Como si de una metáfora de mi vida se tratase, la reforma de esta casa está llevando su tiempo. Hace ya casi dos años que aquí dejamos constancia de que habían comenzado las obras de reconstrucción, y aunque es evidente que ha habido cambios, no parece que el asunto vaya demasiado rápido.
Las vidas y las decisiones que tomamos tienen estas cosas. Cuando menos te lo esperas aparecen imprevistos que hacen que tengas que cambiar de planes, o tal vez aplazar algunas metas que te habías propuesto. No suelen ser cambios demasiado importantes, las modificaciones suelen referirse a pequeños detalles, cuestiones estéticas o formulaciones erróneas que se subsanan sin mayores complicaciones.
Pero hay veces en las que descubrimos que algo está mal, que una pared maestra o uno de los pilares amenazan con venirse abajo, o que una parte del muro de carga está afectado de humedades o con fisuras que pueden llegar a extenderse por otros lugares, con el peligro que esto puede suponer para la estabilidad de la vivienda.
Hubo que hacer reformas estructurales, hubo que ir a los cimientos mismos, cambiar algunas cosas y eliminar elementos esenciales para el hombre con el fin de asegurar que a largo plazo seguiremos en pie. Son cosas que pasan, a veces debemos sacrificar lo importante para garantizar lo imprescindible.
Y aunque no es excusa ni justifica el abandono en el que ha estado este sitio durante los últimos años, es necesario decir que los últimos meses el barco ha estado en dique seco y que después de algunos ajustes y cambios bastante radicales, volvemos a navegar. Aún no tenemos claro cual será el rumbo que seguiremos ni que otros puertos visitaremos, pero flotamos y eso, en estos días, es más que suficiente.
Ojalá que de algún modo coincidamos en algunas singladuras por este Mar de Beaufort que con el cambio climático parece hacerse cada vez más navegable...

