Siempre he sido muy aficionado a los puzles y no de mis propósitos vitales es completar un puzle gigante, de esos de más de 20.000 piezas. Hubo un tiempo en el que hacía puzles en distintas épocas del año, después del curso escolar, el los días de vacaciones de navidad... Servían como desconexión, como una marca entre un periodo y otro. Hacer un puzle era una forma de pensar, de estar solo conmigo mismo pues el hacer puzles es un entretenimiento solitario.
Estos últimos años no he podido dedicarme a hacer puzles. Poco tiempo... y poco espacio. Y aunque ahora tampoco tengo demasiado tiempo y el espacio es el mismo, intentaré ponerme al día y componer estos cuatro rompecabezas. El último, por cierto, ha llegado a casa ayer mismo, entre los muchos regalos que Sus Majestades tuvieron a bien dejar en nuestra casa.
Sin duda estos magos saben lo que necesitamos en cada momento.





