Si algo me aterraba hasta hace unos días era quedarme sin ideas. Guardaba celosamente cada ocurrencia pensando en qué novela podría encajarla, o incluso con la vana esperanza de que podría convertirse en una historia completa, ya sabéis un par de detalles por aquí, alguna que otra trama paralela y al final tendría un buen trabajo para presentar a cualquier premio literario.
Temía sobre todo que las ideas se perdieran y que no volvieran, o incluso que me las robaran! Y tenía la extraña creencia de que existía un límite creativo, que mi cerebro sería capaz de generar un número finito de ideas y que depués se cerraría el grifo. Por eso me sentía incómodo alguna que otra mañana, cuando me despertaba con la sensación de que antes de dormirme se me había ocurrido algo, pero al no haberlo apuntado se me había olvidado, y seguramente era esa idea que nos hace comenzar a escribir sin pausa hasta que tenemos trescientas páginas a doble espacio.
TONTERÍAS.
Las ideas de multiplican con el uso. El acto creativo aflora a partir del segundo folio, comienzan a surgir personajes, relaciones, tramas y casi puedo decir que el problema entonces es el exceso creativo. No hay espacio para tantas cosas que se me van ocurriendo a medida que escribo. Surge un personaje que va creciendo, adquiriendo matices, dotándose de un pasado, de un padre con una historia singular o de un acontecimiento de su infancia que marcará toda su vida. ¿Qué hacer con él?(con el personaje, no con su padre, aunque también) ¿Merece ser protagonista o un simple secundario?
Las ideas se multiplican con el uso, y lo hacen de un modo tan extraño que al final la historia tanto podría ir por un camino como por otro, y descubro que muchas veces no importa lo que quiero contar. Una vez que te pones a escribir no sabes a dónde te llevarán tus propias palabras. Algo parecido le ocurría al viejo Bilbo Bolsón, (al que ya trajimos una vez a este Mar de Beaufort), cuando decía que es peligroso poner el pie en el camino, pues comienzas a andar y nos sabes a dónde te llevarán tus pasos.
Por eso he tomado la determinación de escribir una hora cada día. No importa a dónde me lleven los personajes que surjan ni las relaciones o lugares que puedan aparecer. Lo importante es que las ideas se vayan multiplicando con el uso y cuando tenga algo que contar pueda usarlas como relleno, igual que reservamos la grasilla que el lacón suelta en el horno para darle sustancia a las patatas asadas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario