaso no hay ciertos aspectos de su personalidad que parece compartir con Flaubert; algunas taras en sus relaciones personales, sobre todo en sus relaciones con su mujer, que parecen indicar que también el protagonista es una persona de carácter complicado y a veces caprichoso.

De todos modos, el protagonista de la novela es la obra de Flaubert, ya no tanto el loro o el propio escritor, sino más bien su vida, cómo influyeron las relaciones que mantuvo con otros intelectuales y escritores de su época en su personalidad y en sus escritos. Y aquí es donde el estilo a veces algo intrincado y oscuro se adapta perfectamente a la narración. No es fácil comprender una personalidad como la de Flaubert del mismo modo que a veces no es fácil la lectura de El loro de Flaubert. Hay numerosos matices que seguramente se nos escapan, reflexiones vitales y filosóficas que hacer que esta novela requiera cierto esfuerzo intelectual por parte del lector. No se trata de una novela complicada ni con un lenguaje rebuscado o demasiado académico, pero hay algunos tramos en los que el contexto es mucho más importante que la trama y el autor, más que el protagonista, emplea páginas y páginas en describir alguna batalla o algún suceso de la época.

Y este es otro punto en el que la novela, desde mi punto de vista, no llega a ser creíble de todo. Demasiadas veces escuchamos al autor en lugar de al narrador. Tal vez por tener tantas páginas en las que no sucede nada, o por el exceso de datos históricos y académicos. Lo cierto es que el narrador no llega a convencernos, se nota cierto artificio en su discurso y esto no estaría mal si al final hubiese algo más, un descubrimiento que diese sentido a las decenas de páginas que parecen formar parte de un trabajo académico; una relación directa entre el narrador y el loro; que al final el loro fuese una cacatúa... Me esperaba algo así, la verdad.

En definitiva, El loro de Flaubert es una novela bien escrita y entretenida que hay que leer si estás interesada en la vida y obra de Flaubert y en el contexto social, cultural y político en el que vivió (la Francia de la mitad del Siglo XIX). 


viernes, 10 de marzo de 2023

Gominolas

 


Son las pequeñas cosas de cada día las que endulzan las vidas. Un buenos días con una sonrisa en la boca; doble de galletas con el café; el amable conductor que nos cede el paso en la rotonda; la dependienta que nos ayuda con un libro que parece esconderse de nosotros...

Son pequeños detalles que van iluminando nuestro camino como las lejanas estrellas iluminan el firmamento nocturno. Quizás su influencia no es imprescindible para vivir, pero si hacen que todo tenga un color distinto, que el mundo sea más agradable.

Y así, un día cualquiera nos pillamos unas chuches y caminamos bajo la lluvia compartiendo esa pequeña alegría que da el azúcar y su cara de plenitud. Tal vez el truco está en centrarse en ese preciso  momento, en hacer que todo gire en torno a esa gominola que ahora están comiendo. 

Sin duda, si nos centrásemos más en esas pequeñas cosas que nos hacen felices todo giraría mejor y el mundo sería un lugar más dulce.