Ya se que a Ham "el cascarrabias" el título de esta entrada le parecerá una auténtica ñoñez, típica de un libro de autoayuda o de ese tipo de personas para las que siempre hay algo positivo en los días y quieren demostrártelo en todo momento, llegando incluso a resultar pesados en su afán por hacerte sonreir. Habrá tiempo y espacio para describirlos más detalladamente.
Pero como este es mi cuaderno, escribo lo que me apetece, y hoy me apetece celebrar que la borrasca se aleja hacia el Mediterráneo y tendremos unos días para secarnos y salir a pasear antes de que llegue un nuevo temporal.
Y mientras tanto, un grupo de adolescentes llegaron a Compostela alegres y risueños, ignorando que para algunos esta visita será un recuerdo para toda la vida, que otros volverán dentro de unos años como estudiantes y que incluso habrá alguno que regrese para quedarse a vivir. Estas cosas pasan a veces. A lo largo de la vida hay situaciones en las que nos sorprendemos de las casualidades que tiene el destino. Esa persona que aparece y desaparece, esa ciudad a la que vamos de visita y en la que acabamos viviendo, ese libro que nos impacta en nuestra jueventud y que acabamos protagonizando en su adaptación cinematográfica. Ellos, obviamente, no pensaban en estas cosas, pero yo recordé que hace muchos años también vine de excursión a Compostela, a ver una exposición llamada "Galiza no Tempo" y me hizo gracia pensar en todos nosotros hace veinte años, caminando alegres y despreocupados por las piedras milenarias. Y el recuerdo me alegró.
Y una pareja de universitarios atravesaban con prisas un paso de cebra. Hablaban muy seriamente sobre las repercusiones que su ausencia a la clase de las nueve tendría en su nota final. "Dicen que es muy estricto con la asistencia a clase" decía ella. "Pero si vas por el despacho un par de veces ya está" respondía él. Nada cambia en el gremio de los profesores de universidad. El enrollado, el estricto, el que necesita mimos, el despistado, el que asusta al principio y el cabrón que asusta al final. Pero lo que me alegró realmente fue ver a dos que se aman sin saberlo. Qué importancia tendrá una clase cuando lo que recordarán serán las mañanas en las cafeterías o las tardes de conversación en la Quintana, aprovechando los últimos rayos de sol de las tardes otoñales.
Y como ya estoy sensible me descubro pensando en lo agradable que resulta meterte en la cama cuando tu pareja hace un par de horas que se acostó. Hace frío y la lluvia nos dice a gritos que el invierno ya está aquí. Nuestro cuerpo está destemplado y de pronto sentimos el calor humano debajo de las mantas. Nos acercamos lentamente, intentando que no se despierte pero sintiéndonos acariciados, rodeados de algo que los científicos explicarían con número y letras pero que yo os aseguro que es uno de los motivos más importantes para la felicidad.
Al final me estoy haciendo pesado y empalagoso, pero queda un último motivo de felicidad en este día. HOY ES VIERNES. Y además de que el fin de semana está esperándonos en la calle, hoy me toca comerme un pastelillo de chocolate con el café!!!




