jueves, 27 de junio de 2013

Todavía vale la pena...



Estaba yo en el bar tomándome el café con churro y rumiando las noticias del día cuando sucedió algo que me hizo pensar que todavía vale la pena formar parte de la sociedad. Como sabéis, soy un tipo bastante asocial, de poca conversación y con tendencia al ostracismo. Un bicho, vamos.

Además, hojeaba la Intervíu de esta semana y mi cabreo iba en aumento al ver las fotografías de los implicados en el escándalo de los ERE's disfrutando de unas buenas mariscadas y viajando con cargo al presupuesto de Mercasevilla o al comprobar como los políticos gastaban los dineros públicos en espiarse los unos a los otros. Me estaba poniendo a tono y quería llegar a casa para despotricar sobre la falta de honradez y la codicia desmesurada de esta sociedad que estamos creando.

De pronto entra en el bar una niña. Venía con su padre y con un perro. El padre pregunta donde están los baños y como están abajo, la niña permanece indecisa sin atreverse a bajar. El padre le dice que él tiene que  quedarse afuera, con el perro. La niña no sabe que hacer y entonces una clienta le dice "venga, que ya voy yo contigo"

Si si, ya se que es una tontería, pero me emocionó comprobar que hay personas rápidas de reflejos que son capaces de actuar para beneficio de los demás sin que nadie se lo pida. Si amigos, queridas lectoras, incluso yo tengo mis momentos de debilidad filantrópica y salí del bar con un cosquilleo por la espalda y con lágrimas en los ojos. En estos tiempos tan tristes en los que dejamos mucho que desear como sociedad tal vez la mejor opción para no caer en la desesperación y la apatía sea mirar atentamente a los que tenemos a nuestro lado. Estoy seguro de que a poco que nos fijemos descubriremos pequeñas lecciones diarias que nos convencerán de que todavía vale la pena comprometerse.
 

2 comentarios:

  1. ¡Qué razón tienes...!
    A mi también me emocionan ese tipo de cosas... Y existen, eh... Se ven todos los días.


    También es verdad que hay otro tipo de cosas que te cabrean y llegas a casa con mala uva (que al final también suelen ser tonterías), pero esos mínimos detalles son la salsa de la vida y mueven nuestra conciencia).

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    1. El problema es que las buenas acciones no se premian lo suficiente. Es más fácil unirse al que está criticando sin aportar nada de provecho que felicitar al que favorece a un tercero sin esperar nada a cambio.
      Muchas gracias por comentar, amigo Carres.

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