La
llegada de las Buscadoras arrancó a Ángela de sus ensoñaciones.
Aunque la entrada en aquel puerto no era de las más complicadas, el
buque tuvo que realizar varias maniobras de aproximación antes de
situarse en la vertical de la dársena. Todo estaba organizado desde
hacía mucho tiempo. La ruta había sido trazada de forma tan precisa
que casi sabían en que lugar tendrían que estar en cada minuto del
viaje. Y sin embargo, las Buscadoras llegaban con retraso.
Ángela
sabía que sería totalmente inútil mencionar este hecho. Las
Buscadoras nunca daban explicaciones. Era uno de los puntos que
siempre aparecían en sus contratos. Buscaban y encontraban todo lo
que pudiese ser encontrado, ya fuese un ser vivo, un objeto o algún
tipo de energía o de fuerza neutra. Las Buscadoras se tomaban su
tiempo para analizar la propuesta que recibían y hacían sus propias
averiguaciones antes de comprometerse, pero una vez que se
comprometían el cliente podía tener la certeza de que cumplirían
su parte del negocio.
Ángela
lo sabía, y por eso no le importó tener que esperar una estación
entera en aquella ciudad antes de recibir la respuesta. Podía haber
recurrido a sus contactos, pero necesitaba discreción. Lo que se
proponía hacer no era ilegal, pero tampoco podía considerarse como
algo totalmente lícito, y no quería comprometer a nadie en aquella
empresa. Y si de algo estaba segura era del silencio que guardarían
las Buscadoras. El hecho de que el punto de encuentro fuese en
aquella remota dársena era una prueba de que aquellas personas
tenían muy claro que la discreción era un valor añadido a los
trabajos que ofrecían.
Una
mujer abrió la escotilla de embarque y con un gesto seco y áspero
invitó a Ángela a subir al buque. Tal y como le indicaran, viajaría
ligera de equipaje y sin ningún tipo de arma, aunque Ángela había
conseguido que le permitiesen llevar con ella su bastón, con el
pretexto de que sus ya largos años hacían que necesitase un apoyo
para caminar. Por eso, cuando la mujer vio que subía de un salto y
sin ningún tipo de ayuda esbozó una media sonrisa que a Ángela no
le pasó desapercibida. Tuvo la certeza de que aquellas personas
sabían perfectamente quien era y que si habían aceptado el trabajo
era porque habían valorado los pros y los contras y tendrían algún
plan B para el caso de que algo se torciese. Imaginó que serían
mujeres acostumbradas a este tipo de asuntos y con muchos recursos, y
tenía ganas de compartir experiencias con ellas.
Lo
que no imaginaba es que pasaría los siguientes cuatro días sin ver
a nadie. Sabía que alguien tenía que acompañar a la mujer que la
recibió cuando embarcó, pero desde aquel día no había visto a
nadie, y comenzó a pensar que tal vez las Buscadoras ya habían
encontrado lo que les había encomendado y su presencia en aquel
buque se limitaría a ser una pasajera a la que llevan de un lugar a
otro.
Al
quinto día llegaron a su destino. Y no hizo falta que nadie se lo
dijese. No podía haber imaginado que después de tantos años
volvería de nuevo a punto de salida.