jueves, 2 de marzo de 2023

O gato lambón.

 


O gato Rodolfito tiña un ollo de cada cor, o fuciño bermello con bigotes só nun lado e unha orella para arriba e outra orella para abaixo. E por moi raro que soe, tamén tiña tres rabos e ademáis gustáballe moooooitísimo o chocolate.

Todos dos días, o gato Rodolfito pasaba as tardes polos parques infantís vixiando os bocadillos das nenos e dos nenos tamén. Tiña unha gran capacidade para descubrir os bocatas de nocilla ou os anacos de chocolate que caían ao chan, e cando descubría a algunha crianza despistada non o dubidaba nin un segundo. Ía achegándose moi zalamero e riquiño, facía un par de pinchacarneiros e cando o neno, ou nena tamén, se despistaba mirando para él botaba un rabo para un lado, outro rabo para outro e -ZAAAASSSSSS- dun brinco leváballe o bocata de chocolate.

Un día, o gato Rodolfito víu a unha nena regordeta papando o máis grande bocata de nocilla que vira nunca xamáis. Lambendo os fuciños foi achegándose a ela, e cando pensou que xa a tiña medio despistadas coas súas zalamerías - ZAAASSSSS- dun chimpo, e movendo os seus rabos lanzouse cara a nena coa intención de levarlle o bocadillo. 

Pero aquela nena estaba preparada e en cando víu que aquel gato tan curioso se lle botaba enriba apartouse para un lado e colleuno polo rabo.

-Vaia gato pillabán -díxolle mentres o metía nun saco- querías paparme o chocolate e agora do saco non hai quen te saque!

E levou a Rodolfito para a súa casa, con tal sorte que aquela nena vivía nun primeiro, xusto xustiño enriba dunha chocolatería. A aquel gato lambón non lle puido parecer mellor quedar a vivir naquela casa xa que cada noite marchaba pola ventana e metíase naquela chocolatería, e cada mañá regresaba co bandullo cheo e o fuciño, que ante era vermello, toco manchado de chocolate.  




miércoles, 1 de marzo de 2023

Soledades (III)

 



Arrancan a volar las viejas canciones de amor, 

colores de otras tardes, música ratonera que a veces nos hace sentir bien

regresan los olores de los mares y de las playas

noches dulces inventando sueños

recorriendo estrellados firmamentos de besos y caricias, 

tiernos abrazos enmarañado en tu cintura.

Vienen flores de otras primaveras,

melodías que algún día nos hicieron volar

vigores, ganas, entusiasmos que creíamos olvidados

y la extraña sensación de que todo está en su sitio.

Y aunque son buenos los recuerdos

y las antiguas sensaciones son agradables

habrá espacio también para las nuevas ilusiones y la alegría

que brota de sus ojos 

con las novedades que vienen con las brisas de estos días.  



martes, 28 de febrero de 2023

Febrero 2023 (Recapitulación II)

 


Febrero es más cortito, y aún así va teniendo mérito conseguir pasar otro mes con una entrada diaria. 

Y ya son dos!!

Hemos acabado algún relato que llevaba tiempo dando vueltas, hemos comenzado alguno nuevo y en medio algunas reflexiones sobre asuntos en los que tú seguramente también hayas pensado. Versos sueltos que surgen de la nada, como los amores repentinos o los idiotas dándote luces en la carretera.

No hay nada nuevo este mes, pero es muy agradable descubrir que lo he conseguido, que han pasado los días y cada uno ha tenido su pequeño escrito, su entrada. 

Febrero suele ser discreto y sin demasiadas novedades. Las listas las hacemos en enero (a veces empezamos en diciembre) y las anulaciones y aplazamientos de proyectos no suelen ser efectivas hasta marzo o abril. Normal que nos saliera bien. 

Y podría deciros, por ejemplo, que he vuelto a rescatar el primer borrador de esa novela que completé en el NaNoWrimo del 2020. Ni yo mismo recordaba haber participado en ese evento y ser capaz de escribir 50.000 palabras en 30 días, pero así fue. Y quien sabe... marzo suele ser un mes bastante vital para mi...

¿Os daré una sorpresa al final de mes?

Acompañadme un poco más y lo descubriremos, y no tengáis miedo a comentar lo que os parezca bien y lo que os parezca mal.

Es más, si estáis por ahí comentad algo, caramba, que parece que hable solo como cuando intentamos convencer al de la ESO que es mejor tener la libreta ordenada.





lunes, 27 de febrero de 2023

Casas vacías. Brenda Navarro

 



Crudeza.

Era inevitable, después de leer Ceniza en la boca tenía que leer la primera novela de Brenda Navarro: Casas vacías. Se trata de un relato en el que vuelve a tratarse el tema de la soledad y del desarraigo, de la necesidad de volcar nuestra existencia en otra persona. En esta ocasión se trata del enfermizo sentimiento de maternidad que une a dos mujeres y el vacío que sienten cuando se truncan sus expectativas.

La narración alterna entre las dos mujeres de tal manera que al principio llegamos a pensar que habrá algún artificio literario que hará que al final se trate de la misma persona. Las dos, al fin y al cabo, sufren a causa de su maternidad y acaban teniendo una vida poco funcional debido a un mismo acontecimiento.

Se trata, de nuevo, de duras experiencias narradas de una manera cruda y sin adornos. Brenda Navarro nos enfrenta a una realidad que en algunos momentos nos parece demasiado cruel y violenta, pero que sabemos que existe. Es más, tenemos la certeza de que las mujeres de Casas vacías pueden ser nuestras vecinas, pueden vivir en nuestro barrio y podemos estar a diario coincidiendo con ellas en el supermercado o en la cola de la panadería. En el fondo, solamente nosotras mismas conocemos los tormentos y demonios que llevamos dentro.

Personas rotas y sin esperanza, obsesionadas con un deseo irrealizable, consumidas por la culpa y la certeza de que su futuro no depende de ellas. Casi nada de lo que hagan servirá para alcanzar cierta tranquilidad; no hai un camino correcto, solamente calamidades y destinos aciagos que se cumplirán inesorablemente.

Y sin embargo, ya al final del libro, parece que todo puede arreglarse, que ambas mujeres seguirán con sus vidas ásperas y crueles, pero sin el trágico final que durante toda la novela creemos intuir. O tal vez no, tal vez todo está deteminado desde el mismo momento en el que vemos claro que ambas mujeres quieren lo que no pueden tener. Pues en realidad de lo que trata Casas vacías es de la terrible sensación de vacío que nos provoca no solamente las cosas y las personas que perdemos, sino también aqullo que sabemos que no podremos tener. La impotencia que sentimos al descubrir que el mundo entero conspira contra nosotros y trata de impedirnos por todos los medios que cumplamos nuestros deseos. Y muchas veces, cuanto más se oponen los demás más resistencia ofrecemos nosotros. Nos negamos a aceptar que las cosas tengan que ser así y acabamos cruzando la linea que separa la locura de la cordura. Acabamos siendo personas normales y corrientes, con una vida más o menos organizada y lógica en todos los aspectos de nuestra vida salvo en ese que nos obsesiona de tal modo que acaba siendo el centro de nuestra existencia, la razón última por la que seguimos viviendo y llenando nuestra cabeza de planes y proyectos que no podremos llevar a cabo y que hace que nos sintamos como casas vacías.


domingo, 26 de febrero de 2023

Domingo


 

Un domingo cualquiera del mes de febrero. Dormir hasta tarde y despertarse con la agradable sensación de haberlo pasado bien el día anterior. Una fiesta en la que nos sentimos cómodos, una visita de las que tanta falta nos hacen. 

Vida, simplemente. 

Aprender a relajarse y a estar tranquilos, sentir que las cosas se han hecho bien durante la semana y que nos merecemos un descanso, un respiro. 

Y tener la certeza de que todo seguirá mejorando, que la primavera que está ya a punto de dar sus primeros pasos será plena y (esta vez si) cargada de nuevas experiencias y ganas de hacer cosas.

Vendrán viajes y montañas, vendrán reuniones y encuentros aplazados, tal vez algún reencuentro, pero son necesarios también estos domingos estáticos y pasivos, esta luminosa tranquilidad que lo invade todo y nos hace sentir ganas de iniciar una nueva semana. 

En definitiva, un domingo cualquiera.




sábado, 25 de febrero de 2023

Siniestro total.

 


Solamente al volver del hospital, después de la operación de rodilla, me di cuenta de la conexión que existía entre mi coche y yo. El mismo día que me rompí la rodilla a mi coche se le rompió el palier derecho. Me hizo gracia la coincidencia, pero recordé aquella vez que, conduciendo detrás de un camión, un chinazo dejó una marca en el parabrisas y al llegar a la playa se rompieron mis gafas de sol al caerse contra unas rocas. Y comencé a pensar en cosas parecidas, como por ejemplo cuando viajando a Toledo pinché dos veces en un día y al día siguiente, en el supermercado, una señora me machacó un dedo del pie; o cuando estuve con neumonía varias semanas y al coche se le rompió la calefacción; o aquella memorable semana en que la radio dejó de funcionar y asombrosamente coincidió con la afonía que sufrí por culpa de la clase de 1º C. Por no hablar del cambio de la correa de distribución y mi tendinitis del cuádriceps; o la otitis que coincidió con la rotura del espejo retrovisor izquierdo al pasar demasiado cerca de un camión de Sogama aparcado en la acera; o la abolladura en la puerta del conductor y mis dos costillas rotas jugando al rugby; o mi ojo hinchado por la picadura de un mosquito y el faro roto al golpear contra el gancho de un remolque. Si, fueron numerosas las coincidencias entre mi estado de salud y las averías de mi coche, y por eso hoy, en el taller, no pude evitar ponerme a llorar desconsolado cuando el mecánico me recomendó que fuese pensando en comprar otro coche pues mi viejo saxo ya no daba más de si.


viernes, 24 de febrero de 2023

A boneca (II)

 


(I)

(II)


Todo isto durou catro semanas máis. Durante este tempo e dubidando de que un traballo tan sinxelo puidera ser tan ben pagado, intentou poñerse en contacto co Señor Sacs un par de veces. Pero as instrucción foran claras. Non habería máis contactos até que o traballo rematase, e o traballo remataría cando eles llo dixeran. Cada día el tiña que mandar os datos recollidas da maneira que lle dixeran, e cada semana recibiría a cantidade acordada. Non había máis. Ou polo menos él non tiña que saber máis.

Sen embargo había algo no asunto que lle preocupaba. Había algo moi extraño en todo este asunto, e por iso aos poucos días decidíu volver a espiar a aquela familia para ver se tiña mudado algo na súa rutina diaria. Ninguén lle tiña pedido tal cousa, pero tampouco lle tiñan prohibido facelo. Unha das cousas que máis lle gustara deste encargo é que lle deixaba moito tempo libre para ocuparse doutros asuntos, e en parte podía entenderse como outro asunto a vixiancia desta familia.

Non atopou nada raro.

A familia seguía, dun modo case matemático, coas súas rutinas diarias. Saían ás mesmas horas, facían as mesmas cousas e non parecía que tiveran nada que ocultar nin nada que a fixera distinta das outras familias con fillos pequenos. O motivo polo que alguén estaba tomándose tantas molestias para espialos era algo que se lle escapaba completamente, e tal vez por ese mesmo motivo comezou a sentirse obsesionado con eles. Sen dúbida tiña que haber algo que os facía merecedores de tanta atención, pero non sabía o que podía ser.

Un par de semanas despois de comezar o encargo decidíu facer algo que ía totalmente en contra das normas e da profesionalidade. Até o de agora tiña descargado e enviado os datos tal e como lle dixeron. Facilitáranlle un portátil dende o que facer as operación e advertíranlle que debía destruir o arquivo enviado unha vez recibira a confirmación de recepción. Obviamente, non considerou oportuno abrir o recibo nese ordenador, pero decidíu que unha vez enviada, e antes da súa destrucción, podería gardar a información nun dispositivo externo para poder vela ou escoitala maís tarde.

Ao pouco viuse vendo horas e horas de grabación nas que aparecía a familia facendo as cousas que se supòn que fan as familias. Almorzos, cenas, duchas, algúnha discusión entre a parella, algunha perrencha da cativa.

Nada.

Naquelas grabacións non había nada que se saíse do normal. O que aparecía podía verse en calquera serie americana na que saen as familias arredor dunha cociña, e se do que se trataba era de obter imaxes de contido sexual a cousa tampouco daba para tanto, sobre todo tendo en conta que na habitación dos adultos había só un par de cámaras e ningunha parecía enfocada á cama. E cando máis normal e insípida lle parecía a vida daquela familia máis obsesionado se sentía por descubrir que podía ser o que buscaban.

A resposta chegoulle case por casualidade, e en contra do que pensara nun principio non foi nos videos, senón nos audios nos que atopou a resposta. En moitas das grabacións recollidas na habitación da nena comezou a escoitar unha voz que nun principio non soubo indentificar. Tivo que buscar nas imaxes para decatarse de que unha das bonecas coas que xogaba aquela nena falaba. Pensou que se trataba dunha destas bonecas que responden cando lles tocas, que teñen grabadas catro frases que repiten sen parar ou que piden de comer ou que lles cambien o cueiro.

Pero non. Sentíu que un escalofría lle percorría o lombo cando descubríu que aquela boneca non falaba cando a nena interactuaba con ela senón que soa, sen que lle presionaran ningún botón ou lle dixeran palabra algunha. E peor aínda. Repasando as grabacións descubríu que moitas veces falaba polas noites, mentres a nena durmía, e que parecía estarlle contando contos.

Comprendeu entón que a disposición dos micrófonos e das cámaras non eran para espirar á familia ou á nena, senón que do que se trataba era de espiar a aquela boneca. Sen dúbida alguén quería coñecer como funcionaba aquel novo xoguete, se é que se trataba dun xoguete, e supuxo que o que estaba era participando nunha operación de espionaxe industrial. Pensou que o máis sinxelo sería ter roubado directamente aquela boneca, pero se lle cadra o que querían investigar non era tanto a tecnoloxía, senón o seu comportamento.