Ya que estás aquí...
No dudes en preguntar, si tienes dudas, y en regresar siempre que quieras .
Bienvenido a Mar de Beaufort.
Bienvenido a Mar de Beaufort.
Mostrando entradas con la etiqueta El Patricia Lee.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta El Patricia Lee.. Mostrar todas las entradas
martes, 9 de julio de 2013
La fogosidad del segundo trimestre.
Las demandas sexuales de Sally se volvieron mucho más exigentes a partir del tercer mes de embarazo. Si antes podía compensar con unos preliminares largos y unas palabras cariñosas al final la escasa duración del acto, ahora Sally tenía siempre prisas y cuando notaba que comenzaba a entretenerme demasiado tomaba la iniciativa y con una fogosidad inusitada se ponía sobre mi murmurando unas palabras extrañas mientras se movía de tal modo que al poco me venía abajo con todo el equipo, como suele decirse.
Y no es que me disgustase, la verdad. Me quedaba yo tan relajadito que dormiría como un bebé si no fuese porque a los pocos minutos Sally volvía a la carga, me decía que se sentía inquieta y con ganas de fiesta y si notaba que no estaba muy por la labor me preguntaba si ya no me atraía, si era porque se estaba poniendo gorda con el embarazo y comenzaba a sollozar de tal modo que tenía que decirle que me excitaba más que antes, que cada día estaba más linda y que lo único que me preocupaba era perjudicar al bebé con tanto ajetreo. Entonces se acurrucaba a mi lado y casi sin darme cuenta estaba de nuevo sobre mí.
Por eso decidí comprarme por internet el libro "Las sombras del Hey". Había oído que tenía un gran éxito entre el público femenino porque describía el sexo que a toda mujer le gustaría experimentar. Pensé que no me vendrían mal algunas ideas ya que para el asunto sexual soy bastante corto, incluso en imaginación. Lo primero que me sorprendió fué la ausencia de fotografias, o cuando menos de algún dibujo explicativo. Tuve que leer y releer, volver atrás más de una vez ya que no conseguía hacerme una idea clara de lo que me estaban contando. Pero al final acabé de leer el libro con la sensación de estar preparado para enfrentarme con éxito a los requerimientos sexuales de Sally.
Tal vez no entendí la esencia del libro, o puede que los malabarismos amatorios no encajen bien en la cultura esquimal, pero lo primero que hizo Sally cuando comencé a mordisquearle las orejas mientras le tiraba del pelo hacia atrás fue soltarme un sopapo que me hizo perder el equilibrio y rodar sobre la alfombra de piel de reno que adornaba nuestra alcoba. Desgraciadamente, malinterpreté el mensaje y comencé a azotar sonoramente sus nalgas, pensando que la situación era semejante a la del capítulo cuatro del puñetero libro. Comprendí lo equivocado que estaba cuando Sally comenzó a chillar y a decirme que ya sabía que le estaba engordando el culo y que no hacía falta que se lo recordase. Intenté explicarle que eran unas técnicas sexuales nuevas, que había decidido enriquecer nuestras experiencias y que debía dejarse llevar por sus instintos.
De nada sirvió. Después de gimotear durante cinco o siete minutos comenzó a frotarse de nuevo contra mi y tuve la impresión de que la fogosidad del segundo trimestre de embarazo iba a dejarme en los huesos.
jueves, 14 de febrero de 2013
La cansina aurora boreal.
Querida Sally:
aburrido como estoy de la cansina aurora boreal me decido a escribirte de nuevo. Ya se que hace unos meses me despedía de tí para siempre, pero después de pasar más de cien días viendo fenómenos luminiscentes en el cielo no pude evitar recordar el brillo de tus ojos cuando me decías que me amabas. Se que en su momento te escribí algún verso comparando tu mirada con las estrellas o con el replandor del amanecer sobre las verdosas aguas del Estrecho de Shelikof. Ahora que habito en la soledad puedo asegurarte que el simple recuerdo del abrazo meloso de tus pupilas hace que me sienta menos incomprendido y menos desamparado de lo que es costumbre en mí.
Digámoslo claro, esta misión es un desastre, una auténtica chapuza. Llevamos meses navegando en círculo dentro del Círculo Polar Ártico, si me permites la redundancia. Nuestro objetivo era recoger los restos de un satélite que se estrellaría en el Mar de Beaufort el 21 de diciembre. Lamentablemente, nuestro técnico de telecomunicaciones se equivocó de ruta y acabamos entrando en aguas rusas. Obviamente, a las autoridades rusas no podiamos contarles qué demonios haciamos navegando por sus mares por lo que fingimos no comprender nada de lo que nos decían, lo cual era cierto en parte, y nos fuimos por donde habiamos llegado.
Por si fuese poco, uno de los marineros no hace más que hablar y su acento cantarín hace que piense en tí, pero su conversación es tan excesiva que a veces tengo que hacer un gran esfuerzo para no tirarlo por la borda. Insiste en la necesidad de pescar uno de los pulpos gigantes que nos rodean desde hace unas semanas. Él dice que tenemos que analizar si su tamaño desmesurado y su capacidad para cruzar sus patas formando una especie de figura ancestral son signo de una inteligencia desarrollada. Me cuenta que en su pueblo natal consideran que los pulpos son los animales más inteligentes que existen y que una prueba de ello es que se niegan a reproducirse en cautividad. Que son capaces de abrir cualquier tipo de envase, ya sean tapones de rosca o latas con abre-fácil, pero que lo único que beben es la Estrella Galicia, siempre que sean botellines de un tercio. Y cuando le pregunto si no les da cierta pena comerse animales tan inteligentes me responde que es una especie de rito ancestral y que el conocido Pulpo á Feira no es más que un rito iniciático en el se puede conocer la personalidad de los comensales según mojen o no mojen el pan en el aceite.
En fin, no quiero aburrirte con nuestras conversaciones, que bastante nos aburrimos nosotros en este extraño mar en el que nunca llega a ser de día, en este Mar de Beaufort en el que un servidor está dando vueltas continuamente en torno a una idea que no termina de llegar a puerto. Te diré que esto de las auroras boreales está sobrevalorado. Al fin y al cabo, son unas luces que vienen y van. Para un rato está bien, pero pasarte tres meses con esas sombras luminosas apareciendo cuando menos te lo esperas cansa un poco, la verdad. Por eso tengo ganas de volver. Esto de navegar y vivir aventuras y sentir el riesgo en cada poro de tu piel está bien, pero no hay nada como llegar a casa, ponerse las zapatillas y tumbarse tranquilamente en el sofá a ver el rosco de pasapalabra.
jueves, 22 de marzo de 2012
Chuletones de reno.
Sally me confiesa que nunca ha hecho el amor en la playa. Me dice que tiene que ser una sensación maravillosa estar con la persona amada a la luz de las estrellas y escuchando la melodía del mar susurrando al ritmo de las olas. Está convencida de que soy un experto en el tema y cuando me pregunta si yo lo he hecho muchas veces le respondo con el típico "¿A tí qué te parece?" propio de mi tribu. En realidad no estoy diciendo ni que si ni que no, pero el tono altanero y la pose de persona experiementada que adopto hacen que no le queden dudas y que me imagine fornicando noche tras noche en las playas de Andalucía con tremendas morenazas.
Y es que Sally tiene una idea muy sesgada de los españoles. Para ella somos todos bailadores estupendos y amantes apasionados e incansables. Hace unos días se sorprendió cuando le dije que no había toreado en mi vida y ahora no me apetece confesarle que soy máis bien de cópula escasa y sencilla, sin demasiadas florituras y a poder ser en una cama. Para qué desengañarla y si es feliz imaginándose que está saliendo con un "latin lover".
El caso es que Sally me está empezando a gustar. Mi intención era simplemente obtener información sobre las actividades y relaciones laborales de su ex-marido, pero cada vez me interesa menos lo que suceda en el Patricia Lee y me siento más involucrado en nuestra relación. Ya se que un buen investigador debe separar la vida personal de la profesional, pero es que llevo cuatro meses lejos de mi hogar y creo que estoy atravesando un momento de debilidad sentimental. Además, el padre se Sally prepara los mejores chuletones de reno de toda Alaska y su abuela paterna me invita a fumar una especie de tabaco tradicional de la cultura esquimal que me provoca visiones en 3D.
De todos modos mi investigación no avanza. Nadie en la ciudad sabe a qué se dedica realmente el Patricia Lee, algunos insinúan que sus viajes poco tienen que ver con la pesca pero todos callan cuando me intereso por su tripulación. En el último informe solicitaba nuevas órdenes y sugería algunos cambios en la hoja de ruta de la misión. Continúo esperando una respuesta de mi oficial de enlace en Canadá. Teniendo en cuenta que hace ya tres meses que el Patricia Lee zarpó del puerto de Kodiak esta inactividad puede suponer que nuestra empresa se vaya a pique.
.
.
jueves, 8 de marzo de 2012
Estelas de agua y hielo.
Querida Sally:
comprendo que estas letras, después de tanto tiempo, puedan resultar inesperadas, innecesarias e incluso un poco inoportunas. No tenemos demasiadas cosas que contarnos y cada vez hay menos espacios comunes en los que podamos sentirnos cómodos los dos. Sin embargo, en las últimas semanas he pensado mucho en ti.
De nada sirve ya recordar los buenos momentos que pasamos juntos o aquellos proyectos que con tanto optimismo íbamos tejiendo con los retales de colores que nos daba nuestra juventud y la ignorancia de un pasado que tarde o temprano abrirían entre nosotros un abismo imposible de franquear. Ni siquiera los puentes del amor sirvieron para mantener una relación condenada de antemano por los errores que otros habían cometido. En su momento decidimos no buscar culpables y esta carta no pretende reabrir aquella vieja polémica de la que ninguno de los dos saldríamos bien parados.
De nuestra relación no queda más que una estela de hielo semejante a la que va dejando tras de sí este pequeño barco en el que navego desde hace unos días. Fumando en la popa veo pasar las horas y los recuerdos acuden a mi memoria como gaviotas sobrevolando nuestro rumbo. No hay futuro para nosotros, lo se, sin embargo no quiero que queden cosas sin decir. Después de nuestra separación sabes que dejé de trabajar en el Complejo de Misiles de Kodiak. Ver a tu padre todos los días no era algo que me entusiasmase. Por eso pedí el traslado al Servicio de Guardacostas. Allí pasé los últimos cinco años, trabajando como técnico de telecomunicaciones, perfeccionando mis conocimientos de biotecnología y preparándome para un nuevo destino. Fue allí donde me reclutaron para la misión en la que actualmente participo.
Como bien puedes suponer, nada te puedo contar. Simplemente debes saber que estas serán las últimas letras que te escriba. Si tenemos éxito me darán una identidad nueva y un puesto de docente en la universidad de Yorktown. El fracaso supondrá nuestra muerte.
Por eso me siento totalmente libre para decirte que te he querido y te quiero mucho más de lo que yo pensaba. No hay espacio en esta vida para los amores imposibles, es verdad, pero siempre quedará un hueco en mi corazón para nuestro desafortunado amor. Espero que rehagas tu vida y consigas encontrar a alguien que te quiera como tu te mereces. Yo se que nunca encontraré a nadie como tú y no tengo la menor intención de ponerme a buscar.
Todo esto era lo que quería decirte. No intentes buscarme y no hagas demasiadas preguntas cuando te digan que morí. Lamento que nunca puedas saber si estoy muerto o si estoy vivo, pero esto es lo que tienen los amores desdichados. Me gustaría que hubiera una manera de saber cómo acabará esta aventura pero lo único que se es que todo lo vivido hasta ahora parece un suspiro, un extraño sueño del que tal vez pronto vaya a despertarme.
Si, amor mío, la vida se nos escapa y casi no nos enteramos. Pasan los buenos momentos, pasan las alegrías y sólo con el tiempo nos damos cuenta de que teníamos que haber disfrutado más de los pequeños detalles. Al final nos descubrimos en la popa del barco, mirando la estela de agua que va quedando atrás a medida que avanzamos en la vida. Disfruta, querida Sally, disfruta del tiempo y de la compañía y busca la felicidad. Es lo único que realmente importa.
Por cierto, ten cuidado con ese tipejo con el que andas últimamente, ese tal Ramón. Ya se que te recuerda a la tierra de tu madre, pero no te fies. Proviene de una tierra en la que comen cabeza de cerdo, encienden velas en honor a divinidades paganas y creen ver a sus muertos paseando a altas horas de la madrugada por las encrucijadas.
jueves, 1 de marzo de 2012
Embarcando
El Patricia Lee zarpó de la isla de Kodiak el pasado 22 de diciembre. Durante tres días se efectuaron las operaciones de aprovisionamiento y llenado de tanques con total normalidad. No hay constancia de que las autoridades estableciesen ningún tipo de dispositivo de seguridad y tampoco hubo restricciones extraordinarias para el acceso a las instalaciones portuarias. La tripulación está formada por el capitán, un jefe mecánico, un oficial de segunda encargado de las tareas de pesca y cinco marineros. Hasta aquí todo normal.
Lo que llamó poderosamente mi atención fue la llegada de los dos coches que aparecen en la fotografía. Sus ocupantes, tres hombres y dos mujeres, subieron a bordo con unas extrañas cajas de color azul. No desembarcaron. Dos horas más tarde el Patricia Lee arrancó motores y comenzó el desatraque. Los coches fueron retirados por dos jóvenes que me explicaron que trabajaban en una empresa de alquiler de vehículos.
Utilizando mi poder de seducción convencí a la administrativa de la Autoridad Portuaria para que me facilitase la ruta de navegación del Patricia Lee. El apartado de destino, como suponía, figuraba en blanco. Sin embargo pude saber que sus víveres era para más de cuatro meses y que no habían cargado ni sal ni aparejo de pesca, por lo que su actividad en los próximas semanas no iba a ser la pesca de fletán del ártico. También pude saber el número de teléfono de la compañía armadora, pero al intentar ponerme en contacto con ellos una vocecilla de mujer con acento esquimal me decía que el número de teléfono marcado no se encontraba actualmente disponible.
Como era sábado decidí invitar a Sally a cenar y a tomar una copa. Me contó que su madre había llegado de Palencia a hacer un curso sobre los usos y costumbres de los antiguos pobladores de Alaska y que se había enamorado de su padre, un nativo de la isla que trabajaba en el Complejo de Misiles de Kodiak. Se habían casado siguiendo el viejo rito de los Inuits y ella era la mayor de cinco hermanos. Yo conocía perfectamente la historia de la madre de Sally porque había visto el capítulo de Españoles por el Mundo en el que hablaban de Alaska, pero me gustaba su voz y su original acento.
Pero sobre todo, lo que me interesaba de Sally era su ex-marido. Un marine que había dejado el cuerpo para integrarse en el Servicio de Guardacostas y que ahora navegaba como marinero en el Patricia Lee.
Pero sobre todo, lo que me interesaba de Sally era su ex-marido. Un marine que había dejado el cuerpo para integrarse en el Servicio de Guardacostas y que ahora navegaba como marinero en el Patricia Lee.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)


