¿Cómo iba yo a saberlo? ¿Acaso podía tan siquiera imaginarlo?
He pasado la mayor parte de mi vida postergando mis sueños y mis inquietudes, sacrificándome por un futuro mejor, esforzándome para salir del entorno sociocultural que la fortuna me había adjudicado. He dejado algunas cosas buenas para mañana, incluso para pasado mañana, esforzándome sobre todo en lo importante, en garantizar un trabajo digno y una estabilidad laboral que me permitiese más adelante dedicarme a lo que realmente me haría sentirme pleno.
Hace algunos años que tengo más o menos aseguradas mis necesidades básicas, y aún así sigue sin haber tiempo para mis cosas. Es cierto que le dedico tiempo a la familia y a la crianza, a los asuntos realmente importantes, pero entre unas cosas y otras, hacia Belén... ¡la caravana pasa!.
Hoy cumplo 49 años.
Hace un año contaba aquí mismo que me sentía en la mitad de la vida, que sonaba el cohete de media comida (una imagen que muy pocos comprenderían) y que me quedaba aún medio día de fiesta que disfrutar.
Desgraciadamente el último año ha venido a demostrarme que no. El mañana no existe y el futuro no es el lugar adecuado para depositar nuestra felicidad. Todo lo que queramos hacer debemos hacerlo aquí y ahora. Las palabras de amor y de amistad solo existen en el viento de este día, y solamente somos dueños del presente.
Fue por casualidad, al principio de este periplo de pruebas y consultas, que mi hija decidió ponerme una canción de Rozalén que le gustaba mucho. Como iba ella a saber que en ese preciso momento estábamos pasando exactamente por eso, y que cada una de las palabras de aquella canción refleja exactamente lo que siento. Los miedos y la esperanza, las ganas de hacer cosas y la necesidad de marcar un antes y un después, la certeza de que voy a salir.
Como dice la canción, durante los últimos meses he sido arrastrado por una ola gigante que me obligó a poner el contador a cero, y aunque todo ha ido bien y el pronóstico es positivo, que te hablen de tu esperanza de vida después de la operación es algo que te hace pensar.
No escribiré sobre proyectos o reconstrucciones, sobre propósitos para los próximos meses o nuevos comienzos para viejas historias. No volveré a contar lo que ya he contado tantas veces ni me fijaré metas u objetivos. Ahora simplemente toca vivir.

¡Todo ha ido bien! No se a que te refieres, pero me lo puedo imaginar. Felicidades por tus 49... amigo.
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