Para ser verdad
habría que abandonarse,
dejarse ir en un carrusel de luces y esperanzas.
Para ser verdad habría que romper con todo lo que nos lastra,
olvidar quienes somos y perder,
en la última curva del camino,
ese pasado que nos acompaña y nos paraliza.
Para ser verdad
habría que quemar todas las cartas,
las promesas de amistad y de amor
el catálogo de épocas y frustraciones
que dan forma a nuestra vida.
Habría que dejar olvidado nuestro abrigo
en aquella vieja cafetería,
volverse sordo a los ecos de antiguas conversaciones,
ciego a las fotografías de aquellas reuniones improvisadas
en las que ni el tiempo ni las obligaciones existían.






