Buscar la belleza en los días azules
y en las nubes añil de las tardes de tormenta.
Buscar la luz en las estanterías polvorientas
de aquella vieja tienda que ya no existe.
Buscar la senda que una vez recorriste,
las risas, los gestos, los ecos de conversaciones
-promesas de amistades, amores ya olvidados-
y descubrir que algunas canciones suenan siempre diferente
aunque siempre se repitan.
Y volver un día a la serenidad de las noches de lluvia
sin que nada nos importe ya,
sin aguardar que una mano amiga nos reconforte
ni esperar una carta en el buzón.
Volver, sin pretenderlo, a buscar nuestra esencia
en ese extraño instante infinito que habita en todo lo que un día quisimos
y que irremediablemente perdimos.

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