Los problemas comenzaron hace
unos meses.
Un día me levanté con una
extraña sensación en el brazo derecho. Un leve dolor que irradiaba
desde la parte frontal del hombro hasta la parte lateral del
antebrazo. No le di importancia. Unos días antes había estado
haciendo ciertos trabajos en el jardín y era normal que mis músculos
se resintiesen un poco. Al fin y al cabo ya no soy un hombre joven.
Pero el dolor fue a más. Ya no
se trataba simplemente de una molestia al hacer movimientos o
intentar levantar pesos. Comencé a despertarme por las noches
sintiendo una intensa punzada en el brazo, como si de pronto algo se
rompiera dentro del hueso. Me paseaba por la habitación con el
cuerpo empapado en sudor y un extraño sabor metálico en la boca,
buscando el origen del dolor, intentando recordar algún golpe
fortuito, tal vez algún esfuerzo o un movimiento brusco al que en su
momento no le había prestado atención. La ausencia de causas claras
me llevaba entonces a divagar sobre la posibilidad de algún tumor,
un defecto congénito que se manifestara a partir de los cuarenta o
tal vez alguna lesión mal curada de mi época de jugador. En la
madrugada, las más disparatadas explicaciones comenzaban a tener
sentido para mi. Muchas veces, el amanecer me sorprendía buscando en
el ordenador información sobre dolores repentinos en el cuerpo,
anotando síntomas y comparándolos con lo que yo experimentaba o
poniendo en práctica ridículos remedios caseros. Acabé siendo un
experto en dolores de articulaciones, huesos y músculos, aunque no
encontraba nada que se ajustase exactamente a lo que yo sentía.
No
se trata de un simple dolor, razonaba con mi compañera, es como si
me estuvieran arrancando el brazo, como si no formase parte de mi. A
la tercera noche que la desperté con mis gemidos y mis balbuceantes
razonamientos,
ella
me obligó a ir al médico.
Sabéis que soy poco propenso a
visitar a cualquier profesional que para realizar su trabajo tenga
que ponerse una bata blanca, pero aquello comenzó a asustarme un
poco, sobre todo al descubrir que cada vez el dolor era más
persistente y que ningún analgésico de los que te dan sin receta
médica surtía efecto.
Bursitis y desgarro del manguito
rotador sin rotura, dijo la doctora mientras extraía el catéter con
la nanocámara de lente fibrilar de mi cuerpo. Algún movimiento
brusco y forzado podía producir un desgarro en los tendones del
hombro y las bursitis son frecuentes después de realizar movimientos
continuos y repetitivos. Lo extraño es que hasta hoy no tuvieses
ningún tipo de molestia, añadió, estos síntomas son muy
habituales en este tipo de implantes.
Implantes? Qué implante?
Pregunto asombrado.
La doctora levanta la vista de
la pantalla vertical en la que hace unos segundos podía ver el
interior de mi articulación y me observa durante un instante. Mi
confusión va en aumento. ¿De qué me está hablando? ¿Qué ha
visto en mi hombro? Noto como mi corazón se acelera, empiezo a
sentirme nervioso y mareado, y lo peor es que también la doctora
parece inquieta. Comienza a buscar información en la pantalla
vertical y en el reproductor holográfico aparece una representación
de mi cuerpo acompañada de información variada sobre mi. Mi nombre
y mi código de identificación universal, la fecha de mi nacimiento,
datos sobre el análisis genético, los riesgos porcentuales de
padecer las enfermedades típicas. Todo parece normal en mi
expediente sanitario. Todo es normal salvo esto, me dice la doctora
señalando la imagen holográfica tridimensional. Mi brazo derecho
aparece con una tonalidad distinta y marcada con la referencia
JUN2017_implante_orgánico.
Pero que quiere decir eso? No
recuerdo que me hayan implantado nada! Tiene que tratarse de un
error! De pronto la imagen desaparece y comienza a sonar un pitido
intermitente. Con un gesto e fastidio la doctora se separa de la
pantalla vertical que solamente muestra un escueto mensaje que dice
“Iniciado el protocolo 5 de seguridad”.
Seguro que no recuerdas nada, me
pregunta la doctora cada vez más inquieta. Todo tu historial médico
ha desaparecido al intentar acceder a la información sobre el
implante, como si hiciese saltar algún tipo de alarma. Nunca me
había pasado nada semejante. Me levanto y comienzo a dar vueltas por
la consulta mientras la doctora intenta recuperar los datos pulsando
las teclas de su periférico de volcado remoto. Tienes que haber
sufrido algún accidente hace unos años, o algún tipo de enfermedad
degenerativa. Por lo que pude observar, tu brazo derecho es un
implante y ese tipo de operaciones no son algo que pueda realizarse
sin el consentimiento del paciente, y mucho menos sin su
conocimiento. Le tiembla la voz al hablar. Yo camino confuso de un
lado a otro del cubículo, me asomo a la ventana, vuelvo a mirar los
monitores apagados y el reproductor holográfico en el que hace unos
minutos pude vez claramente las cicatrices internas que evidenciaban
algún tipo de operación de la que no tenía recuerdo alguno. ¿No
se tratará de un error?, pregunto, ¿no será el historial de otro
paciente el que acabamos de ver? La doctora niega con la cabeza
mientras intenta volver a consultar mi expediente sanitario.
La pantalla de comunicación se
ilumina indicando que hay una videollamada entrante. Antes incluso de
que la doctora responda aparece la imagen de un tipo de unos
cincuenta años. Buenos días doctora, perdone la intromisión, pero
creo que está intentando acceder a cierta información para la que
no está autorizada. Podría si es tan amable decirme a que se debe
su interés?
- Intento acceder al expediente
de un paciente que presenta molestias en un hombro- responde la
doctora sin comprender muy bien lo que está pasando. - Por lo que
pude ver fue sometido a algún tipo de trasplante y quisiera
descartar que se trate de algún tipo de efectos secundarios de la
operación antes de hacer un diagnóstico.
- Dígame doctora, el paciente
está aún en la consulta?
La doctora me mira durante una
milésima de segundo antes de hacer un gesto negativo. Desde donde
estoy puedo ver perfectamente la expresión de incredulidad en el
rostro que aparece en la pantalla.
- Doctora, es importante que
comprenda que este asunto no entra en las funciones que tiene usted
encomendadas. Tengo que rogarle que espere en la consulta hasta la
llegada del personal debidamente cualificado. Es prioritario que el
paciente …
Estrello la pantalla de
comunicación contra la pared lateral mientras busco respuestas en
los ojos atemorizados de la doctora. Su rostro es una mezcla de
sorpresa e inquietud y su voz entrecortada repite sin cesar que ella
no sabe nada, que no tiene ni idea de lo que está pasando. Mi
violenta reacción parece haberla asustado un poco, y la puerta
bloqueada por la que pretendo salir no contribuye a que se
tranquilice.
-Estamos encerrados. Qué
demonios está pasando aquí?
Yo ya no le prestaba atención.
Asomado a la ventana buscaba algún saliente que me permitiese
descender los dos pisos que había hasta la calle sin romperme un
hueso. No hubo tiempo para pensarlo demasiado. Dos personas con
extraños uniformes entraban en la consulta cuando salté hacia el
balcón del piso inferior.

No hay comentarios:
Publicar un comentario