jueves, 12 de enero de 2023

La cresta de Ilión. Cristina Rivera Garza

 



Extrañeza.

No todas las novelas tienen que contar una historia ni todas las historias tienen que seguir una trama en la que los personajes hacen cosas o viven experiencias. Hay toda una literatura basada en las experiencias obtenidas a través de estados alterados de conciencia. Las drogas, la meditación, la introspección o incluso el abuso de ciertos programas de televisión son medios de los que se han servido las escritoras y escritores a lo largo de la historia para crear algunas obras maestras.

La cresta de Ilión es una novela que tiene algo de fantástico y extraño que hace que no sera fácil clasificarla. Tiene, sin duda, múltiples lecturas, y puede interpretarse como un estudio sobre el concepto de género y sus borrosos límites actuales (líquidos, que diria el filósofo); como una reflexión sobre el deseo y sus circunstancias; como la historia de un hombre solitario que llega a sentirse un extraño enloquecido en su propio hogar, como una historia sobre desapariciones físicas y pérdidas de identidad o simplemente como un relato fantástico sobre apariciones.

Confesaré que leí la novela sin saber muy bien lo que Cristina Rivera Garza me estaba contando. Pero debo decir también que está muy bien escrita y que posee algunos giros en la trama que hace que sigamos leyendo. Sin duda tiene múltiples interpretaciones, y seguramente todas son válidas pues si algo tiene el arte es que admite distintas visiones y provoca reacciones diferentes según la época o el contexto en el que sea interpretado. Y hay siempre unas claves personales que hacen que nos conmovamos antes unas obras y que otras nos dejen indiferentes.

Ocurre a veces que al acabar una lectura necesitamos saber algo más, tenemos curiosidad, y fue esta curiosidad la que me llevó a buscar algo de información sobre esta autora mexicana y más concretamente sobre esta obra. Y así descubrí que se trata de un homenaje a otra escritora mexicana, Amparo Dávila, cuya obra está encuadrada dentro del género fantástico. De este modo, muchas de las imágenes oníricas y fantásticas que aparecen en La cresta de Ilión hacen referencia a distintos relatos de Ámparo Dávila. Son claves que seguramente harían la lectura más rica en matices, del mismo modo que los contemporáneos de Cervantes disfrutarían del Quijote de un modo más pleno de lo que podemos hacerlo ahora pues conocían muchas de las Novelas de Caballerías que menciona Don Alonso Quijano y muchas de las descripciones de las ventas, de las costumbres e incluso de algunos personajes son parodias de la vida cotidiana del siglo XVI. Igual que ahora algunos disfrutan de ciertos programas de humor que solamente se entienden si conoces el contexto al que hacen referencia.

Otra peculiaridad de esta novela es que ha sido escrita en español, traducida al inglés y a partir de esa traducción reescrita en español quince años después. La autora explica que se siente habitante de la frontera, entre dos culturas, y que las dos forman parte de su forma de pensar y de escribir. Por eso esta novela está muchas veces en terreno fronterizo y nos resulta difícil catalogarla. Por momentos pensamos que se trata de novela negra, aparecen rasgos de novela fantástica, se mezclan elementos surrealistas.

En definitiva, una novela interesante si nos gustan las novelas que dan libertad al lector para hacer interpretaciones y que exigen cierto esfuerzo de imaginación y cierta paciencia al descubrir que apenas existe una trama, pues al final de la novela sabemos tan poco de esas mujeres que no podemos decir si verdaderamente existen os son fruto de la mente alucinada del protagonista. Tal vez aquí resida el mensaje de denuncia que la autora quiere transmitir con respecto a las desapariciones de mujeres. Si nos acostumbramos a oír hablar de mujeres que desaparecen sin dejar rastro podemos acabar dudando de su existencia, podemos acabar negando no solamente el futuro que ya no tendrán, sino también el pasado que tuvieron en algún lugar.



miércoles, 11 de enero de 2023

Prisas

 



Prisas. Vivimos en la sociedad de las prisas. Nos arrastramos hasta el borde de la cama con la sensación de que ya vamos tarde, cinco minutos más se convierten en un cuarto de hora, apuramos el desayuno, intentamos que se levanten ya, amenazamos con privaciones imposibles repitiendo una y otra vez que ya es tarde, que llegamos tarde, que así no da tiempo a nada. 

Y el día no mejora. En la carretera, por las aceras, en la cola del supermercado... el lenguaje corporal, y a veces el lenguaje verbal nos indican siempre que hay prisa, que si el límite son 70 km debes ir a 80, que las aceras son para ir lo más rápido posible del bar a la panadería y embolsar la cesta de la compra se convierte en una competición con el cliente siguiente mirando el reloj y la persona de la caja pasando los productos a la mayor velocidad posible.

Y llegamos justos a recoger a la niña del comedor; y el niño tiene clase por la tarde; y ya me paso yo por la frutería; date prisa que a las seis se pasa el fontanero... 

Todo lo hacemos con prisas, incluso parece que tengamos prisa para consumir el ocio, para acabar los capítulos de la serie de moda o para entrenar, para ir al gimnasio o en nuestra clase de yoga. Y así llegamos a la mitad de la semana pensando que no hemos hecho casi nada, salvo ir con prisas de un lado a otro, y al llegar el fin de semana somos incapaces de desconectar, como si la inercia nos arrastrase y surgen las prisas para ir al cine o para salir a caminar por el monte. Incluso a veces parece que tenemos prisa para apurar las tardes de relax viendo llover.

Podría seguir contando historias sobre la vida acelerada que llevamos pero lo siento mucho, tengo que marcharme, me pilláis con un poco de prisa...




martes, 10 de enero de 2023

Os vellos osos (II)

 


Primeira parte. (Mar de Beaufort: Os vellos osos (I))

(II)

Fernando agarda por mín no coche que alugamos para a viaxe. Amañecín con mal corpo, algo revolta e con ganas de vomitar. Ao principio pensei que era a regla, sempre puntual á súa cita, pero os meus ovarios estábanse retrasando desta vez. A ducha non me espabilou o suficiente, e o entusiasmo matutino de Fernando non axudou moito. Co tempo afixérase aos meus silencios e sabía recoñecer perfectamente cando debía calar a boca e deixarme almorzar en silencio, pero aquel día era como un can de aldea feliz pola visita dos cativos da familia. Non podía parar de falar do que faríamos na fin de semana, das rutas que tiña programas e das instalacións do Parador. O café aínda estaba a medio facer pero eu xa tiña a sensación de que estabamos de volta. A sorte foi que estivo pouco tempo conmigo. Apurou o seu almorzo e marchou a buscar o coche que tiña alugado. Un Mercedes clase C de cor branca, díxome. Non puiden evitar pensar que iamos parecer dous narcotraficantes pola costa galega adiante.

Non podo dicir se era o malestar físico ou a extraña luminosidade daquela mañá de novembro, pero tiña unha sensación moi rara no corpo. Nalgúns momentos sentínme como dentro dun sono, como se estivera vivindo algo irreal. Un ruxe ruxe interno bulía dentro da miña cabeza e mantíñame despistada e algo confusa. Ao meu lado, Fernando divagaba sobre paisaxe e paisanaxe, as influencias do medio físico na forma de ser das persoas. Calquera cousa lle valía para comezar a mostrarme as diferenzas entre o rural galego de interior e as vilas mariñeiras. Os cabazos, os tellados das casas, as palmeiras diante das portas. Eu facía tempo que non prestaba atención. O meu malestar ía en aumento e de cando en vez pechaba os ollos, buscando evadirme da conferencia etnográfica á que estaba sendo sometida. Non me resulta difícil, a verdade. Sempre tiven unha capacidade especial para non prestar atención ao que non me interesa, para desconcentrarme, e con Fernando resúltame moi fácil facelo. O seu exceso de ego non lle permite tan sequera sospeitar que me poida importar pouco ou nada o que me está contanto polo que normalmente segue falando mentres eu xa ando no meu mundo. O que non podía eu sospeitar é que ese día tiña visita. Ao principio non fun quen de identificalo pero ao pouco, por enriba do ruído de fondo que era a voz de Fernando comecei a escoitar, como se fose o ruído dun regato ao que nos imos achegando, unha voceciña que me falaba. Deixeime levar por aquel murmurio e ao pouco puiden indentificar perfectamente a súa voz. Sen dúbida era a nena a que estaba a falar, repetindo algunha frase que non chegaba a comprender de todo e da que só escoitaba algunhas palabras soltas de maneira nítida. Casa, parede, osos...

Foi ao espertar co frenazo cando me din conta de que estaba medio durmida. Fernando tivera que manobrar par esquivar unhas galiñas e case nos espetamos contra un pequeno muro de pedra. Tranquila, dixo, non pasou nada. Sen dúbida relacionaba a miña palidez co susto que viña de levar. Eu comezaba a estar nerviosa co que me estaba acontencendo. Estaba convencéndome de que aquela nena que vira nos últimos días era froito da miña imaxinación, e ademáis agora mesmo comezaba a escoitala en soños. Tal vez estaba sometida a máis estrés do que podía aturar e o meu cerebro estaba pedindo desconectar.

A fin de semana pasou sen sobresaltos. As miñas sospeitas sobre o meu ciclo non se cumpriron e tivemos unhas noites de sexo das que val a pena recordar, e iso que fixemos un par de rutas de sendeirismo que me deixaron baldada. Pero Fernando estaba animado e foi moi imaxinativo, e eu sentiame excitada. Agora sei que o embarazo xa estaba facendo traballar ás miñas hormonas, pero naqueles días non se me podía pasar pola cabeza que o malestar matutino, a sensibilidade da miña pel e sobre todo o retraso era debido á miña preñez.

Foi na viaxe de regreso cando volvín a vela. Esta vez apareceuseme no adro da vella igrexa do pobo no que paramos tomar un café. Aparcáramos o coche no campo da festa e déramos un pequeno paseo até un dos dous bares que se vían dende a estrada principal. Fernando falábame daquela igrexa e do monasterio do que xa non que quedaba nada máis que un campanario cando a vin sentada nun banco de pedra. Miraba de novo para mín, facendo acenos e falando algo que non podía escoitar a aquela distancia, pero que sen embargo escoitaba na miña mente. Chámome Herminia, eles sabiano e deixáronme, tes que sacarme de ali.



lunes, 9 de enero de 2023

Los desposeídos. Úrsula Kroeber Le Guin.

 





Posibilidades.

Úrsula K. Le Guin es una creadora de mundos. Como si de un terrario se tratase, pone ante nuestros ojos planetas poblados por sociedades que tienen sus culturas y sus normas y somete a sus personajes a situaciones de interacción. Se trata de comprobar como se relacionarían las personas procedentes de distintas ideologías, y recurre a la ciencia ficción para poder cambiar las variantes, para introducir posibles evoluciones, transformaciones futuras, caminos que tal vez el ser humano recorra alguna vez.

En realidad en esto consiste la ciencia ficción, en crear posibilidades, en imaginar cómo será el futuro, o como habrá sido el pasado. Leer a Úrsula es adentrarte en un experimento filosófico, un ensayo sobre los temas esenciales del ser humano tratados de manera literaria. Con cada novela crea un mundo en el que los personajes nos muestran sus dudas y sus inquietudes al enfrentarse a lo desconocido, a otras realidades.

Los desposeídos es una novela distópica en la que el tema principal es la confrontación entre una sociedad individualista y capitalista y otra colectivista y anarquista. La novela, escrita en el 1974, refleja la agitación cultural e ideológica de su tiempo. En muchos aspectos, la trama se parece mucho a una historia de espías en la Guerra Fría en la que algún científico intenta pasarse al otro bando. Aquí, en lugar de países o de bloques hay planetas que a pesar de su origen común se organizan de manera muy distinta. Viven con la creencia estar en el mejor de los mundos posibles, y lo que hace la autora es darnos las claves para entender que en realidad las dos sociedades tienen sus puntos positivos y sus zonas oscuras.

Se trata, como casi todo lo que escribe, de una obra que te hace pensar. Cada párrafo encierra la semilla de alguna idea, una simple anécdota puede hacernos divagar y perder el hilo de la historia. Sus mundos son ricos en matices, no solamente en descripciones físicas sino también en datos sociológicos e históricos. Los personajes suelen estar dotados de profundidad y en la mayoría de los casos asistimos a algún tipo de evolución, de descubrimiento que hace que también el lector cambie su punto de vista inicial.

En Los desposeídos Shevek viaja al planeta Urras con la esperanza de que allí podrá desarrollar plenamente su teoría sobre el viajes a velocidades superiores a la luz. En Anarres, a pesar de existir libertad total siente que la propia estructura ideológica impone límites que seguramente no existen en el planeta vecino. Sin embargo descubre que también allí desean apropiarse de sus conocimientos para obtener ventaja sobre las otras civilizaciones. Shevek es una especie de Prometeo del futuro, quiere que sus descubrimientos beneficien a la humanidad entera y que no sirvan para privilegiar a unos sobre otros. Un hombre que pudiendo tenerlo todo decide regresar a su hogar con las manos vacías, pero con la convicción de haber obrado de acuerdo con sus ideales.



domingo, 8 de enero de 2023

Verdad

 


Para ser verdad

habría que abandonarse, 

dejarse ir en un carrusel de luces y esperanzas. 

Para ser verdad habría que romper con todo lo que nos lastra,

olvidar quienes somos y perder, 

en la última curva del camino,

ese pasado que nos acompaña y nos paraliza.

Para ser verdad

habría que quemar todas las cartas, 

las promesas de amistad y de amor

el catálogo de épocas y frustraciones

que dan forma a nuestra vida.

Habría que dejar olvidado nuestro abrigo

en aquella vieja cafetería, 

volverse sordo a los ecos de antiguas conversaciones, 

ciego a las fotografías de aquellas reuniones improvisadas

en las que ni el tiempo ni las obligaciones existían.



sábado, 7 de enero de 2023

Puzles


Siempre he sido muy aficionado a los puzles y no de mis propósitos vitales es completar un puzle gigante, de esos de más de 20.000 piezas. Hubo un tiempo en el que hacía puzles en distintas épocas del año, después del curso escolar, el los días de vacaciones de navidad... Servían como desconexión, como una marca entre un periodo y otro. Hacer un puzle era una forma de pensar, de estar solo conmigo mismo pues el hacer puzles es un entretenimiento solitario. 

Estos últimos años no he podido dedicarme a hacer puzles. Poco tiempo... y poco espacio. Y aunque ahora tampoco tengo demasiado tiempo y el espacio es el mismo, intentaré ponerme al día y componer estos cuatro rompecabezas. El último, por cierto, ha llegado a casa ayer mismo, entre los muchos regalos que Sus Majestades tuvieron a bien dejar en nuestra casa. 

Sin duda estos magos saben lo que necesitamos en cada momento.

viernes, 6 de enero de 2023

Agasallos

 


Si, sempre rematamos este día pensando que son demasiados regalos, pero que ben senta descubrir que hais tantos reises (e raiñas) pensando en nós.