viernes, 30 de noviembre de 2012

Las reglas del R9.

Pocos de vosotros sabréis lo que significa conducir un R9, elegido mejor coche del año en europa en 1982. Muchos ni siquiera lo reconoceréis si lo veis por la calle, o giraréis la cabeza al descubrir un coche que parece de otro tiempo. Lo es. Os aseguro que conducir el R9 es una experiencia religiosa, algo que solamente algunos inciados podemos disfrutar plenamente. En estos tiempos absurdos de dirección asistida y faros de xenon, con lucecitas de colores en el salpicadero y señales acústicas para todo sentarse al volante del R9 significa aceptar ciertas reglas.



La primera de ellas, de obligado cumplimiento, es tirar de la palanca del aire cuando intentas arrancarlo. Si no hay palanca, no hay encendido. Por eso, cuando el agente Weir intentó sentarse al volante argumentando que era lo más parecido al sedán del FBI que solía conducir en Wisconsin, tuve que hacer pequeños chasquidos con la lengua moviendo mi índice de un lado a otro.
- No, my friend, no. My car is only for me- le dije mientras amablemente le señalaba el asiento de atrás. No tanto por su desconocimiento de la primera regla, sino porque la segunda regla del R9 es que sólo yo conduzco el R9.

A pesar de su tamaño, el agente Weir parecía el típico bonachón despistado que es capaz de preguntarte dónde está la Catedral el la mismísima Praza do Obradoiro. Por eso se metió en el coche refunfuñando algo que no comprendí, pero que provocó que su compañera se riese con ganas mientras me guiñaba maliciosamente un ojo.

-Venga, arranca ya, que el camino es largo y el tiempo apremia.
Hilario utilizaba estas expresiones solemnes cuando no tenía ganas de dar explicaciones. Quería llegar lo antes posible y sabía que a estas horas el peaje de la autopista se ponía imposible. Tal vez por eso comenzó a impacientarse al descubrir que no pasabamos de noventa y que todo el mundo nos miraba al adelantarnos. Si su intención era pasar desapercibido se había equivocado de coche. Un R9 a 90 km/h por la autopista, con una pareja bien vestida en el asiento de atrás, un tipo con una camiseta de Los Suaves de copiloto y un barbudo muy feo conduciendo.

Por eso no me extrañó lo más mínimo que al salir de la autopista nos estuviera aguardando una patrulla de la Guardia Civil. Pero en lugar de pedirme los papeles del vehículo nos dijeron que llegábamos con retraso, que el concierto estaba previsto para las diez y media y que el alcalde estaba esperando por nosotros para entregarnos la llave de oro de la ciudad.

No pudimos negarnos. El agente Weir demostró ser un auténtico maestro con la guitarra y yo siempre me he defendido bien con el bajo. Hilario se sabía algunas canciones y el resto es Rock&Roll.





2 comentarios:

  1. Todavía recuerdo el R-9, lleno de apuntes y multas. Pedazo de coche, eso sí, un poco frío eh... que yo tuve el R-5 y padecía de lo mismo.
    El concierto acabó bien, no?....

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  2. Jua jua jua, é verdade!!! E aquela mantiña verde que tiña no asento de atrás... Pero o que máis impresionaba era o radiocassete!!!
    Pois o concerto acabou como soen rematar estas cousas... tomando unhas cervexas nos bares... a ver cando nós podemos facer o mesmo...
    Un saúdo e moitas grazas polo comentario, amigo Carres.

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