jueves, 25 de agosto de 2011

Los chicos del aeropuerto.


Yo estaba en el aeropuerto con la Jenifer y el Chetos cuando aquel tipo medio calvo se me acercó y comenzó a susurrarme con acento guiri aquello de “un sabor auténtico de puro maíz”, “un sabor auténtico de puro maíz”. Pensé que se trataba de una broma de los de la telegaita o de un anuncio de Matutano, pero cuando se me acercó aquella pedazo morena y me dijo que eran los agentes de no se qué me acojoné un poco, la verdad. Estábamos esperando a la Janet, que venía de Lanzarote a pasar dos semanas de vacaciones y como el avión llegaba con retraso habíamos estado haciendo el tonto por el aeropuerto. La Jenifer estaba preguntándole a una azafata a qué hora salía el avión para Betanzos y nosotros nos partíamos de risa. Después yo me acerqué a un alemán y le pregunté Where are the big church? y el tipo me contestó con cara extrañada The cathedral is in the town!.

De pronto descubrí que en una de las mesas del restaurante estaba el profe de latín con la madre del Jonatan, y como el Jonatan es nuestro colega comencé a llamar al Chetos para que se acercara. Pero el que se acercó fue el tipo raro y la morena cachonda y enseñándome una tarjeta de la pasma comenzaron a decirme que eran los agentes que venían a investigar el suceso. Yo estaba flipando por colores cuando de pronto se acerca un vendedor del cupón diciendo “Chetos chetos chetos”. Yo le digo que el Chetos está con la Jenifer en la otra esquina del aeropuerto pero el tipo medio calvo comienza a decir otra vez lo de “un sabor auténtico de puro maíz”, “un sabor auténtico de puro maíz”.

- ¿Y tú quién eres?-me pregunta el vendedor del cupón subiéndose las gafas hasta la frente y mirándome directamente a los ojos.

- ¿Tú no eres ciego, verdad?- le respondo siguiendo la costumbre local de responder con otra pregunta.

- ¡Veo que tienes buen ojo!- me contesta el falso ciego con un tonillo burlón que me altera un poco. Por eso, cuando se acerca una señora y le pide un cupón para hoy comienzo a gritar que no se fie, que el tipo no es ciego y que seguramente todos los cupones son falsos. La señora mira desconfiada el billete que el falso vendedor le entrega y se lo devuelve, pero uno de los Guardias Civiles que están en la puerta del aeropuerto ha sentido curiosidad por el jaleo que se está montando enfrente de la puerta de llegadas. Como no podía ser de otro modo, me pide a mí el DNI y mientras intento explicarle lo sucedido veo como el falso ciego y la pareja de guiris se dirigen a la salida.

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