Recargado.
No me considero demasiado purista con respecto a los subgéneros literarios. No suelo dejarme llevar por las etiquetas a la hora de escoger mis lecturas, aunque reconozco que tengo una querencia especial por la ciencia ficción. Es más, me gustan las obras que no son fáciles de clasificar o aquellas que ofrecen una mezcla de distintos géneros y que obligan al lector a salir de su zona de confort literario.
Pero lo que me gusta es que la obra tenga cierta coherencia interna. Puedes contarme lo que te parezca, puedes inventar mundos, crear personajes tan estrafalarios o malvados que rocen lo inverosímil, pero tiene que existir cierta lógica dentro de lo que se narra. Creo que lo que falla en La víspera de casi todo es la coherencia interna. El argumento es bueno, una investigación, un detective, una víctima, un pasado común. Los primeros capítulos animan a leer, consigue crear la atmósfera perfecta para una buena novela negra. Pero de pronto todo se enmaraña, el narrador-protagonista se pierde en reflexiones que no encajan demasiado bien con lo que se intenta contar y el autor decide profundizar en la vida de algunos personajes sin que esto aporte nada a la trama principal.
En realidad parecen tres novelas cortas, tres historias diferentes que por algún motivo se narran en la misma novela. Esto en principio no supone un problema, multitud de novelas contienen más de una trama, ya sea para servir de contrapunto a la historia principal o para aportar información o contexto a lo que se narra. Sin embargo, aquí no termina de funcionar. Las historias paralelas no aportan nada a la historia principal, y tampoco sirven para dotar a los personajes de carácter propio. Semejan apuntes biográficos que no consiguen mostrar su influencia en el desarrollo de la personalidad de los protagonistas secundarios.
Lo que falla, en mi opinión, es el enfoque, el punto de vista. Un elemento clave en la novela negra es la perspectiva, el protagonista-narrador que va desvelando las claves de su investigación y aportando siempre datos de su vida personal. A veces simplemente pequeños detalles de su vida cotidiana, y otras veces viejos fantasmas que regresan y acaban resultado esenciales para la historia. En este caso es el exceso de información biográfica sobre los personajes secundarios lo que acaba sobrecargando demasiado la historia. Hacia la mitad de la novela nos perdemos en las historias de los otros, en un ir y venir temporal que lo único que consigue, para mi gusto, es cortar el avance de la trama sin aportar casi nada al conjunto general.
Por lo demás el estilo del autor es aceptable, no en vano ganó el premio Nadal en el año 2016 y cuando menos se espera que el ganador de un premio literario de este tipo tenga cierto oficio en esto de escribir. Reconozco, sin embargo, que me sentí algo defraudado con esta obra. Por alguna entrevista y algunos comentarios leídos en algún sitio esperaba una obra de esas que te dejan un agradable ronroneo en la cabeza. Además, una buena parte de la historia se desarrolla en una zona de A Coruña muy emblemática, la mal llamada Costa da Morte, y tal vez eso también influyó en que no llegara en ningún momento a creerme lo que me contaba. Un paisaje demasiado conocido para mí termina convirtiéndose en un decorado no muy creíble, con los típicos tópicos de lluvia, gentes distantes en el trato e historias de aparecidos.
En definitiva, parece que los ingredientes de La víspera de casi todo no estaban bien dosificados. Algunas de las medidas de la receta no estaban bien apuntadas, o simplemente había prisa por sacarla del horno y al final la novela no está lo suficientemente cocinada.
Tendremos que probar un segundo plato para poder juzgar bien a este autor.
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