Saber acabar las cosas, dejar de perder el tiempo intentando ser lo que no somos. Ser capaz de abandonar un proyecto si no nos satisface; dejar un libro a medio leer si lo único que nos mueve a continuar es la necesidad casi obsesiva de acabar las novelas que comenzamos.
No esforzarnos por mantener el contacto con aquellos que no desean
estar en contacto con nosotros. Aceptar que fracasan las amistades y los
amores, que podemos fracasar como padres o como hijos sin que ello signifique
que somos personas fracasadas. Atrevernos a decir que merecíamos algo más de
algunos y que otros merecieron también algo más de nosotros.
No apegarse al pasado, no intentar que lo que funcionaba antes siga
funcionando ahora. Admitir que cambiamos, que buscamos otras experiencias y que
necesitamos otros afectos y otras atenciones. Las viejas compañías pueden no
querer acompañarnos, y no pasa nada. Lo que antes nos entusiasmaba puede no
motivarnos, y no pasa nada.
Abrir las ventanas y que entre el aire fresco. Abrir las puertas y que
entren nuevas personas en nuestra vida. Que nuestra casa sea acogedora para el
que quiera venir, y saber ser agradecido cuando nos inviten a entrar en el
hogar de los otros.
Quemar las cartas que nunca fueron enviadas y las fotografías de los
que ya nos olvidaron. Deshacernos de los libros viejos, de las pequeñas cosas
que guardamos como recuerdos de otros tiempos que fueron peores, de los apuntes de esa carrera con la que nunca
ganaremos el pan nuestro de cada día. Borrar todas las anotaciones para esas
novelas que ya nunca escribiremos, eliminar todas las carpetas con relatos a medio empezar
y antes de pensarlo dos veces vaciar la papelera de reciclaje. Quedarnos
solamente con todo lo que nos queda por escribir.
Olvidar que una vez quisimos ser poetas y que siguiendo malos consejos nos enredamos en la
prosa vil. Volver a anotar versos sueltos y darles forma hasta convertirlos en
poemas, tal vez sonetos. Volver a buscar el sentido de la vida, recuperar nuestra
parte espiritual, creer en un dios hecho a nuestra imagen y semejanza.
Hacer solamente lo que nos gusta y nos divierte, volver a jugar al
WoW, ver capítulos de Expediente X como si fuera la primera vez, llegar tarde a
los sitios para probar experiencias nuevas, quedarnos en casa si no tenemos
ganas de salir o quedarnos en el bar si no queremos volver a casa.
Atrevernos a ser como queremos ser, y no como siempre fuimos o como
los demás esperan que seamos. Escalar esa montaña, bañarnos en el mismo río veinte
años después sin importarnos lo que diga Heráclito, volver a cantar las
canciones de Radio Futura en la ducha, comprar palmeras de chocolate y no
compartirlas con nadie.
Disfrutar, en definitiva, del tiempo y de la compañía sin importarnos
demasiado que tal vez sea esta nuestra última primavera.