jueves, 4 de octubre de 2012

4


El cuatro es un número que se deja querer. De los cinco primeros es sin duda el más campechano, el que no tiene extrañas connotaciones ni estúpidas rimas. El uno es único, la soledad, el primero. El número dos es siempre el que dirige el cotarro, la otra parte de la pareja, el que puede hacer que el uno duplique su valor si te permiten llevar dos por uno en el supermercado. El tres es el tercero en discordia, los tres pies del gato, el hijo que polariza la relación de la pareja creando un triangulo invertido que puede desquilibrar una familia.

Pero el cuatro... el cuatro mola.

El cuatro aparece tan tranquilo y le dice al tres que aún necesita un uno para igualarle, y al dos le recuerda que lo dobla en número. El cuatro es la simetría, es el grupo perfecto. Los cuatro fantásticos, los Rolling, los cuatro jinetes del apocalipsis y los cuatro evangelistas. La naturaleza tiende al cuatro, hay cuatro puntos cardinales, cuatro estaciones, cuatro elementos primigenios y nuestro corazón tiene cuatro cavidades.

El cuatro es un número tabernario, indispensable para una buena partida de tute, para sentarse en una mesa a charlar y tomar unas cervezas (cada vez que pides una nueva ronda puedes llevar fácilmente dos en cada mano) e incluso para pedir un taxi y no conducir el cuatro es el número más práctico y económico.



Y que decir de las familias. En estos tiempos en los que nuestras futuras pensiones están en peligro el cuatro es el número solidario, dos hijos por pareja aseguran que en un futuro haya por lo menos una persona cotizando por nosotros. Por no hablar de la tranformación que supone convertir el triangulo asimétrico de los sentimientos paterno-materno-filiales en un cuadrado perfecto, en algo completo y estable.

Si amigos, el cuatro mola. Por eso, aprovechando que hoy es cuatro de octubre, merece la pena detenerse a pensar en las cuatro virtudes cardinales de las que ya hablaba Platón: justicia, prudencia, fortaleza y templanza. Vienen tiempos de crudo invierno en los que tendremos que hacer acopio de toda nuestra fortaleza y templanza para ser prudentes en nuestros actos y actuar de manera justa. Pero el maravilloso fenómeno de la vida renacerá con la primavera y alegremente volveremos a brindar por los presentes que nos traerá el cuarto mes del año.



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